ESTABLECER en un breve espacio toda una argumentación detallada de una de las características más sobresalientes de los dirigentes socialistas en muchas de las instituciones donde gobiernan, el teatro me resulta harto complicado. De ahí que intentaré en la medida de lo posible hacer mención a la irrefrenable tendencia de dichos dirigentes de intentar sorprender a los vecinos presentando siempre de manera grandilocuente grandes proyectos, siempre tan estratégicos, y siempre tan fundamentales, como carentes de rigor y de probabilidad de realización.
Así, ruedas de prensa y tonos solemnes, power points, recreaciones virtuales, imágenes tridimensionales... se multiplican con el objetivo de tener entretenidos a los vecinos y, como en el caso de Donostia, distraerlos de otras cuestiones en una ciudad que se va rezagando respecto a las otras de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Ahí están también los casos de Rekalde o de Barakaldo. Si a esta representación periódica ante la galería le añadimos las necesarias dosis de victimismo contra los sectarios nacionalistas que antes ocupaban la cartera de Transportes en el Gobierno vasco, la jugada es redonda. Echan mano de la chistera y siempre tiene un conejo a mano.
Por cierto, la vida de dicho conejo suele resultar normalmente efímera en más de una ocasión. Por ejemplo, en Donostia, ¿cuántas veces han venido apareciendo en los medios de forma repetida y machacona proyectos estratégicos y claves que luego desaparecían y languidecían a la espera de otra sesión de magia? Podríamos recordar la Estación Intermodal de Riberas de Loyola en la que la Diputación Foral de Gipuzkoa llegó a construir un ramal viario justo antes de que el alcalde lo cambiara de sitio, o el Jardín de la Memoria en esa misma zona, que estuvo en los presupuestos de la CAPV al menos durante dos años (2007-2008), la Nueva Estación de Autobuses de Atotxa...
En cambio, sí hay realidades que es bueno que se sepan. El Ayuntamiento de Donostia, que en base al convenio firmado con el Gobierno vasco, era el responsable de la dirección técnica del estudio que debía analizar la viabilidad del tranvía en la ciudad, permanente y deliberadamente retrasó el estudio sobre la implantación del tranvía, un proyecto verdaderamente ejemplo de transporte sostenible y eficaz para ciudades de su tamaño. "Los autobuses y las plataformas reservadas eran suficientes para Donostia", decían los responsables del Consistorio.
Y ahora, en cambio, en un salto acrobático sin red, echa mano a la chistera, encuentra y muestra otro conejo: una inversión de 700 millones de euros (¡¡más de 116.000 millones de pesetas!!) para un metro en una ciudad de 180.000 habitantes, un metro que no podrá ser realidad (¿?) antes de 10 años para dar servicio ¿a cuántas personas? ¿Qué rentabilidad social se le supone? ¿A qué estudio de movilidad responde?
Mientras, los autobuses urbanos siguen conformando verdaderos trenes y polucionando puntos céntricos de la ciudad, como el Boulevard-Okendo, puntos en los que, al parecer, no hace falta ni tranvía ni metro. Y, mientras, se potencian y amplían, uno tras otro, los parkings en el mismo corazón de Donostia agravando el actual caos circulatorio de la ciudad.
En el caso del barrio de Rekalde de Bilbao se suspende la construcción del tranvía en su camino a cerrar el anillo a lo largo de la ciudad, rompiendo los acuerdos adoptados, obligando a los vecinos de dicho barrio a esperar al menos diez años en esa errónea visión de "o metro o nada", cuando ambos medios de transportes son complementarios y responden a flujos de movilidad diferentes.
Para evitar el necesario rigor que tamaños proyectos precisan en su presentación (nimiedades tales como el plan de financiación en una época en que a las instituciones les sobra el dinero para soñar proyectos), el teatro se representa ante los medios de comunicación. No sea que, de hacerlo en sede parlamentaria, surjan preguntas imposibles de contestar para quienes tan sólo cuentan con croquis, titulares bien sonantes y grandes dosis de demagogia. Por eso, en la comparecencia del consejero Arriola, las respuestas a preguntas concretas brillaron por su ausencia. Del tranvía de Leioa, por ejemplo, no pudo concretar fechas de ejecución, ni plan de financiación. Y se le olvidó mencionar que iba a invertir 700 millones de euros en Donostia.
Sin embargo, nosotros no renunciamos a los análisis rigurosos y a la mejor gestión posible de los recursos públicos y por eso hemos presentado las correspondientes iniciativas parlamentarias (preguntas para su respuesta por escrito y solicitudes de información documentada), para conocer la viabilidad técnica, social y económica real de los hasta el momento proyectos-anuncio que se están re-presentando en los medios de comunicación.