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El puente Montehermoso

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Martxoa 22 | 2009 |
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Hoy por hoy conceptos como el de "calidad de vida" van ligados a algo más que al desarrollo económico y sostenible. La disposición de una buena oferta cultural se ha convertido en una demanda ciudadana que obliga a los responsables políticos a hacer verdadero encaje de bolillos para compatibilizar requisitos como la calidad, la excelencia o el respeto a la variedad de públicos. Se corre muchas veces el riesgo de convertir la política cultural en un saco donde cabe de todo y falta el criterio pero, como condiciones generales, tendríamos que aspirar a una oferta ajustada, próxima, posible, ambiciosa, coherente con nuestra sociedad y consciente del momento que nos ha tocado vivir.

Todo esto es lo deseable y lo que echamos en falta en la actual coyuntura en Vitoria-Gasteiz. Ni se ha trabajado en un diagnóstico previo que saque a la luz nuestras ventajas y advierta de nuestras lagunas, ni se ha elaborado un proyecto integral que guíe toda la política cultural que desarrolla el Ayuntamiento, ni se esta buscando la participación de sectores implicados directa o indirectamente. No hay objetivos ni contenidos articulados. Todo se limita a una colección de acciones.

 

El mejor ejemplo de esta situación es Montehermoso. Se trata de un buque insignia de la programación municipal. Visitando sus salas deberíamos formarnos una somera idea de hacia dónde va Vitoria-Gasteiz en materia de políticas culturales. Sin embargo, lo que allí existe es un centro de arte contemporáneo especializado en arte feminista y basta acudir a cualquiera de sus exposiciones para preguntarnos dónde queda esa oferta ajustada, próxima o coherente.

 

Un centro cultural tiene que ser ante todo un instrumento mediador entre la sociedad y la cultura. Ha de servir de puente más que de muralla y anclarse a la ciudadanía a la que se propone y de la que vive. Si con Montehermoso partimos de un equipamiento elevado físicamente en una colina, no podemos elevarlo todavía más con un proyecto marcadamente inaccesible por más visitas guiadas que organicemos.

 

Todo el devenir reciente de Montehermoso arranca en 2006, cuando se contrató para la gestión del único centro cultural municipal al actual coordinador. En febrero del pasado año presentó su plan de centro y en ningún momento tuvimos noticia de que se tuviera en cuenta al tejido social y artístico de la ciudad. En aquel momento nuestro Grupo ya afirmó que se trataba de un proyecto carente de concreción y bastante oscurantista. Hace pocos días volvimos a repetir los mismos argumentos y curiosamente diferentes portavoces del tejido artístico local se mostraron en desacuerdo. Hasta trataron de ver motivos electoralistas en esta cuestión.

 

Nada más lejos de la realidad. Desde hace más de dos años, si un Grupo ha seguido de cerca la nueva etapa de Montehermoso, ése ha sido el PNV. Fundamentalmente lo que pedimos para el proyecto se resume en dos palabras: rentabilidad social. ¿Es que a los servicios públicos no se les puede exigir este tipo de rentabilidad? ¿Se imagina alguien que con la cantidad de impuestos que se destinan a la Sanidad o a la Educación nadie reclamara una rentabilidad social? ¿Por qué no se puede aplicar este mismo requisito a proyectos culturales desarrollados con dinero público? ¿Por qué se le tiene tanto miedo a los números?

 

El balance de Montehermoso que reiteradamente venimos solicitando tiene que ser algo más que una mera lista de visitantes. Queremos conocer qué tipo de personas se acercan a este centro cultural interesadas por el arte contemporáneo, más en concreto el arte feminista. Queremos saber qué grado de satisfacción muestran, qué propuestas o sugerencias realizan. La información que hasta ahora se nos ha facilitado es escasa, por no decir ninguna. Lo que sí hemos obtenido es una valoración por parte de la concejala delegada. Valoración cuando menos subjetiva, que nos dejó más bien fríos.

 

Desde nuestro Grupo nunca se ha denunciado que el actual gestor de Montehermoso no esté haciendo lo que tiene que hacer, pero esto no quiere decir que se ajuste a lo que la ciudadanía desea. Pedimos un centro posible, un centro con vocación clara de servicio público, con máxima exigencia y accesibilidad, en el que se desarrolle una gestión plural de la programación. Pedimos una programación destinada a mujeres y hombres, a niños y niñas, tan válida para el vecino de Montehermoso como para la persona que nos visite desde otras ciudades. Pedimos todo esto porque entendemos que la variedad no resta fuerza, sino que potencia la interacción y ayuda a mantener el interés. No hay que perder de vista al usuario y hay que motivar al que todavía no lo es. Éste es, a nuestro entender, el mejor modo de lograr un puente y eliminar ese foso invisible que para muchas personas puede estar rodeando actualmente Montehermoso.

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