Opinión
10Noviembre
2011
10 |
Opinión

Euskadi, una gran nación

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Noviembre 10 | 2011 |
Opinión

HEMOS VUELTO A DEMOSTRAR, UNA VEZ MÁS, LA CAPACIDAD QUE TIENE ESTA TIERRA PARA LLEVAR A CABO LOS PROPÓSITOS QUE SE ENCOMIENDA A SÍ MISMA, TRABAJANDO TODOS UNIDOS PARA CONSEGUIR DAR LA MEJOR VERSIÓN DE NUESTRO PAÍS

EUSKADI es un gran país, una gran nación. Como decía Chillida, con las raíces bien asentadas en su tierra y con las ramas abiertas al mundo.

Quería empezar así porque hemos vuelto a demostrar nuestra personalidad, nuestra forma de ver el mundo. El pasado 27 de octubre debatimos en el Parlamento una proposición no de ley presentada en julio y, casualmente, el día anterior se decidió que Ciudad del Cabo obtenía el galardón de Capital Mundial del Diseño 2014. La elección de la urbe sudafricana fue en detrimento de Bilbao, de Dublín y de otras 53 ciudades que no llegaron a ser finalistas.

Ni un solo reproche a la elección se vio o se escuchó a los representantes de la candidatura bilbaina. Se felicitó a la ciudad africana y se le deseó lo mejor. ¡Qué demostración de personalidad! No quiero comparar con los dimes y diretes que nos brindaron los representantes del PSOE y del PP en el caso de la Capitalidad Europea de la Cultura para Donostia-San Sebastian. Y no lo voy a hacer porque prefiero resaltar lo positivo. Prefiero valorar los esfuerzos de un alcalde, de un ciudadano o de una europarlamentaria en vez de valorar los desafectos de unos y otros. Prefiero quedarme con el hecho de ser capaces de presentar al mundo nuestros proyectos, desde Vitoria-Gasteiz, Bilbao y Donostia-San Sebastian; de poder desarrollarlos, defenderlos y someternos a juicio.

Hemos vuelto a demostrar, una vez más, la capacidad que tiene esta tierra para llevar a cabo los propósitos que se encomienda a sí misma. Todas las instituciones han estado trabajando unidas para conseguir dar la mejor versión de nuestro país, de nuestras capitales de los distintos Territorios Históricos. El abanico de partidos, de agentes sociales, empresas y ciudadanos/as se han volcado, lo que demuestra que nuestras ciudades están vivas y en profunda y permanente transformación para adaptarnos al futuro basado en tres pilares fundamentales: la cultura, la innovación y la sostenibilidad.

Pero, ¿saben qué es lo mejor? Que nos lo creemos. Y eso se ve en el día a día. Estoy segura de que si Donostia-San Sebastian no hubiera logrado el galardón, hubiese desarrollado paulatinamente todas las actividades preparadas, porque solo había que mirar a los ojos de los representantes de la candidatura para saber que es un proyecto ilusionante, que ha conseguido aunar las voluntades de gente muy diversa que tienen una ciudad en común, y tener una ciudad en común es tener un proyecto continuo en común.

Lo mismo que Vitoria-Gasteiz, que presenta su proyecto de ciudad sostenible, porque viene desarrollando desde hace años políticas de sostenibilidad y cree que merece un reconocimiento internacional e impulso. Porque queremos demostrar al mundo que otro tipo de ciudad es posible. Y qué decir de Bilbao. ¿Quién podía pensar hace 20 años que pudiera presentarse a un galardón así? Pues parece que es necesario un reconocimiento externo para hacerlo. Bilbao ha conseguido ser finalista por delante de 53 ciudades que pensarían que también tendrían posibilidades.

En los últimos días hemos leído reflexiones de unos y otros, representantes sociales y políticos, con el ánimo de pulsar el ambiente después de la indiscutible decepción. En Creativity Zentrum, asociación sin ánimo de lucro y colaboradores del proyecto de Bilbao, han dicho que tan importante era el resultado como el camino. Y no les falta razón, en absoluto.

De hecho, para mí personalmente, el camino es lo realmente estimulante. Y el camino no para, porque a diferencia de otras ciudades finalistas en otros certámenes, los proyectos no se van a un cajón y nos dedicamos a discutir al ganador. El consejero delegado de Bilbao, Andoni Aldekoa, decía que volvían a casa con el firme propósito de trabajar, decía que había mucho por hacer, de avanzar en el diseño y la innovación al servicio de la ciudad, como un servicio de valor añadido que tenemos obligación de dar a nuestras ciudades, empresas y productos.

Nadie mejor que el propio ayuntamiento sabe que el camino andado ha servido para ofrecer a vecinos/as y a los visitantes una nueva e ilusionante perspectiva de Bilbao y que entre los diseños presentados al certamen había algunos sin finalizar y otros que no acaban de echar a andar, por ejemplo, Zorrotzaurre.

Solicitar desde el Parlamento Vasco que Bilbao presente de nuevo su candidatura para el año 2016 no debería ser un requerimiento formal, sino un anhelo que todos y todas compartimos, porque entendemos que Bilbao tiene razones más que suficientes para obtener el reconocimiento. Eso sí, dejemos que sea el propio ayuntamiento y el resto de instituciones y agentes implicados los que decidan si merece dar de nuevo el paso y, en su caso, elegir el momento adecuado.

Por todo esto me siento orgullosa de mi país y de sus gentes, y creo que hemos dado una lección importante de nuevo. Aplaudo que el Parlamento impulse el reconocimiento a nuestras capitales, porque se abren nuevos tiempos ilusionantes para poder abrir más que nunca las ramas al mundo y ofrecer una nueva visión de nuestra tierra, enseñar nuestra cultura, nuestra visión de la sostenibilidad, que la innovación es un gen fundamental en nuestro ADN y que no debemos disimularlo nunca más.

