TRAS dos años y medio de legislatura, el Gobierno de Patxi López sigue sin asumir sus responsabilidades y sin centrarse en sus tareas, y ha hecho de la inoperancia su seña de identidad. Sin el menor atisbo de autocrítica y sin mostrar el más mínimo sentido del deber, la solución de urgencia de los socialistas es siempre la misma: echar balones fuera... y la culpa al PNV. Puede resultar fácil y cómodo para salir del paso, otra cosa es que cuele. Y otra cosa es lo que trasluce: en mi opinión, inseguridad y un tremendo complejo de inferioridad del PSE con respecto al Partido Nacionalista Vasco.
Los últimos despropósitos en esta línea han sido vertidos por el portavoz socialista en el Parlamento Vasco, José Antonio Pastor, y por el consejero de Sanidad, Rafael Bengoa, dos destacados cargos socialistas que se caracterizan por su reincidencia en estos menesteres.
El señor Pastor no ha dudado en acusar al PNV de "obstaculizar" la labor de su Gobierno en la Cámara y de intentar retrasar con "tretas y trampas" la tramitación legislativa. Un argumento tan pueril y patético que se cae por su propio peso, ya que PSE y PP cuentan con mayoría absoluta en la Mesa del Parlamento -el órgano que toma las decisiones sobre la tramitación de todas iniciativas parlamentarias- y, por lo tanto, tienen el control total sobre cualquier decisión que tome la Mesa.
Además, las cifras cantan. En la difícil legislatura 2001-2005, el Ejecutivo de Ibarretxe aprobó 31 leyes y, en la siguiente, consiguió sacar adelante 47. Pues llega la legislatura actual, con un gobierno apoyado en el PP y una consiguiente holgada mayoría… y Patxi López solo tiene en su haber 13 leyes aprobadas y 11 en tramitación.
De los 52 proyectos de ley previstos según la tercera revisión del calendario legislativo, no ha remitido ni la mitad: 24. El balance es pobre, y mucho van a tener que esforzarse en 2012 si quieren cumplir su propio compromiso.
Otro habitual de los balones fuera es el señor consejero de Sanidad, Rafael Bengoa, que esta vez se ha superado a sí mismo. El 9 de septiembre, el Gobierno riojano, en un ejercicio de irresponsabilidad total, deja de atender a pacientes de la Rioja alavesa. Osakidetza no se entera hasta el 17 de octubre; no empieza a dar nuevas citas en Gasteiz a los afectados hasta el 9 de noviembre; el 1 de diciembre decide romper las negociaciones, pero vuelve a la mesa; y el 7 de diciembre se firma un acuerdo transitorio.
Patxi López decía hace unos días ante el comité nacional del PSE que tenía "prisa" por solucionar los problemas reales de la ciudadanía… Pues para encontrar una solución a este problema real de toda una comarca, ha precisado tres meses. Y a pesar de la tardanza en ponerse en marcha, de una acción meramente reactiva y de una negociación no precisamente brillante, resulta que Bengoa arremete contra el PNV porque, según él, es el único partido que no ha aportado soluciones. Hasta los propios consejeros han asumido que es el PNV quien gobierna desde la oposición.
En fin, una muestra más de un gobierno acomplejado que no parece haber interiorizado todavía que ocupar las sillas de Ajuria Enea implica también gobernar, no esperar a que otros hagan el trabajo.
Cuando no se hacen bien las cosas, cuando los proyectos de ley que se impulsan contienen errores que deben ser corregidos, cuando la gestión ante un grave problema es lenta y poco eficaz, se considera mejor ocultar las propias carencias y la ineficiencia y buscar un culpable. Pero, claro, esta solución apenas supone un breve respiro, que -para colmo- no se logra saber para qué es.
Tampoco sabemos para qué quiere Euskadi un gobierno que ha conseguido incrementar su deuda: ha pasado de 642 millones de euros en mayo de 2009 a 5.400 millones en la actualidad.
Un gobierno que, en vez de explorar otras fórmulas menos perniciosas, opta por introducir en los Presupuestos fuertes recortes sociales, en unos momentos en los que la protección social es más necesaria si cabe.
Un gobierno que mete de tapadillo una enmienda socialista a sus propios Presupuestos para imponer, por la puerta de atrás, recortes a trabajadores públicos, obviando la negociación colectiva.
Un gobierno que acusa a la oposición de orquestar una campaña de desprestigio contra Lanbide cuando los datos muestran una gestión de ese organismo ineficaz, desorganizada y fruto de la precipitación, precisamente en momentos en los que el desempleo es la mayor preocupación de nuestros conciudadanos.
En definitiva, un gobierno que, ante su inacción e inoperancia, oscila entre la autocomplacencia y el complejo de inferioridad; un gobierno incapaz de asumir sus responsabilidades que, para intentar salir del paso, opta por echar la culpa al PNV. Y así nos (les) va.