Jone Zamarbide
Iritzia
Diario de Noticias de Álava
Es sabido que el pasado fin de semana se celebró la VIII edición del Mercado Medieval de Vitoria-Gasteiz. El equipo de gobierno ha hecho un balance positivo puesto que se ha registrado una importante afluencia de personas, tanto de la ciudad como visitantes. Vaya por delante que nos parecen bien todas aquellas iniciativas que movilicen a tantos y tantas gasteiztarras, que los saquen de sus barrios y en ocasiones les hagan conocer otras zonas de la ciudad. Las propuestas de este tipo, tanto públicas como privadas, merecen apoyo y estímulo.
Ya al término de la edición anterior, el PNV hizo una serie de reflexiones que ahora vuelven a ponerse sobre el tapete. Si tecleamos en algún buscador de Internet las palabras "mercado medieval", nos encontramos con decenas de referencias a ferias de este tipo en todo el Estado. Todos más o menos iguales: bastante gastronomía mezclada con algo de artesanía en puestos atendidos por tenderos ataviados convenientemente, algún taller regentado artesanos, fakires, tragafuegos, pasacalles con músicos y actores de teatro, cetreros con la exhibición del vuelo de sus animales y, como número estelar, el torneo. Lo mismo en Ferrol que en Cáceres, en Jerez que en Hondarribi. Conclusión: la globalización ha llegado a la Edad Media. Sin distinción, sin referencias, intercambiable, sin señas de identidad.
Hay varias empresas que se dedican a montar mercados medievales y es lógico que intenten estandarizarlos, pero ahí debe estar el Ayuntamiento para intentar hacer algo distinto. Vitoria-Gasteiz cuenta con un escenario incomparable, tanto en belleza como en dimensiones y nuestro mercado merece algo más de cuidado. Por ello, consideramos que el Consistorio tiene que valorar adecuadamente los rasgos de calidad de cada oferta a la hora de adjudicar la organización.
Echábamos en falta referencias a lo cercano, a lo nuestro. En el pliego de condiciones para contratar los preparativos, la singularidad del mercado era el apartado con menor puntuación y las referencias históricas a Vitoria-Gasteiz no puntuaban porque los licitantes no las habían introducido. En lo relativo al euskera, el Ayuntamiento se ha ajustado estrictamente a los porcentajes marcados por ley. Esa actitud delata falta sensibilidad y desconocimiento flagrante. Según atestigua el manuscrito de Lazárraga escrito entre los años 1564 y 1567 -terminada la Edad Media-, entonces ya existía el euskera alavés, un euskera arcaico cuya presencia atestigua que si se escribía es porque se hablaba con anterioridad. Por tanto, habría estado más que justificada una presencia mayor de la lengua vasca en nuestro mercado.
Nos llamaba también la atención la poca imaginación en las ofertas. Recurriendo de nuevo a Internet, podemos ver mercados medievales de pueblos cercanos en los que la ciudadanía se ha puesto en contacto con su pasado, recuperando y exponiendo tocados propios de la zona, ropajes, herramientas gremiales,... Bien es verdad que en nuestro mercado un carro de bueyes trae piedras de Ajarte para la construcción de la catedral, pero también conviene recordar que en el Medievo ya había salinas en Álava que, seguro, traerían el producto en reatas a Vitoria, o cuadrillas de vinateros riojanos, o tantas otras actividades de las que sería escenario la Vitoria medieval y que bien podrían revitalizarse, dándoles vida implicando para ello a diversas poblaciones de nuestro territorio.
En el pacto presupuestario al que llegamos PNV y PSE para este año, los nacionalistas aumentamos en 40.000 euros la partida del Mercado. Gracias a ello, se han dado los primeros pasos para recrear un espacio que reflejara en la medida de lo posible lo que era la vieja Gasteiz: un importante enclave comercial y político. La experiencia, mejorable sin ninguna duda, ha gustado, pero tenemos mucho que seguir aportando. No olvidemos que en todo momento nos estamos refiriendo al marco, pero ¿dónde están sus gentes? Nos da la impresión de que los habitantes del Casco Medieval asisten al Mercado como meros espectadores. Han vivido el jolgorio preparado en su entorno sin su participación activa. ¿No ha pensado el equipo de gobierno socialista que las asociaciones culturales de la almendra podrían colaborar como actores fundamentales de esta fiesta? ¿Se les ha planteado alguna participación? ¿Acaso no tenemos en cuenta el valor que la participación pueda tener como factor de integración?
A juicio del PNV, deben aprovecharse cuantas energías positivas nos encontremos y qué duda cabe que la humana es fundamental. Estos días se han programado pasacalles, actuaciones teatrales, audiciones musicales... y conviene recordar que en nuestra ciudad contamos con orquestas, escuelas de música, talleres de teatro, etc. que podrían exhibir en la calle sus creaciones, recuperando partituras, leyendas y sucesos de la época propios de nuestra zona.
En esa misma línea de participación, los centros escolares podrían aportar el diseño de la decoración que, dicho sea de paso, estaría seguramente más en relación con el entorno geográfico. Además, echamos en falta actividades culturales para los jóvenes relacionadas con la época y el enclave. A modo de ejemplo, se nos ocurren visitas guiadas con sencillas guías didácticas, un concurso de relatos breves ambientados en la época, muestras de teatro y de música juveniles, fabricación de marionetas de personajes de aquella época, talleres gremiales... No olvidemos que habitualmente la población joven ocupa la almendra los fines de semana y en esta ocasión casi se les expulsa. Ideemos actividades en las que se impliquen antes, durante y después de la celebración del Mercado.
El evento ha calado, es agradable y divertido, pero nos preguntamos si es eso lo único que se quiere conseguir. Si sólo se persigue colocar tenderetes uno detrás de otro y llenar las calles de visitantes, nada que decir. Éxito completo. Si, por el contrario, queremos ser ambiciosos dando a la fiesta un calado que ahora no tiene, si queremos convertirla en un acto de referencia, debemos repensarla. Si queremos aprovechar para articular un evento que no se olvide en cuanto pase, que sea útil para esta sociedad, debemos trabajar en la próxima edición desde ya. Vayamos despacio, creando una línea de apoyo a proyectos de recuperación de costumbres, leyendas, actuaciones... Aprovechemos el entorno para organizar unas jornadas de ciudades medievales. Proyectemos a Gasteiz como el centro medieval más importante del Estado. Queda claro que queda mucho por hacer. Hemos andado un trecho, pero todavía resta gran parte del camino.