Iritzia
30Uztaila
2009
30 |
Iritzia

Bendita equivocación

Iritzia
Uztaila 30 | 2009 |
Iritzia

Dígase lo que se diga por los impulsores y mentores varios del llamado "cambio" político en Euskadi, dos cuestiones siguen en sus trece; por un lado el nacionalismo (vasco) sigue siendo sociológicamente mayoritario en la sociedad vasca y  por otro lado, el  gobierno surgido y urdido entre la segunda y tercera fuerza de la CAPV, del cual no objetamos en absoluto su legitimidad, no consigue encandilar en exceso las preferencias del conjunto de la ciudadanía, si es que hacemos caso a lo manifestado por el  Euskobarómetro, organismo no precisamente proclive a las tesis del nacionalismo (vasco). Y habrá que recordar, por aquello de refrescar y no olvidar, el dónde estamos y de dónde venimos, que el llamado contencioso vasco hunde en la historia su desencaje en la España constitucional: las carlistadas, las aboliciones forales, el nacimiento del PNV, la frustración de los estatutos de autonomía incumplidos unilateralmente por las formaciones políticas españolas etc, son reflejos de que ciertamente hay piezas en el puzzle de lo que se conoce como España que, al menos, no encajan de un modo del todo armonioso. De todas maneras, quiero manifestar ante todo que soy de los que creo convencidamente en una Euskadi en la que los diferentes sentimientos de pertenencia de quienes componemos la sociedad vasca convivan compartiendo un proyecto de país, cuyo futuro construyamos entre todos. Y que creo en una Euskadi en la que la voluntad democrática de sus ciudadanos sea la base de la mutua convivencia y en la que los acuerdos amplios entre diferentes sirvan para hacer frente a los retos del futuro. Quiero manifestar claramente que soy de los que creo en la negociación, en el no impedir y en el no imponer, en el derecho a decidir de los vascos y a su concreción pactada, es decir en la convivencia y en la bilateralidad respetuosa acordada y amable entre Euskadi y España. Realmente no veo otro camino a recorrer y creo además que no existe otro

Bien, pero, dicho lo dicho, concretemos el motivo de estas líneas. Y recapitulemos. El Estatuto de Autonomía de Gernika, que una gran mayoría de vascos interpretó como un pacto de convivencia política, sirvió en 1.979 a un triple objetivo: enmarcó el reconocimiento político del (re)acceso al autogobierno del Pueblo Vasco, configuró un modelo de relación político entre Euskadi y el resto del Estado y definió el establecimiento de poderes o competencias que correspondían a las instituciones vascas. Pero su desarrollo y cumplimiento fue mutilado por los gobiernos del PSOE y del PP. En resumen, la actuación política de los distintos Gobiernos del Estado ha ido encaminada sistemáticamente a homogeneizar el proceso autonómico vasco con el del resto del conjunto de las autonomías.

Es decir, el "café para todos" que implicaba esta homogeneización, vaciaba gravemente de contenido las potencialidades del Estatuto, porque además de que rompía con la concepción de un pacto bilateral entre Euskadi y el Estado, no consideraba la distinción que el propio marco jurídico vigente realiza entre nacionalidades y regiones y, porque en definitiva, de este modo, soslayaba las especifidades propias de nuestro Estatuto respecto a otros, suponiendo ello un quebranto unilateral y grave del pacto estatutario. En definitiva, nos encontrábamos, realmente no sé dónde nos encontramos ahora, ante un proceso estatutario y transferencial que quedaba muy marcado por la coyuntura política del momento, en el que se iba desvirtuando el carácter de pacto inicial y sobre el que los poderes del Estado realizaban legislaciones para recuperar o retener toda la capacidad decisoria posible.

Pues bien, lo que hasta ayer no era posible, hoy sí parece serlo. Las transferencias pendientes, las atascadas, aquellas imposibles de ser transferidas, hoy, dicen, sí están bien encaminadas de la mano del Lehendakari Patxi López y el Ministro Chaves. Hoy, parece, toca de nuevo transferir lo que en treinta años se impidió por parte del PP y del PSOE. Hoy, parece, toca retomar aquella bilateralidad. Alguien pensará que la cabezonería, cerrazón, radicalidad, delirio de los líderes nacionalistas vascos en los anteriores Gobiernos Vascos impedía actuar con más sentido común y responsabilidad institucional a los diferentes Gobiernos del Estado. Otros pensamos que dichos posibles nuevos acuerdos, y que la ejecución de transferencias hasta ahora vedadas, sí se darán, devaluadas eso sí, porque parte de los interlocutores han cambiado sustancialmente. Hoy, las partes que conforman la interlocución entre los gobiernos discurren por la  vida política con registros de "visión de Estado", son del mismo partido y entre ellos, lógico y natural,  se entienden bien.

Comprendo, cómo no!, que defiendan la nación española, que pretendan la uniformidad en la piel de toro y el café para todos...lo que no es de recibo es que después de treinta años de un Estatuto incumplido sistemáticamente y sujeto al albur de coyunturas políticas e intereses partidistas del PSOE y del PP se tenga ahora el tupé de arrogarse dosis de flexibilidad, templanza aquilatadas, responsabilidad institucional...para intentar justificar lo injustificable: decidir que ahora sí toca completar el Estatuto. Un despropósito para con un proyecto que perfilaba un pacto entre iguales y un acuerdo bilateral entre España y Euskadi.

Si saco a colación ahora que el Estatuto de Gernika fue un verdadero pacto político y que se incumplió, lo hago para señalar cuál es el camino que no conduce a ninguna parte: el de la unilateralidad y la imposición, el de la judicialización del autogobierno o su utilización como moneda de cambio.  

¿Pero, cuál es el futuro que el llamado "cambio" deparará al desarrollo estatutario? Pues bien, visto lo visto, seré cauto al referirme a lo que espero a futuro: intuyo manipulación del pasado, falta de respeto a la verdad, más incumplimiento estatutario y más café para todos.

Pero en fin, ojalá que por esta vez, me equivoque de raíz.  Bendita equivocación!

PARTEKATU