Ciertamente podía haber elegido otro título para este artículo, reconozco que he estado dudando entre otros, que podrían ser, por poner unos ejemplos: «Las mentiras del PSE», «El punto de encuentro del PSE», «El otro cambio del PSE», «El cambio tranquilo», incluso «La gran estafa», «¿Liderazgo 'compartido'?» etc. Realmente, si uno retoma la hemeroteca de la campaña electoral y pone un poco de atención en los mensajes y las ideas fuerza que lanzó el PSE y lo compara con la deriva que está adquiriendo el contenido de los acuerdos entre el PSE y el PP, encuentra motivos suficientes para dudar en la bondad del titular elegido. La base de datos que se le presenta a uno para elegir titular es amplio y jugoso: desde la «regeneración democrática», hasta una «nueva etapa para unir y cohesionar Euskadi», pasando por «acuerdo histórico al servicio de toda la ciudadanía», «fin de una etapa de confrontación y división, para entrar en otra etapa basada en la unión, diálogo, consenso y pluralidad» siguiendo por «oportunidad única»... por no echar mano, seria demasiado facilón, de las declaraciones de Mayor Oreja proyectando, exultante, su inmensa felicidad personal de buen nacionalista español al ver culminada la revancha que él personalmente diseñó e intentó llevar a buen término hace ocho años de la mano de Nicolás Redondo y Fernando Savater. Y qué decir de las manifestaciones de Mariano Rajoy: «ya no hay vascos de 1ª y 2ª», «es un acuerdo a favor de la libertad, de las instituciones vascas, del respeto a la legalidad», «populares y socialistas hemos llegado hasta aquí haciendo gala de la altura de miras que requería un momento tan histórico como el que estamos viviendo», «la elección de Arantza Quiroga es el símbolo de un proceso democrático concluido felizmente»...
Parece ser que ya tenemos gobierno socialista, pero dudo sinceramente quién es el que manda realmente, dudo que sea el lehendakari Patxi López, más me inclino a pensar que sea Antonio Basagoiti, o incluso su jefe de filas el mismísimo Mariano Rajoy. Lo que ha ocurrido, está ocurriendo, y seguirá ocurriendo, es un claro ejemplo de cómo los votos socialistas sirven para que mande la derecha española en Euskadi, es un claro ejemplo de cómo los socialistas se han avenido a entregar las llaves del autogobierno de Euskadi, es decir el auténtico mango de la sartén, al Partido Popular a cambio de, parece ser un inmenso placer, el de ser inquilinos realquilados en Ajuriaenea. Lejos queda aquello tan solemne del entonces candidato a lehendakari Patxi López de «...he dicho una y mil veces que no vamos a buscar acuerdos con un Partido Popular que lo único que sabe hacer en Euskadi es antinacionalismo y antisocialismo». Lejos quedan las proclamas vasquistas de salón con caducidad de producto previamente estropeado antes incluso de su envasado. En fin, alegrémonos, porque al menos en el pacto firmado por el PSE y el PP que garantiza el cambio político en esta tierra, se hace mención a la «mejora del autogobierno», aunque a uno se le hace insoportable dicha afirmación después de la constatación de la deslealtad reiterada manifestada desde hace treinta años para con el Estatuto de Gernika por los gobiernos del PSOE y del PP en Madrid. ¿Desempolvar dictámenes parlamentarios tipo Informes Zubia, se convertirá en políticamente incorrecto y en historietas sectarias de nacionalistas rancios? Tengo que reconocer que desconozco las filigranas que tendrá que hacer el PSE para disimular que su Gobierno no es un Gobierno frentista. pero que, casualmente, anuncia compromisos basados precisamente en el supuesto incumplimiento por parte de los anteriores Gobiernos respecto a conceptos básicos para la convivencia ciudadana como la libertad, la pluralidad, la democracia, la enseñanza, la libre información, la lucha contra el terrorismo de ETA, el respeto a los Derechos Humanos etc. etc. No puedo menos que mostrar mi desazón, cuando llego a deducir que ante esa declaración de intenciones del PPSOE, se podría deducir que hasta ahora los Gobiernos del PNV no defendían las libertades, ni la democracia, ni la pluralidad, ni combatían el