Como ciudadano y como nacionalista vasco, que afirma sin rubor alguno, a pesar de los tiempos de "normalidad" que corren por estos lares vascos, que Euskadi es una nación y mi patria, manifiesto con radicalidad meridiana que desde una concepción democrática de la vida y de la convivencia no es tolerable bajo ningún concepto que se intente imponer por la vía de la amenaza, del miedo y de la coacción ningún criterio y proyecto nacional, político o social alguno. Ninguno. Amar hoy a Euskadi, el "Euskadik behar zaitu" hoy, significa extirpar definitivamente de nuestras entrañas el cáncer de la violencia, auténtica cicatriz de dolor, resentimiento y de lastre que anula cualquier iniciativa sensata de avanzar en la construcción solidaria de nuestro futuro. Estoy totalmente convencido que José Antonio Agirre y Lekube, el primer Lehendakari del Gobierno Vasco también suscribiría este vitaal compromiso, tal como lo hizo él mismo solemnemente en el Congreso de los Diputados de Madrid en los comienzos de una cruenta y genocida guerra civil provocada por los facciosos que asoló la libertad en España y que taló de raíz la democracia y el autogobierno de Euskadi: un inequívoco compromiso de lealtad del patriotismo democrático vasco, un inequívoco compromiso de lealtad del nacionalismo democrático vasco hasta vencer el fascismo, antes el de los golpistas del 18 de julio de 1936 con la ayuda del fascio alemán e italiano y hoy el de la imbecilidad de ETA. Pero desgraciadamente, hoy en Euskadi, aún todavía, continúa habiendo miedo, continúa habiendo intolerancia, continúa habiendo coacción y amenaza latentes que penetran vergonzosa y pringosamente en capas de la sociedad vasca. Un drama y una inmensa pena. Es fundamental subrayar con fuerza, desde nuestro ser nacionalista, que los que no aceptan, al día de hoy al menos, la democracia como único instrumento y valor no son "hermanos descarriados" de no se quién y que su concepción de la convivencia entre dispares, que su concepción de la vida, de la política y de la libertad no es la nuestra y que eso que "ellos" llaman "su" patria no es la nuestra, porque la nuestra es la de los Infanzones de Obanos, "pro libertate patriae gens libera state".
La violencia, su mafiosa sombra alargada de miedo y amenaza, además de ser profundamente injusta en la medida que atenta contra los derechos más básicos y fundamentales de las personas, sólo trae desolación a nuestro Pueblo. También
Muñagorri, interesante personaje de nuestra historia, lanzó en 1838 su proclama de
Paz y Fueros queriendo superar aquella sarracina entre carlista y liberales que asolaba por quinto año consecutivo las tierras vascas, y lo dice en verso: "
gerrak ez dakar onik inondik, inondik inora". O como
Xenpelar, que hace más de ciento veinte años, cantó aquel bertso que detrás de su dureza expresa profundamente el rechazo a la guerra, a la violencia:
"Ez naiz ni gerraren zale, baizik pakeraren alde, zeinek nahi duen galde, berari tira dale, bala bat sartu buruan, aspertuko da orduan ". Como la carta de
Alfredo Espinosa, miembro del primer Gobierno
de Euskadi antes de ser fusilado por los facciosos. Como
Lauaxeta, o como...
Solamente la mera existencia de la amenaza latente de la violencia política en Euskadi es hoy una aliada objetiva de aquellos sectores y de poderes fácticos que no contemplan ni entienden al Pueblo Vasco como sujeto soberano para tomar sus decisiones. ETA, a pesar de todos sus esperpénticos comunicados y ladrillos literarios, no respeta la voluntad de la sociedad vasca, socava su convivencia y ha llevado a esta sociedad, a este Pueblo Vasco, a esta Euskadi, a una foto oscura. La mera existencia de ETA espolea la desazón y la desvertebración de la sociedad vasca. Y como todos los fascistas opta, como lo hicieron los del 36, por aquel "todo por la patria" pero sin las personas, y a pesar de las personas. Deje ETA de matar. No haga sufrir más a este Pueblo al que paradójica y muy falsamente dice representar y querer liberar. Acate definitivamente la llamada izquierda abertzale oficial el juego político democrático basado en las mayorías y minorías. Y en la tolerancia y en el respeto al discrepante. Porque matar o amenazar no es heroico. Tampoco el justificarlo o el mirar hacia otro lado con el latiguillo del "conflicto".
