Iritzia
05Abendua
2009
05 |
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Pues sí, vasco y nacionalista

Iritzia
Abendua 05 | 2009 |
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Corren en Euskadi, desde hace algunos meses ya, tiempos de lo conocido por cambio político, un cambio de actores celebrado ciertamente con trompetas triunfantes y alharacas varias a lo largo de la piel de toro hispano. Un cambio que lo envuelve todo y donde parece que ser hoy nacionalista vasco se asemeja a una especie de hojarasca arrastrada por los impetuosos y definitivos vientos de la progresía y de la historia. Tiempos de crisis ante lo hasta ahora conocido. Tiempos de uniformidad y paisaje de encefalograma político plano en la relación del Gobierno Vasco y el de España, con la desaparición beatífica de cualquier desavenencia entre ambos ejecutivos. Bien, precisamente ahora, cuando la "normalidad" buscada por las fuerzas de obediencia estatal pasea inexorable por nuestras vidas, cuando parecen que soplan en el nacionalismo histórico, o institucional, o como se le quiero llamar, tiempos de incertidumbre y de crisis, apelo a la versión en positivo de la crisis que discurre Einstein: "La crisis es la mejor bendición que puede suceder. Porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar superado. La verdadera crisis es la de la incompetencia, la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, ni hay mérito. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno. "No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. Trabajemos duramente y acabemos  con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla"

Cuando pareciera, repito, que ser nacionalista es haberse quedado anclado en las cuadrillas de aldeanos que acompañaban por el monte al integrista cura de Santa Cruz, reivindico la legitimidad intelectual y democrática, la vigencia y la actualidad del nacionalismo vasco. Reivindico la naturalidad de poder ser, hoy y aquí, ética, estética y simultáneamente, ciudadano, demócrata, vasco, y nacionalista que afirma que Euskadi es una nación y la patria de los vascos. Y ello me lleva a definirme en un nacionalismo tolerante, no excluyente y sí integrador, un nacionalismo de futuro para este Pueblo, amable, de firmes convicciones, no ingenuo, sí optimista, no iluso, para vivir y convivir, activo y colaborador, civilizado y digno de nuestros mayores y de nuestros descendientes. Y como bueno es saber de dónde venimos para allanar en lo posible el camino de hacia dónde vamos, cuando es bueno unir historia y futuro, no me olvido de los gudaris que lucharon generosa y bravamente con las armas en la mano durante la contienda civil y en la dictadura de la posguerra defendiendo el futuro de la libertad y el autogobierno.  Defiendo un nacionalismo vasco digno de este milenio, ciudadano, de progreso, solidario y exquisitamente democrático. Más que un sueño y que una utopía. Un nacionalismo que sea puente entre orillas, un nacionalismo que apueste por acuerdos lo más amplios posibles, por difíciles y complicados que éstos sean, y que, ciertamente sí lo son.

 

Y en estos tiempos, y a contracorriente de lo políticamente correcto que supura del cambio que sopla por estos lares, me sitúo en un nacionalismo que nos mantiene como Pueblo y como colectividad vasca con decidida voluntad de perdurar. Hoy, cuando la razones de estado estimulan el cambio en tierras vascas y sonríen ante horizontes de crisis para el nacionalismo vasco, me retrato en uno que parte de los hermanos Arana y no se olvida de Kanpión, Aitzol, Lauxeta, Lizardi, Kizkitza, Irujo, Ajuriagerra, Uzturre, Arzalluz, Josu Jon Imaz, Iñigo Urkullu y otros. Un nacionalismo con visión de futuro, como aquel que lideró José Antonio Agirre, primer Lehendakari y los que le siguieron, Leizaola, Garaikoetxea, Ardanza e Ibarretxe.