EUSKADI es un gran país, una gran nación. Como decía Chillida, con las raíces bien asentadas en su tierra y con las ramas abiertas al mundo.

Quería empezar así porque hemos vuelto a demostrar nuestra personalidad, nuestra forma de ver el mundo. El pasado 27 de octubre debatimos en el Parlamento una proposición no de ley presentada en julio y, casualmente, el día anterior se decidió que Ciudad del Cabo obtenía el galardón de Capital Mundial del Diseño 2014. La elección de la urbe sudafricana fue en detrimento de Bilbao, de Dublín y de otras 53 ciudades que no llegaron a ser finalistas.

Ni un solo reproche a la elección se vio o se escuchó a los representantes de la candidatura bilbaina. Se felicitó a la ciudad africana y se le deseó lo mejor. ¡Qué demostración de personalidad! No quiero comparar con los dimes y diretes que nos brindaron los representantes del PSOE y del PP en el caso de la Capitalidad Europea de la Cultura para Donostia-San Sebastian. Y no lo voy a hacer porque prefiero resaltar lo positivo. Prefiero valorar los esfuerzos de un alcalde, de un ciudadano o de una europarlamentaria en vez de valorar los desafectos de unos y otros. Prefiero quedarme con el hecho de ser capaces de presentar al mundo nuestros proyectos, desde Vitoria-Gasteiz, Bilbao y Donostia-San Sebastian; de poder desarrollarlos, defenderlos y someternos a juicio.

Hemos vuelto a demostrar, una vez más, la capacidad que tiene esta tierra para llevar a cabo los propósitos que se encomienda a sí misma. Todas las instituciones han estado trabajando unidas para conseguir dar la mejor versión de nuestro país, de nuestras capitales de los distintos Territorios Históricos. El abanico de partidos, de agentes sociales, empresas y ciudadanos/as se han volcado, lo que demuestra que nuestras ciudades están vivas y en profunda y permanente transformación para adaptarnos al futuro basado en tres pilares fundamentales: la cultura, la innovación y la sostenibilidad.

Pero, ¿saben qué es lo mejor? Que nos lo creemos. Y eso se ve en el día a día. Estoy segura de que si Donostia-San Sebastian no hubiera logrado el galardón, hubiese desarrollado paulatinamente todas las actividades preparadas, porque solo había que mirar a los ojos de los representantes de la candidatura para saber que es un proyecto ilusionante, que ha conseguido aunar las voluntades de gente muy diversa que tienen una ciudad en común, y tener una ciudad en común es tener un proyecto continuo en común.

Lo mismo que Vitoria-Gasteiz, que presenta su proyecto de ciudad sostenible, porque viene desarrollando desde hace años políticas de sostenibilidad y cree que merece un reconocimiento internacional e impulso. Porque queremos demostrar al mundo que otro tipo de ciudad es posible. Y qué decir de Bilbao. ¿Quién podía pensar hace 20 años que pudiera presentarse a un galardón así? Pues parece que es necesario un reconocimiento externo para hacerlo. Bilbao ha conseguido ser finalista por delante de 53 ciudades que pensarían que también tendrían posibilidades.

En los últimos días hemos leído reflexiones de unos y otros, representantes sociales y políticos, con el ánimo de pulsar el ambiente después de la indiscutible decepción. En Creativity Zentrum, asociación sin ánimo de lucro y colaboradores del proyecto de Bilbao, han dicho que tan importante era el resultado como el camino. Y no les falta razón, en absoluto.

De hecho, para mí personalmente, el camino es lo realmente estimulante. Y el camino no para, porque a diferencia de otras ciudades finalistas en otros certámenes, los proyectos no se van a un cajón y nos dedicamos a discutir al ganador. El consejero delegado de Bilbao, Andoni Aldekoa, decía que volvían a casa con el firme propósito de trabajar, decía que había mucho por hacer, de avanzar en el diseño y la innovación al servicio de la ciudad, como un servicio de valor añadido que tenemos obligación de dar a nuestras ciudades, empresas y productos.

Nadie mejor que el propio ayuntamiento sabe que el camino andado ha servido para ofrecer a vecinos/as y a los visitantes una nueva e ilusionante perspectiva de Bilbao y que entre los diseños presentados al certamen había algunos sin finalizar y otros que no acaban de echar a andar, por ejemplo, Zorrotzaurre.

Solicitar desde el Parlamento Vasco que Bilbao presente de nuevo su candidatura para el año 2016 no debería ser un requerimiento formal, sino un anhelo que todos y todas compartimos, porque entendemos que Bilbao tiene razones más que suficientes para obtener el reconocimiento. Eso sí, dejemos que sea el propio ayuntamiento y el resto de instituciones y agentes implicados los que decidan si merece dar de nuevo el paso y, en su caso, elegir el momento adecuado.

Por todo esto me siento orgullosa de mi país y de sus gentes, y creo que hemos dado una lección importante de nuevo. Aplaudo que el Parlamento impulse el reconocimiento a nuestras capitales, porque se abren nuevos tiempos ilusionantes para poder abrir más que nunca las ramas al mundo y ofrecer una nueva visión de nuestra tierra, enseñar nuestra cultura, nuestra visión de la sostenibilidad, que la innovación es un gen fundamental en nuestro ADN y que no debemos disimularlo nunca más.

LEIRE CORRALES GOTI, * PARLAMENTARIA DE EAJ/PNV 

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