Matar o amenazar por pensar diferente, es fascismo, es cobardía moral y es traición histórica a la causa del progreso de Euskadi. ETA, hoy en la Euskadi autónoma y Europea de 2010, no tiene justificación política, ni ética, ni moral ninguna, pues prostituye lo que toca, convierte en hediondo cualquier proyecto político y vilipendia a toda una sociedad.
Aspiro a una Euskadi en paz y en convivencia con otros pueblos, regiones, naciones, estados y continentes. Aspiro a un País sustentado y vertebrado en la suma de voluntades individuales y en la conquista de mayorías por los cauces estrictamente políticos y democráticos. Espero que llegue el día en que los que ordenan los asesinatos y los que obedecen, los que entienden el matonismo y los "entornos" que, hasta poco al menos, miran a otro lado tengan el coraje de rectificar, y así les recomendaría que leyesen el comunicado del IRA firmado un 17 de julio del 2002, cuando daba por finalizada su actividad violenta, y en el que entre otras cuestiones manifiestaba: "
Ofrecemos nuestras sinceras disculpas. Reconocemos el dolor y la pena de los familiares de las víctimas. El futuro no está en negar los fallos y fracasos o en cerrar los ojos y los corazones al dolor de los afectados. El proceso para resolver el conflicto requiere reconocimiento del dolor y pérdida de los otros. Esto incluye la aceptación de los errores pasados y la pena que hemos inflingido a otros". Quienes en la Euskadi de hoy utilizan, callan o justifican la violencia y la coacción, no tienen recorrido político, lo saben, y, son además, un obstáculo para el progreso social y nacional de Euskadi. Porque además de generar sufrimiento, ETA, es inútil, no sirve para nada, no ha conseguido, ni conseguirá nada, sólo acumula desgracia y rencor, y en su discurrir irracional se ha convertido en la auténtica tragedia nacional para Euskadi. En lo político, ni un solo avance. Ni la independencia, ni el socialismo, ni el avance de la conciencia nacional, ni la territorialidad, ni el reconocimiento del derecho a la autodeterminación. Ni el mínimo grado de bienestar, de autogobierno. Al contrario, su simple latente existencia ha servido de freno a la causa nacional vasca. Y de excusa argumental para quienes se han empeñado en denostar el derecho de este Pueblo a expresar su voluntad de libertad y convivencia en paz. ETA sobra y estorba, es rémora letal del pasado, es una patética búsqueda de un Godot de contrapartidas políticas que nunca llegarán, es quintacolumnista para con el futuro nacional de Euskadi y es, paradójicamente, el mayor obstáculo para el juego político de "su" misma izquierda abertzale. Es un drama para el nacionalismo vasco, es su peor y más letal tarjeta de presentación, debe de desaparecer traicionándose a sí misma.
Y los "suyos" deberían saber, que a veces, sólo se puede ser leal al presente traicionando al pasado, y que esa traición es más difícil y requiere más coraje que la propia lealtad. Y ello, porque a veces, esa supuesta lealtad al pasado es una tapada forma de cobardía y traición al presente. Hablo del necesario coraje intelectual y moral para rectificar y encarar el futuro!! Termino con una cita de Iñigo Urkullu, presidente del PNV, en los Desayunos de Europa Press en Madrid el 24-04-2008: "
El PNV asume y manifiesta que la desaparición del terrorismo pasa en primer lugar por el rechazo firme del terrorismo y de la violencia, por la deslegitimación social mediante políticas educativas, culturales y de comunicación, por la acción policial, por la aplicación del Estado de Derecho -eso sí en toda su extensión- y por vaciar de contenido cualesquiera aporte social que alimente la violencia en la práctica política. Éticamente el PNV va a estar siempre enfrente de ETA y, políticamente, aunque rechazamos otorgarle el status natural en tal sentido, no compartimos ni fines, ni medios con ellos". Yo pienso igual. Por Euskadi, sus hombres y mujeres. Por la libertad y la democracia. Por la decencia como seres humanos que somos. Por nuestro honor y dignidad como Pueblo Vasco. Por una Euskadi libre, soberana, en paz y en convivencia. Por un País, una nación vasca sustentada en la suma de voluntades y en la conquista de mayorías por cauces estrictamente políticos y democráticos. Por una Euskadi autogobernada de hombres y mujeres libres, donde nadie, repito, nadie, pasa miedo, ni muere, ni mata, por pensar lo que le da la gana. Veremos lo que nos depara el futuro próximo a este respecto, pero ojala seamos testigos, más pronto que tarde, de buenas noticias en ese, tan esperado, comunicado. El tiempo se está agotando...