 

Y hoy en el que el PSOE y el PP están encelados por consolidar el cambio en Euskadi y finiquitan cualquier planteamiento plurinacional de España, hoy cuando hay que sacar lo mejor de uno mismo,  me sigue poniendo un nacionalismo que es más que mito y que simple rito, mucho más que costumbre y que gestos, atracción y encanto. Me atrae un nacionalismo concreto, tangible, factible, posible y realizable, basado en la voluntad de la ciudadanía, igualitario, reflexivo, proactivo, moderno y no artificial. En estos tiempos de cambio en el que hablar de nacionalismo vasco parece ser sinónimo de anacronía y senectud, hoy cuando el mayor pecado sería el de la pereza para encontrar salidas y soluciones, comparto con "Kizkitza" aquello de: "Es fundamental que en París, Londres y Norteamérica se nos llegue a conocer bien a los vascos".

 

En pleno cambio, me siento cómodo en un nacionalismo mejorable y perfeccionable, lúcido y nunca de ataque ni de expansión, sino de pueblo, de nación y de sociedad vasca que decide marchar adelante. Me afirmo, a pesar de sonrisas displicentes, por un nacionalismo sin más límites que la voluntad de los vascos libremente expresada en su apuesta por Euskadi y por su autogobierno. Me afirmo en un nacionalismo amable, de bienestar, de rostro humano, inteligente y consciente de su fuerza real, pues "el pequeño no puede permitirse el lujo de equivocarse, ya que si se equivoca y pierde, lo ha perdido todo, mientras que el grande, aunque pierda una vez, puede seguir jugando", como afirmaba Josu Jon Imaz en su día. Un nacionalismo sin complejos, culto y que respeta todos los derechos humanos para todos. Un nacionalismo que se adecua al presente, se construye a favor de y no en contra de nada, y que se  propone seguir acertando y respondiendo a los intereses y preocupaciones de las nuevas generaciones, como manifestaba Iñigo Urkullu "un autogobierno del siglo XXI entendido desde la bilateralidad, en un momento de vital trascendencia para nuestra sociedad y en el que necesitamos nuevos instrumentos para poder hacer frente desde el autogobierno a los importantes y difíciles retos que vienen en un mundo cada vez más globalizado".

 

Me atrae, un nacionalismo, lo repito, que proclama que Euskadi es una nación, la nación y patria de los vascos, y que afirma que el Pueblo Vasco tiene derecho a decidir y concretar su presente y su futuro. Así es que me sumo al manifiesto que un 5 de marzo de 1.949, en plena dictadura y clandestinidad, el PNV emitió, y que comienza así: "El PNV proclama el derecho del Pueblo Vasco a expresar libremente su voluntad y a que su decisión sea considerada como única fuente jurídica de su status político. Lo que entraña el deber correlativo de respetar ésa". Un nacionalismo, que siempre desde la lealtad mutua, entiende el autogobierno como espacio de encuentro. Un nacionalismo vasco que apuesta por una relación normalizada y acordada entre Euskadi y España basada en dos principios, el reconocimiento de la capacidad de decisión de los vascos y el pacto. Queda claro, hablo de un nacionalismo, no nostálgico, que reivindica el Estatuto de Autonomía de Gernika en la integridad de su letra y de espíritu, y en todas y en cada una de sus disposiciones preliminares y adicionales, susceptibles ellas de ser la base legal para su propia reforma, actualización y profundización futura. Un nacionalismo democrático que entiende que el Estatuto, que  constata la existencia del Pueblo Vasco, no fue un regalo de nadie, sino que fue un logro peleado y conquistado con sangre, sudor, lágrimas, grandes esfuerzos y sacrificios. Y que vergonzantemente ha sido mercadeado, devaluado, no cumplido y sí ninguneado por los gobiernos del PSOE y del PP. Me sumo por ello a un nacionalismo que aboga por otro marco de acuerdo, bilateral entre Euskadi y España y acorde con la actualización y modernización de los Derechos Históricos.

 

Y por último, mi nacionalismo abomina del terrorismo y rechaza el fanatismo. Es un nacionalismo que dice sí  al diálogo, a la convivencia, al acuerdo y al respeto. Estoy convencido de que este nacionalismo se superará así mismo, y hará de la crisis y del  "cambio" su propia virtud para seguir acertando y uniendo su historia con el futuro de los vascos.

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