Egunon, muy buenos días a todas y todos. Quiero comenzar con mi reconocimiento a los patrocinadores Asisa-BT-Red Eléctrica Española, así como mi agradecimiento al Forum Nueva Economía por su amable invitación.
Hace seis meses, en mi última intervención ante este Forum, mostré mis impresiones en relación a la delicada coyuntura económica, la responsabilidad institucional y política que dicha situación demandaba, así como lo que se veía ya como umbral del fin del ciclo de la violencia terrorista de ETA.Hoy, aunque de manera desigual, el escenario ha variado en algunos de los vectores de la preocupación pública y de la problemática aún no resuelta.
En el plano económico persisten el pesimismo y las malas expectativas. Pese a los últimos acuerdos de los dirigentes de la eurozona, la posibilidad de un cataclismo económico en la zona euro se mantiene.
En España, los ajustes emprendidos y algunas reformas acordadas, habían suavizado levemente los niveles de alerta existentes el verano pasado. Sin embargo, el aumento del paro –casi cinco millones de desempleados ya-, la amenaza de una nueva recesión y la falta de horizonte de crecimiento, hacen que las luces rojas sigan encendidas. Y lo van a seguir estando durante un tiempo.
La ausencia de acuerdos políticos y sociales de fondo permanece a la espera de que la cita con las urnas habilite un nuevo escenario. Espero y confío, que la responsabilidad ausente hasta ahora, recobre ímpetu y arrojo para abordar un calendario futuro de decisiones compartidas y trabajo mancomunado.
Resulta paradójico que sea un nacionalista vasco quien reclame a los dirigentes políticos del Estado un ejercicio de responsabilidad, para salvar a su país del precipicio económico.
A los nacionalistas se nos ha tachado en numerosas ocasiones de “insolidarios”. De buscar el beneficio propio en detrimento del bien común. Pero lo cierto es que el cierre de la legislatura ya agotada, evidencia todo lo contrario. Tras la situación que el Estado español vivió en mayo de 2010, en el mismo borde del abismo de la intervención, y tras las estrategias de otras formaciones, fuimos los responsables del Partido Nacionalista Vasco, con nuestra reducida representación en Cortes, quienes garantizamos la estabilidad y la vía libre al planteamiento de las reformas económicas, gracias al tiempo ofrecido con el Acuerdo presupuestario para este ejercicio de 2011.
Mientras los adalides del “patriotismo constitucional” se quedaban cruzados de brazos y solo movían ficha en la reforma expréss de la Constitución, tuvimos que ser los nacionalistas, pretendidamente “insolidarios”, quienes arrimamos el hombro y evitamos, en parte, la intervención de la economía española. Fuimos solidarios y responsables. Está en nuestro ADN. Están también en la hemeroteca los ofrecimientos que en orden a pactos de Estado hemos formulado.
Responsabilidad es la palabra clave. Pudimos haber mirado a otro lado, valiéndonos de las decisiones que hasta entonces se habían adoptado. Pero no lo hicimos. Ante la falta de acción política común, ante otras estrategias, ante el interés electoral por encima del interés general, apareció el Partido Nacionalista Vasco.
Hicimos lo mismo que en los Pactos de la Moncloa 1977, o tras el 23-F. Lo mismo que hemos hecho en tantos momentos cruciales para la estabilidad del Estado. De un Estado que, en demasiadas ocasiones, no ha entendido nuestro papel y ha rechazado, displicente, nuestra colaboración.
Tras el verano de alto riesgo económico, hoy todo el mundo aguarda al 21-N para tomar posiciones en relación a la crisis. Con cinco millones de parados, un déficit que se recorta pero que aún pesa como una losa, un Producto Interior Bruto que no acaba de crecer, el horizonte sigue siendo negro.
Y no nos equivoquemos. Variar la tendencia requerirá la acción de mucho más que un gobierno, incluso en la hipótesis, no deseada por nosotros, de mayoría absoluta.
Se podrá tener la mayoría más absoluta que quepa en el escenario electoral, pero la salida de la crisis sigue pasando por un nuevo acuerdo político y social de amplísima base.
Es necesaria una transición que aborde una nueva estrategia productiva sustentada en la industria, la diversificación y la internacionalización. Que consiga un acuerdo social que priorice la creación de empleo frente al subsidio. Un nuevo marco político que adecue el campo institucional a la gestión eficaz. Y la asunción de que la salida de la crisis va a requerir sacrificio, mucho sacrificio por parte de todos.
En este nuevo tiempo que se aproxima, alguien puede tener la tentación de reconducir el modelo autonómico. No faltan voces que claman y proclaman un nuevo centralismo. Se habla de eliminar diputaciones, de devolver competencias a un poder central que garantice “la igualdad de servicios” a la ciudadanía. Todo ello sin matizar el respeto debido a las realidades históricas.
