Forcejear la realidad, más conocida como manipulación, es un tipo de influencia en el comportamiento social que se manifiesta en forma más o menos subrepticia, escondida, siempre detrás de otras manifestaciones que tienen la función específica de ocultar la finalidad real que persiguen los "manipuladores-persuasores", y que es la de crear una disposición difusa a aceptar positiva o negativamente ciertos mensajes. También en Euskadi.
La manipulación, forcejear la realidad, es un fenómeno cuya individualización presenta dificultades serias porque actúa enmascarándose a través de manifestaciones que frecuentemente en la apariencia no tiene la finalidad de modificar actitudes y las conductas sociales. También en Euskadi.
La manipulación informativa, forcejear la información -es decir, confundir información con opinión- se vehicula a través de la sofisticación de las noticias y de la poderosa elaboración de los mensajes persuasivos dirigida a la creación de apoyos de colectivos alrededor de los valores y de las ideas que los poderes políticos del momento consideran funcionales al desarrollo de sus intereses. En sentido estricto, la manipulación política, forcejear la verdad de "lo" político, hace alusión al proceso central que precede a toda decisión: la formación de la opinión y de la voluntad, y viene determinada por la influencia a través de los medios de comunicación de masas. Así -también en Euskadi- las informaciones y los comentarios en parte, insisto, no toda, de la prensa, radio y televisión con su específica configuración del lenguaje y de la imagen, informan, enriquecen, atontan, despiertan contradicciones, apartan estereotipos, movilizan, alegran, agobian y/o asustan. Es decir en la presentación de noticias y comentarios se induce en el ciudadano una "clasificación", consciente o inconsciente, de esas informaciones en un esquema intelectual previamente configurado.
Como la formación de la opinión pública y de la voluntad políticas -también en Euskadi- se encuentran en el campo de la tensión de las fuerzas políticas actuantes y como la opinión política decide en torno a la distribución de posiciones de poder, es grande la tentación de por la vía de los medios de comunicación instrumentalizar la información en el sentido de los propios intereses, colorearla y llevarla desde el nivel de la facticidad al de la subjetividad manipuladora.
Manipulación es decir una y otra vez que se defiende el Estatuto Vasco como punto de encuentro de todos los vascos, mientras se niega de facto su desarrollo, haciendo una lectura parcial, partidista e incompleta del mismo, dándolo por concluido, impidiendo que se complete a lo largo de treinta largos años e intentando vaciarlo a posteriori mediante Leyes Orgánicas y asumir el espíritu de la Loapa.
Forcejar la realidad es afirmar vehementemente que en democracia todas las ideas son legítimas y defendibles por medios pacíficos, e inmediatamente mezclar el nacionalismo democrático el sectarismo y la exclusión. Así mismo manipulación es apelar a la veracidad informativa y caer en el descaro mediático. Es cuestionar irresponsablemente consensos básicos y pilares de integración de la sociedad vasca. Manipular es contraponer progreso, futuro, justicia y modernidad y bienestar colectivo con nacionalismo vasco; es aprovecharse de la desgraciada lacra y cruel violencia sectaria de ETA para hacerle doblegar la rodilla al nacionalismo democrático y al PNV en particular. Algo tiene que ver con la manipulación decir que se impulsará el euskara mientras se le intenta minusvalorar a la primera oportunidad, oponiéndolo a perfiles profesionales competitivos, por no hablar del "tratamiento" jurídico-legal del que "disfruta" en Navarra. Manipular y mentir es alabar pomposamente a la Ertzaintza y no aceptarla en la práctica como policía integral. Y menos fiarse de ella.
Hemos tenido que escuchar expresiones como "regeneración democrática", "nueva etapa para unir y cohesionar Euskadi", "acuerdo histórico al servicio de toda la ciudadanía", "fin de una etapa de confrontación y división, para entrar en otra etapa basada en la unión, diálogo, consenso y pluralidad" siguiendo por "oportunidad única"... por no echar mano, seria demasiado facilón, de las declaraciones de Mayor Oreja proyectando, exultante, su inmensa felicidad personal de buen nacionalista español al ver culminada la revancha que él personalmente diseñó e intentó llevar a buen término hace ocho años de la mano de Nicolás Redondo y Fernando Savater. Y qué decir de las manifestaciones de Mariano Rajoy: " ya no hay vascos de 1ª y 2ª", "es un acuerdo a favor de la libertad, de las instituciones vascas, del respeto a la legalidad", "populares y socialistas hemos llegado hasta aquí haciendo gala de la altura de miras que requería un momento tan histórico como el que estamos viviendo", "la elección de Arantza Quiroga es el símbolo de un proceso democrático concluido felizmente".....
Lo que es cierto es que este gobierno ha anunciado compromisos basados precisamente en el supuesto incumplimiento por parte de los anteriores Gobiernos respecto a conceptos básicos para la convivencia ciudadana como la libertad, la pluralidad, la democracia, la enseñanza, la libre información, la lucha contra el terrorismo de ETA, el respeto a los Derechos Humanos etc etc...Y yo, sinceramente no puedo menos que mostrar mi desazón, cuando llego a deducir que ante esa declaración de intenciones del PPSOE, se podría deducir que hasta ahora los Gobiernos liderados por el PNV no defendían las libertades, ni la democracia, ni la pluralidad, ni combatían lealmente el terrorismo, ni la Ertzaintza luchaba "lo suficiente" contra ETA, pero que en cambio, parece, sí se dedicaba a imponer el euskera, si se aplicaban machaconamente en manipular la información de los medios públicos, saltándose olímpicamente el respeto a los Derechos Humanos. Impúdico y políticamente lascivo. Manipulación pura y dura, forcejeo descarado de la realidad reciente y falta a la verdad.
¿Por qué no aceptar, con naturalidad, que el nacionalismo vasco responde a la voluntad democrática de amplias capas de la sociedad vasca? ¿Qué problema hay en abordar con naturalidad que puede haber percepciones y voluntades diferentes en aspectos jurídicos y políticos que abordan cuestiones tan enredadas históricamente entre "lo vasco", y el concepto unívoco de la España Constitucional?. ¿Por qué el bochornoso tratamiento intelectual que muchas veces se aplica al nacionalismo vasco, mezclándolo con lo retrógrado? ¿Por qué no puede haber percepciones diferentes, todas legítimas y con el mismo calado democrático, en referencia a aspectos socio-políticos que definen los diferentes grados de conciencia nacional vasca?
El nacionalismo vasco ha sido -y es- demasiadas veces denostado y despachado "alegremente" por historiadores, políticos, periodistas, tertulianos, intelectuales y un largo etcétera. Pero guste o no, la cuestión vasca sigue pendiente, el déficit de encaje de lo vasco en lo constitucional español persiste, con diferentes matices y perfiles, pero ciertamente el problema y el desencaje persisten. No es posible en el tiempo poner puertas y ventanas a un problema de este tipo. A nosotros, a los nacionalistas vascos nos toca jugar y acertar de nuevo con el corazón caliente, con audacia, con inteligencia y con la cabeza muy fría. Como lo hicieron nuestros mayores.