Al parecer, los Reyes Magos trajeron carbón al Gobierno Municipal como premio por su fantástica gestión de la ampliación de Garbera. Hasta hace bien poco, nos habrían dicho que el carbón lo había traído el Olentzero (que, como todo el mundo sabe, estaba en nómina del anterior Gobierno Vasco). Es lo que tienen los cambios. Ilusa de mí, pensaba que el hecho de que el tirón de orejas proviniera de sus majestades nos iba a ahorrar a los donostiarras la habitual cantilena y colección de exabruptos victimistas, el eterno discurso plañidero, a saber: «el PNV castiga a la ciudad».
Mi gozo en un pozo: a falta de consejeros del PNV, buenos son concejales de la oposición y así, ahora resulta que quienes conspiran contra Donostia y sus intereses no son otros que dos concejales de la oposición (el portavoz de mi grupo, Xabier Ezeizabarrena, y José Luis Arrúe del PP) que fueron capaces -los muy ladinos- de convencer al mismísimo Patxi López para que fichara para su equipo nada menos que a la persona que firmó el convenio de la ampliación de Garbera (el anterior director de Urbanismo del Ayuntamiento) con el objeto de que éste deshaga lo que en su día hizo y así perjudicar a la ciudad.
Comprendo que 19 años de vender humo es mucho tiempo y que tiene que ser muy complicado actuar con responsabilidad y rigor cuando alguien se ha acostumbrado a prometer cualquier cosa -si ésta tiene buena 'venta', por supuesto- sin preocuparse de si luego se puede cumplir o no. Sin embargo, esa manera de actuar es la que nos castiga a todos quienes vivimos en Donostia. En el caso de Garbera, a fin de cuadrar las cuentas, el alcalde planteó una ampliación del centro comercial aun a sabiendas de que la Ley no lo permitía.
Poco importaba que sus promesas de cientos de puestos de trabajo y de regeneración del ámbito pudieran convertirse en realidad o no, como poco importaban las falsas expectativas que tales promesas pudieran despertar en la ciudadanía. El caso era salir del aprieto, y a otra cosa. Eso sí, sin contar ni escuchar a nadie, y mucho menos a los 'cansinos' concejales de la oposición.
Y es que, en la ciudad oscura lo único que vende son las apariencias. Apariencias que cada día nos salen más caras tanto económica como socialmente. Se obra a espaldas de los vecinos y no se explican las auténticas razones de nada. Por poner otro ejemplo, dentro de poco se pondrán a la venta las acciones de Naturgas de las que es propietario el Ayuntamiento. También el EVE va a poner las suyas a la venta. Pero, mientras ellos van a hacerlo para destinar los fondos que obtengan a proyectos estratégicos, el gobierno de la ciudad tiene que prescindir del patrimonio de todos los donostiarras para poder hacer frente a su mala gestión económica.
Es lo que tiene llevar demasiado tiempo en el mismo sitio: se pierde perspectiva. En el caso del alcalde, lleva años confundiendo sus deseos con las necesidades de la ciudad. En fin, nada nuevo.