El PNV es consciente de que en estos últimos años se han producido excesos en determinados ámbitos de gestión. Se han invertido millones de euros en infraestructuras inoperantes, en aeropuertos sin aviones, en autovías que no van de ningún lado a ninguna parte. Pero esos modelos, generados por la bonanza de los años de "vacas gordas", de "burbujas inmobiliarias", no deben condicionar decisiones futuras que afecten a todos por igual.
Y aquí quiero poner como ejemplo de rigor el modelo diferencial vasco. A pesar de los dos últimos años negros en la gestión, Euskadi sigue teniendo características propias que la convierten en una opción económicamente respetable. Tenemos menos paro, aunque el desempleo ha avanzado notablemente estos dos últimos años. Nuestra solvencia económica y financiera sigue estando muy por encima de la media. Nuestra renta media familiar sigue por encima de la europea. La gestión de nuestros recursos públicos, a pesar de la desastrosa gestión del actual Gobierno, sigue estando saneada.
Sí, me he referido en varias ocasiones a la nefasta gestión del actual Gobierno vasco. No es una descalificación política gratuita. Solo pongo en mi boca los sonoros reproches que Antonio Basagoiti, presidente de los populares vascos y socio preferente del Gobierno, hace de esta gestión. Él mismo se ha visto en la necesidad de tener que reconocer la positiva gestión económica liderada durante tres decenios por el Partido Nacionalista Vasco.
Espero que comprendan nuestra “desesperación” con un Gobierno vasco que tiene mayoría absoluta y que ha sido capaz de dilapidar una herencia de 34 años en tan solo dos. Que prometió 21 Leyes, primero para el pasado año y luego para este, de las que tan solo ha aprobado, de manera destacable por novedosa, la Ley que decreta un día festivo más en Euskadi. Y que, para colmo, echa la culpa de la situación a la complejidad del sistema institucional vasco. Un gobierno que tiene un gran problema y es, con honrosas excepciones, la absoluta falta de crítica pública y mediática en Euskadi, y también en España. Por no cuestionarle nada, ni se le exige iniciativa, aunque ello haya derivado en que en la última EPA el paro en Euskadi haya triplicado al de España. Esta noticia, salvo en algún medio de comunicación, no existe.
La autocomplacencia, derivada de la falta absoluta de crítica y exigencia, es, sin duda, uno de los grandes lastres de este Gobierno.
Resulta sospechoso, cuando menos, el juego Gobierno-comunicación, cuando el propio Gobierno vasco adujo un problema de comunicación para justificar la mala valoración que recibe por parte de la sociedad vasca.
En cualquier caso, el pretexto de un ahorro económico para diluir el Estado autonómico no puede incluir a Euskadi en el mismo cedazo. No. Vaya desde aquí mi advertencia a quien pretenda convertir el “café para todos” en “disolución para todos”. No admitiremos que en la “próxima transición” se pretenda diluir el autogobierno vasco en un nuevo mapa de “sano regionalismo”.
Primera consideración, por lo tanto, respecto al futuro. Quien quiera reconducir el Estado autonómico a una formulación centralizada, y pretenda hacerlo de manera uniforme, que sepa que no encontrará aliados en Euskadi.
Nadie va a pasar factura a Euskadi del fracaso político y económico de otros. Nadie nos va a apagar la luz por el impago de otros.
Desconozco si algunas autonomías del Estado pueden tener o no futuro. Afirmo rotundamente que Euskadi sí lo tiene. Euskadi tiene futuro y no es, ni será, un ámbito administrativo subordinado de nadie. Euskadi es una realidad nacional con personalidad propia, y como tal deberá ser reconocida.
Segunda consideración. La última ocasión en que comparecí en este Foro aprecié avances significativos en el campo de la pacificación.
Hoy, aquella incógnita, que hablaba del final de ETA está algo más despejada. Desde que la organización terrorista anunciara el pasado 20 de octubre el “cese definitivo de su actividad armada”, la situación ha mejorado sensiblemente. Al menos a mí, y creo que no soy el único, así me lo parece.
Digo esto porque , a tenor de las cosas que se escuchan o leen en determinados medios de comunicación, parece como si nada hubiera cambiado, cuando menos a mejor.
Resulta inaudito escuchar determinadas voces de la opinión publicada. Es increíble la versión y las consecuencias extraídas de la decisión de ETA de acabar con su actividad.
Es como si la mayoría de las-los mortales viviéramos, por lo menos en Euskadi, una realidad virtual, en la que la esperanza de la paz fuera un espejismo o una trampa.
Llevamos decenas de años exigiendo que ETA anuncie su final. Y cuando este comunicado llega, todo es mentira o una trampa. Falta –dicen - que los terroristas anuncien su disolución. Que pidan perdón a las víctimas. Que entreguen las armas. Que cumplan con sus culpas. Podemos hablar de ello pero, tras otros anteriores en un proceso progresivo, ha existido un comunicado de ETA. Y este comunicado es claro: "cese definitivo de la actividad armada". Punto.