terrorismo, pero que en cambio sí se dedicaban a imponer el euskera vetando el castellano, y que se aplicaban machaconamente en manipular con descaro manifiesto la información de los medios públicos, saltándose olímpicamente el respeto a los Derechos Humanos. Impúdico y políticamente lascivo. Por cierto, ha olvidado el PSE los 12 largos años que compartió responsabilidad de gobierno con el PNV con mando en carteras importantes como Educación, Transportes, Sanidad, Industria etc. alabando siempre, el PSE, los logros así obtenidos para el progreso de la sociedad vasca y la bondad de esa fórmula de gobierno que así representaba las dos grandes familias ideológicas de Euskadi? ¿Cuántas loas y cantares han hecho de aquel bipartito? Se les ha llenado la boca de hablar de acuerdos entre diferentes, de transversalidad, de aquello de reconocernos diferentes, de integración, de grandes pactos «aquí» y «allá». Obviar que fue así es, sencillamente, obsceno. Repito resumidamente lo que hace escasamente un mes yo mismo publicaba en las páginas de este mismo periódico: Decía, y lo reafirmo, que quien ganó las elecciones fue el PNV que con Juan José Ibarretxe de candidato a lehendakari superó al PSE en cinco escaños y ochenta mil votos. Manifestaba entonces, y lo vuelvo a hacer, que el PSE se ha tragado su palabra, que no ha dicho la verdad en la campaña electoral, que ha mentido y que ha ocultado vergonzantemente que iba a contar con los votos del PP. Escribí, y lo vuelvo a hacer, que el PSE ha ocultado que estaba juramentado y encelado única y exclusivamente en mandar al PNV a la oposición, habiendo preparado para ello con la suficiente meticulosidad jurídica la revancha de lo que dejó de ocurrir el 2001: desde el Estado se alteraron las reglas de juego para propiciar la mayoría españolista y se ha forzado una mayoría con la maquinaria del Estado. Así lo creo y así lo digo. Sinceramente. por último, me preguntaba, y hoy me sigo preguntando, ¿qué formulación no frentista e integradora es capaz de articular a el PPSOE la sociedad vasca para sacarla adelante? No llego a entender cómo el PSOE ha podido ofrecer en bandeja al PP esta oportunidad para, «dos por el precio de uno», echar al PNV del Gobierno Vasco, quedarse atado de pies y manos a su valedor, derrotar en la urnas al mismísimo PSOE en las próximas generales y todo ello después de dejarle huérfano en el Congreso de Diputados. Lo del PPSOE me sigue pareciendo un precio demasiado caro para Zapatero. Mientras el PP y el PSE hacen como si se sorprenden de la reacción del PNV y pretenden apaciguar a los ciudadanos apelando a lo higiénico de la alternancia y a la bondad del cambio tranquilo. Termino, según Ares, «el frentismo de este Gobierno sólo está en la cabeza de quienes lo han practicado» y según Egiguren «el Gobierno que forme Patxi López tendrá cuatro años para rebatir esa acusación». Bien, tiempo al tiempo, habrá que tomar buena nota. Y a pesar de todo, como nacionalista vasco, creo en una Euskadi en la que los diferentes sentimientos de pertenencia de quienes componemos la sociedad vasca debemos convivir compartiendo un proyecto de país cuyo futuro debemos construir también entre todos. Una Euskadi en la que la voluntad democrática de sus ciudadanos sea la base de la convivencia y en la que los acuerdos amplios entre diferentes sirvan para hacer frente a los retos del futuro. Y creo, a pesar de todo, en la negociación, en el no imponer «aquí» y en el no impedir «allí». Y, lo repito, como nacionalista vasco que soy, afirmo radicalmente y con absoluta convicción, que los vascos tenemos derecho a decidir nuestro presente y nuestro futuro, y que tenemos que tener la inteligencia para pactar su concreción. Y no encuentro, por ello precisamente, y a pesar de todo, nada más sensato, y efectivo, que la bilateralidad respetuosa, acordada y amable entre Euskadi y España. Y por si fuera necesario afirmarlo, hago mía la literalidad de la declaración institucional del Parlamento Vasco de 15 de abril en el que todos los grupos apoyaron deslegitimar el terrorismo de ETA y condenar rotundamente sus inaceptables amenazas fascistas.