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2009
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Lo que mal empieza…

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Uztaila 14 | 2009 |
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Jone Zamarbide

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Diario de Noticias de Álava


 

Quién más, quién menos, cualquiera sabe cómo termina este refrán y, ciertamente, lo que mal empieza mal acaba. ¿Qué es lo que ha empezado mal en el Ayuntamiento? Voy a hacer un poco de historia.

 

Vitoria-Gasteiz es una ciudad que, por su volumen, no puede llegar a facilitar todas las oportunidades culturales que existen en otras grandes capitales. Sin embargo, los y las gasteiztarras nos hemos dotado y nos vamos a dotar a lo largo de los próximos años de instrumentos y equipamientos suficientes para generar un importante caldo de cultivo cultural, a la altura de ciudades que nos duplican en tamaño.

 

Ahora bien, de poco sirve tener la mejor barrica si no nos preocupamos por la calidad del vino y por ello desde nuestro Grupo, sabiendo dónde estamos, nos preguntábamos si la ciudad sabía a dónde quería ir. Echábamos en falta un proyecto integral que englobara y que diera sentido a las políticas culturales de este Ayuntamiento. De momento, lo único que estamos encontrando es una colección de acciones inconexas entre sí. A veces se generan duplicidades, con el despilfarro de recursos públicos que ello conlleva, y en otras ocasiones quedan sin atender demandas básicas de la ciudadanía.

 

Si queremos que la labor del Ayuntamiento en materia cultural sea de verdadera excelencia, éste debe funcionar como un buen motor diagnosticado, engrasado y a punto. Por ello, desde el Grupo municipal del PNV presentamos una moción al Pleno solicitando al equipo de gobierno que, con la participación de los sectores implicados directa o indirectamente en el desarrollo cultural de la ciudad, elaborara un Plan Estratégico de Cultura, moción que fue aprobada por unanimidad.

 

El equipo de gobierno demostró ser receptivo a nuestra demanda e introdujo una partida presupuestaria de 30.000 euros en el Departamento de Promoción Económica y Planificación Estratégica para la elaboración del plan. La primera acción que puso en marcha fue la contratación de una empresa para que se encargara de la organización y asistencia técnica de dos mesas de debate. Estos foros revisarían la estrategia cultural del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz como consecuencia de los nuevos paradigmas y del impacto de las nuevas infraestructuras culturales. Sobre el papel, la filosofía de estos encuentros nos parecía convincente: Gasteiz vive unos procesos de cambio que hay que identificar para prever tendencias de futuro y maneras de afrontarlas. Nada mejor que un panel de expertos para diseñar este trabajo.

 

La empresa contratada se encargó en primer lugar de fichar y convocar a los participantes en las mesas de debate, participantes que serían propuestos por el equipo de gobierno. Después llegaría la fase de moderación y animación de los encuentros y, por último, la redacción del documento que recoja las reflexiones y conclusiones de este grupo de trabajo.

 

Y a partir de aquí ese ilusionante retoño de lo que debería ser el gran árbol de la programación cultural empieza a torcerse. Sobre el papel de la moción que el Pleno aprobó se entendía que las personas convocadas a estas mesas de debate debían ser profesionales del máximo nivel en sus respectivos ámbitos. La realidad es que a los encuentros acudieron fundamentalmente técnicos del propio Ayuntamiento (casi la mitad de los asistentes) y diversos cargos de los gobiernos catalán, asturiano y vasco, curiosamente en manos socialistas. Poco más.

 

¿Dónde estaban las representaciones de Krea, Montehermoso, Artium o la Plataforma Amárica? ¿Qué sillas se reservaron para la Escuela de Artes y Oficios, el Conservatorio de Música y tantas instituciones educativas? ¿Qué participación tuvieron los promotores de espectáculos? ¿Se pudo ver por allí a los profesionales del sector audiovisual? ¿Qué me dicen del mundo del euskera?

 

Las personas invitadas a aquellas mesas de debate seguramente serán de primer nivel en sus respectivos campos profesionales y tendrán una dilatada experiencia en la redacción de planes estratégicos de cultura en otras comunidades autónomas. Serán refutados profesores de universidad, editores o artistas, pero debemos reconocer que no son el mejor termómetro para medir la temperatura cultural de Vitoria-Gasteiz.

 

Mal comienzo de todo un Plan Estratégico de Cultura es no contar para nada con el tejido cultural de esta ciudad en la redacción del primer documento que guíe el resto de trabajos. Un documento que será la base sobre la que habrá que escribir y plantear un plan articulado con contenidos y objetivos evaluables que sirva de marco de referencia y orientación los próximos años.

 

La unidireccionalidad no es el mejor de los comienzos. Una sociedad tan plural como la vitoriana se merece un plan concebido por profesionales y artistas de muchos colores. Si la idea es cubrir de rojo acrílico un lienzo blanco, basta con un bote y una brocha.

 

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