Para algunos comentaristas es, y permítanme la transgresión, como si el anuncio de ETA de acabar con la violencia, trastocara su acomodada posición intelectual de que “contra ETA vivíamos mejor”.
Y no es verdad. El anuncio de ETA de su final armado ha sido una magnífica noticia para todos. La noticia que esperábamos durante años. El anhelo, la ilusión que queríamos conquistar.
Me dirán que no es suficiente. Puedo entenderlo. Pero es la mayor conquista cívica que mi generación ha obtenido; el final de una inhumana pesadilla de destrucción y terror.
ETA ha declarado su fin sin condiciones. Sin contrapartidas. Paz por paz. Y punto.
¿Que hay que ser más exigentes? Por supuesto. Y el PNV lo es.
Hay que encauzar el nuevo tiempo que se abre para que la paz sea duradera y alcancemos los niveles de convivencia y concordia que todos esperamos.
¿Que no se han desarmado? Cierto, pero ¿para qué puede querer las armas una organización que ha renunciado a la violencia? Para nada.
Tiempo al tiempo. El tiempo del desarme efectivo también llegará y, como en procesos similares, verificadores de prestigio nos dirán, llegado el momento, que las armas de ETA están inutilizadas y a buen recaudo.
Me dirán que no han pedido perdón a las víctimas. Estamos insistiendo en tratar con cuidado conceptos éticos y/o legales, pero al mismo tiempo exigiendo el reconocimiento del daño causado.
Y se está errando, me pregunto si de manera interesada, en la adjudicación de responsabilidades, cuando se nos dice que las formaciones políticas nos hemos olvidado de las víctimas.
Tampoco es cierto. El primer recuerdo que el Partido Nacionalista Vasco y todas las formaciones políticas tuvimos tras conocer el comunicado de ETA fue dirigido a las víctimas. Ellas han cimentado el fracaso moral de ETA. Ellas han abonado con su propia vida la victoria social frente al fanatismo terrorista.
Las víctimas, los muertos, los heridos, sus familiares, amigos, el conjunto de la sociedad vasca amenazada en su convivencia durante años, son quienes también nos han permitido ganarle el pulso a los violentos. Y su ejemplo, su tributo, va a estar presente de por vida entre nosotros.
Yo, y permítanme que personalice, he sido presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco. Lo era en 1998, cuando se creó la primera ponencia de víctimas del terrorismo, y lo fui hasta 2007. Además de mis propias vivencias con el terrorismo, conozco personalmente a muchas víctimas del terrorismo y a muchas de las asociaciones que las aglutinan. Jamás permitiré, y como yo la mayoría social y política de Euskadi, que su ejemplo quede en el olvido. Jamás.
Nuestro acompañamiento, nuestra solidaridad, nuestra cercanía no nace hoy. Todos, en mayor o menor medida, y respetando los ámbitos de afección en lo humano-familiar-material-moral-político-social, hemos estado damnificados por esta lacra, por esta barbarie que, por fin, apunta a su final.
Uno de de nuestros consuelos de hoy es que mañana ya no habrá más víctimas, ni más dolor, ni más sufrimiento añadido.
No tengan dudas, el Partido Nacionalista Vasco va a seguir siendo exigente con ese mundo que se emancipa de la violencia. Les vamos a pedir de manera insistente, como se lo hemos formulado ya en privado, que reconozcan el dolor causado, que trabajen en el terreno personal de la petición de perdón por el daño realizado, que reconozcan su responsabilidad en la creación de un clima de odio y de rencor.
Tengo la esperanza de que llegará también el día en que quienes han hecho de la muerte su causa, comparezcan públicamente para asumir las consecuencias de su locura. Lo harán a su forma, y también para algunos resultará insuficiente. Pero lo harán, no les va a quedar más remedio.
No sé si es el concepto de reconciliación el que nos corresponda, siendo que es una cuestión personal. Y no sé si será posible la concordia entre nosotros en tiempo breve. No podemos pedir a las víctimas que olviden su dolor y su aflicción. Me conformo con que seamos capaces, unos y otros, de construir un tiempo de reconocimiento, de respeto y de convivencia. Queda mucho por hacer.
Este objetivo necesitará de medidas legales y jurídicas que lo hagan posible. Estoy seguro de que la altura de miras del Estado democrático sabrá encontrar las fórmulas que engrandezcan su capacidad de defender la justicia y el bien común.
Medidas que pongan en evidencia la diferencia del sistema democrático frente a la ruindad del terrorismo y sus consecuencias. Medidas que deberán contar, y lo expreso nuevamente, con el acuerdo máximo de las organizaciones políticas.
