Mañana hará un año de las elecciones al Parlamento Vasco. Y pronto un año también de un artículo que escribí con una serie de cuestiones que hoy ratifico. La primera hacía referencia al vencedor de las elecciones, pues leyendo y escuchando algunos medios se podría concluir que el vencedor fue el PSE... y no fue así. Quien ganó las elecciones fue el PNV, que con Ibarretxe de candidato superó al PSE en cinco escaños y ochenta mil votos. Añadía, como segunda cuestión, que si era tan oxigenante para la salud de la democracia la alternancia política ¿por qué no se argumentaba el mismo discurso en Andalucía y Extremadura donde el PSOE lleva tantos años en el poder, o en la Comunidad Valenciana y Castilla y León con el PP? Como tercera cuestión sacaba a colación una gran mentira, la mentira de que el PSE se tragó su palabra, que no dijo la verdad en la campaña electoral y que mintió, que el PSE ocultó vergonzantemente que iba a contar con los votos del PP, y de UPD si hiciera falta. Efectivamente, el PSE ocultó que estaba ya juramentado y encelado única y exclusivamente en mandar al PNV a la oposición... y fuese como fuese. De hecho ya había preparado meticulosamente la revancha de lo que dejó de ocurrir el 2001. Hace un año avanzaba una cuarta cuestión, eran unas preguntas al PSE: ¿así que el gobierno tripartito PNV-EA-IU era frentista y la entente PSE-PP no?, ¿así que la entente PSE-PP no era, ni es un frente españolista? ¿qué podía, y puede, ofrecer el PPSOE, qué formulación conjunta eran, y son, capaces de articular de una manera coherente a la sociedad vasca para sacarla adelante en estos tiempos de crisis? Y finalizaba con una quinta cuestión, el PP tenía, y tiene, la gran oportunidad de oro para, "dos por el precio de uno", derrocar al PNV en las mencionadas autonómicas y al PSOE en las próximas generales. Y hoy un año más tarde, me reafirmo en todas y en cada una de las mencionadas consideraciones. Y lo siento.
Afirmaba, hoy también, algo verificable en cualquier hemeroteca: ¡tanto tiempo el PSE, tantas legislaturas pontificando sermones progresistas, y tantas declaraciones, proclamas y manifestaciones socialistas llamando a objetivos integradores! ¡Cuántas alusiones a la transversalidad, al acuerdo entre diferentes negadores de posiciones frentistas! ¡Cómo usaron y abusaron sobre de la necesidad, y la bondad, de los pactos amplios! ¡Cuántas veces les escuchamos subidos al púlpito de la verdad predicar sobre la conveniencia de un contrato entre vascos, no excluyente, sí integrador y superador de estériles antagonismos entre nacionalistas y no nacionalistas! Pues bien, añadía, y añado, el PSE a cinco escaños del vencedor y con ochenta mil papeletas menos que el PNV, proclamó su derecho a acceder a la Lehendakaritza, y ello porque hacia las 10,30 de la noche electoral "decidió" que la sociedad vasca había votado "cambio". Y así, el tándem "PSE-PP" unió sus votos con el objetivo de "cambiar" Euskadi y de desplazar al PNV de los resortes del poder, democráticamente, sí, pero con barajas marcadas.
En aquel artículo recordaba cómo entonces se cumplían ocho años de aquel otro ensayo de Nicolás Redondo, Mayor Oreja y Fernando Savater, pero que no salió bien y que alguien dijo aquello de que la "sociedad vasca aún no estaba preparada". Estaba claro, seguía yo afirmando... había que afinar y diseñar una estrategia legislativa que, fuera como fuera, alterara la representación parlamentaria de cada opción política en el Parlamento Vasco. Algo así como se hizo en las ultimas elecciones municipales donde las listas locales de ANV eran legalizados, o no, en función de los intereses locales-municipales del PSE. Había en consecuencia que anular toda representación de "HB", y se diseñó así la arquitectura legislativa oportuna "ad hoc": una Ley de Partidos que buscó y logró la no representación de 100.000 votos, y que con la previa decisión de sumar los votos del PSE a los del PP aupó a Patxi López a Ajuria Enea. Lo repito, democráticamente, sí, pero con barajas marcadas.
PSOE y PP en España son enemigos encarnizados (máxime en lo económico) salvo en Euskadi. Euskadi era, y es, diferente, lo puede y justifica todo. En Euskadi es posible saltarse hasta el sentido común, es territorio prepolítico a "normalizar".
Hoy, un año más tarde, el 65% de la ciudadanía sigue sin respaldar el pacto PSE-PP y el 77% manifiesta su no confianza con el Gobierno de Patxi López, cuyos "logros" están relacionados sobre todo con lo "simbólico", que él tanto descalificó: mapas de tiempo, "E" capitular e ikurriñas en la Ertzaintza, fiesta del Estatuto, celebración de la Constitución, desfiles, discurso Real, banderas, EITB, euskara etc. Pero siempre nos quedará el marketing y las sesiones fotográficas, Basagoiti en Intereconomía, la "normalidad" de López en sus apariciones estelares en Madrid, la fusión de las Cajas Vascas que ellos mismos se cargaron, y una empalagosa gestión de gestos. ¿Y las 36 transferencias pendientes? Pues eso, pendientes, incluso las "inminentes" de las Políticas Activas de Empleo.
Y a pesar de este baile de máscaras, sigo creyendo en los pactos amplios y en la bilateralidad entre Euskadi y España, es decir, en el "no impedir y el no imponer". Y a pesar de lo que pontifiquen los satisfechos del "cambio", el nacionalismo vasco sigue siendo, hoy y aquí, política y sociológicamente