En este sentido, y en este Foro, quiero hacer un reconocimiento público a José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno español, por su tenacidad y compromiso a la hora de poner fin a tantos años de violencia terrorista y la disposición pese a las frustraciones sufridas.
E, igualmente, quiero dejar constancia de mi respeto y agradecimiento a Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, por la prudencia y responsabilidad demostradas ante el momento histórico que estamos viviendo. Reconozco su esfuerzo para abstenerse del interés electoral, para alejarse de las fuertes presiones que han pretendido influenciarle.
El camino que entre todos debemos construir sigue expedito.
Tercera y última consideración. Un nuevo estatus político para Euskadi.
Somos conscientes de que pasadas las próximas elecciones generales y tras la conformación de un nuevo gobierno en España, el debate interno sobre el modelo de Estado, cobrará forma y fuerza. Vinculado o no a la crisis económica y a sus efectos, el nuevo gobierno y la oposición sacarán a la luz un debate espinoso y controvertido, que existe ya de manera latente. Es el debate sobre la configuración territorial del Estado.
Los primeros indicios de este movimiento sísmico los hemos sentido ya. Unos hablan de la desaparición de las diputaciones provinciales, otros de la fusión de ayuntamientos y, quien más quien menos, tiene sus ojos puestos y sus expectativas fijadas en el título octavo de la Constitución. Sin olvidar la tentación de una reforma interesada de la Ley Electoral.
Lo reitero. En ese debate que nadie se equivoque con Euskadi.
El Partido Nacionalista Vasco siempre ha entendido que en el ejercicio democrático, paz y política no era un binomio, una ecuación que debiera conjugarse. Siempre habíamos afirmado que el contencioso vasco existía con anterioridad a ETA y que permanecería una vez que ETA desapareciese. Y así se ha demostrado.
El encaje del Pueblo Vasco en un marco de convivencia estable en el Estado español sigue pendiente de resolución. Afortunadamente, tendremos que encontrar su acomodo sin el obstáculo de la violencia de por medio.
Nuestra tesis de que ETA no podía marcar la agenda política; de que la solución al problema del reconocimiento nacional debía tener su propio espacio, iniciativa y resolución, era acertada.
Lo cierto es que la pervivencia de la coacción y la amenaza, que imposibilitaban un diálogo normalizado y en libertad, aconsejó, en más de una ocasión, que aparcáramos este debate hasta que las consecuencias del terrorismo desaparecieran.
Así lo hicimos constar cuando planteamos la posibilidad de una consulta popular, supeditada a la ausencia de violencia.
Hoy no hay excusa ni pretexto que dificulte o impida las iniciativas que nos lleven a un nuevo estatus político.
Un estatus que sea el fruto del consenso interno en Euskadi.
Un consenso superior al concitado por el Estatuto de Autonomía de Gernika.
Este acuerdo entre formaciones políticas deberá ser presentado y ratificado en las instituciones vascas, así como en las Cortes generales y, posteriormente, sometido a refrendo popular.
Sin violencia de por medio, nada debe ni puede cortocircuitar un diálogo que posibilite alcanzar un final exitoso para todos.
La próxima legislatura es, será, el momento adecuado para abordar también este desafío. Desde el respeto de las partes. Sin imposiciones. Y también, sin vetos.
Así lo vamos a plantear.
Finalizo ya.
Hemos recibido con satisfacción y cautela el anuncio de cese definitivo de ETA.
Han sido más de 50 años de violencia, fanatismo y terror.
Han transcurrido dos semanas desde que dicho anuncio se produjera.
Tenemos mucho camino que recorrer. Queremos hacerlo y queremos hacerlo bien.
Debemos afrontar, en Euskadi y en el Estado, una nueva Transición. Debemos transitar de una sociedad que ha padecido el terrorismo a otra que quiere superarlo para siempre.
Los partidos políticos tenemos la responsabilidad de conducir esta transición, de construir un nuevo futuro.
Es el momento de la altura de miras, porque ni nosotros ni nuestros padres hemos conocido una Euskadi sin violencia. Y este es el legado que todos queremos ofrecer a nuestros hijos e hijas.
Solo existe un camino: pacto político, acuerdo institucional y refrendo social.
El objetivo es integrar en el mismo a todas las sensibilidades políticas.
Así lo exige el momento.
Estos son, pues, los retos a los que en la legislatura 2011-2015 el Partido Nacionalista Vasco se presenta:
- La recuperación económica y la salida de la crisis.
- La apuesta por la Economía del Bienestar Social y las políticas públicas
como instrumento de desarrollo y cohesión social.
- El avance en el autogobierno y el progreso de las vascas y los vascos.
- La paz y la normalización. Bakea orain eta betirako! Paz ahora y para siempre!
Eskerrik asko! Muchas gracias.