Toda nueva apuesta política que se plantea a la ciudadanía, todo nuevo proyecto político que se pretenda lograr pretende alterar un equilibrio (pre)establecido. Y si el desequilibrio buscado se decanta a favor del nuevo proyecto, la diferenciación positiva obtenida dará la medida de la potencia política de ese impulso innovador. Pero para ello se requiere fuerza. Fuerza emanada y reflejo del sentir y pensar (de la mayoría) de la sociedad. En Euskadi, un proyecto político ilusionante, superador democráticamente de lo establecido exige proporción y pulso político, capacidades humanas, volumen de adhesiones, estados de ánimo e inteligentes tenacidades ante las resistencias de todo tipo sembrados en defensa de viejos intereses creados en aras de indisolubles patrias y obligados destinos en lo universal.
Pasa por "estar" y por actuar acorde con el tiempo real, pulsar la plural actualidad, interpretar correctamente la vigencia de las voluntades mayoritarias, de las ideas, adscripciones y sentimientos simbólicos, culturales, ideológicos y sociales. Pasa por la normalización, la reconciliación y el escrupuloso respeto con la voluntad mayoritaria libremente expresada por los ciudadanos. Ciertamente la cadena de la historia la conforman los eslabones de las diferentes generaciones y la cadena de la historia del nacionalismo vasco democrático, también, está formada de eslabones de una larga cadena de miles de mujeres y hombres anónimos que han hecho posible que el nacionalismo vasco democrático haya sido, y sea, la columna vertebral y la centralidad de la sociedad vasca. Es decir, y dicho de otra manera, que sea la columna vertebral de Euskadi, la patria de los vascos. Miles de mujeres y de hombres que han cuajado, y que nos han legado, el testigo de una herramienta a trabajar para alcanzar el objetivo de la construcción nacional de Euskadi y su soberanía como Pueblo libre, un Pueblo, una Nación, de mujeres y de hombres libres y competentes. Mujeres y de hombres anónimos que consagraron sus vidas y quehaceres para alcanzar un objetivo tan noble, legítimo y democrático como el de ser dueños de nuestro presente y de nuestro futuro a través de la acción política y del respeto a los derechos humanos. Un objetivo que parte de una realidad, la de la diferencia y la de la pluralidad de la ciudadanía vasca, sin imponer, sin sojuzgar y con la verdad por delante.
El instrumento se llama PNV, un partido que nació en el seno de la propia sociedad vasca, una sociedad a la que acompañó, y sigue acompañando en sus sucesivos cambios. Un partido que ha venido identificando los desafíos a futuro y que siempre ha intentado trazar el perfil de la ruta por donde seguir. Un partido que nació de la mano de Sabino Arana hace más de un siglo como agrupación de aquellos vascos que, más allá de la no aceptación del despojo político e institucional practicado en el siglo XIX en nombre de la nación española, afirmaron el ser nacional del Pueblo Vasco y se unieron para la consecución de los derechos políticos inherentes a tal condición. Ha pasado de aquello más de cien años y mutaciones de todo tipo. Con el paso del tiempo no todo sigue igual, el ciudadano ha cambiado, la sociedad ha cambiado, la estructura demográfica, social, económica y cultural ha cambiado también. Las transformaciones en la composición y estructura del cuerpo electoral son enormes. Las circunstancias políticas mundiales y el propio entorno personal y social, próximo y lejano, del ciudadano definitivamente están cambiando muy significativamente, la globalización, los flujos de personas, las migraciones, los intercambios interculturales, la propia crisis económica-financiera que nos ha estallado y cuyas consecuencias futuras todavía nos son tan difíciles de prever. Siendo esto así, y ante esta realidad, el PNV hoy y aquí, el eslabón histórico del nacionalismo democrático vasco del siglo XXI, debe seguir conectando con la nueva sociedad civil que se está gestando.
Un nuevo eslabón que no trata de renunciar a nada de lo sustancial. Un eslabón, la de la generación de la Euskadi del 2009 que, acorde con los tiempos, trata de continuar canalizando los nuevos intereses e inquietudes de los nuevos ciudadanos de la nueva calle. Es más la razón por la cual surgió el PNV se revalida de nuevo hoy y aquí en la defensa y la afirmación en positivo de una personalidad colectiva, la vasca, que se abre solidaria al mundo. Pienso que el compromiso de seguir sintonizando esa voluntad política con los intereses actuales de la ciudadanía vasca es un reto apasionante. Pero para ello, estoy convencido, que este partido deberá seguir siendo el "imán atractivo" de los cambios sociales en Euskadi, asumiéndolos y adaptando su acción política en sintonía con las necesidades que las propias transformaciones generan. El presente y el futuro nos pide compromiso, nos exige, un contrato con la sociedad vasca, un contrato renovado y modernizado. El presente y el futuro nos impele a buscar nuevos caminos, caminos necesarios que hay que desbrozar para seguir construyendo nación cívica vasca. Se requieren ideas frescas y arriesgarse a la hora de seguir marcando la singladura en pos de la construcción de la nación vasca. Construcción de la nación vasca que deberá basarse en la suma de las voluntades de los ciudadanos y ciudadanas de nuestro Pueblo y que deberá crear las condiciones para que sigamos escribiendo de nuestro puño y letra nuestro presente y nuestro futuro. Una apuesta que pasa por la mejora de la democracia, del funcionamiento de nuestras instituciones,que pasa por ser conscientes del futuro mestizaje que ya está aquí, una apuesta que pasa por la acogida a los nuevos vascos, por interpretar en clave de acierto las preocupaciones reales de la sociedad y de sus elementos más jóvenes, una apuesta que pasa por hacernos atractivos en el aliento a las reivindicaciones nacionales vascas. Una apuesta de futuro que mira a un mañana que reflexiona sobre el sentido moderno de las soberanías y de las identidades compartidas, una apuesta que mira a la sostenibilidad, al medio ambiente, a las infraestructuras, a la ordenación del territorio, al bienestar social, a la economía, a las energías renovables, y que con todas sus limitaciones e imperfecciones desemboca en Europa. Es la apuesta y la puesta a punto del Think Gaur del PNV. Es la apuesta que el PNV hace para el futuro de Euskadi, es decir la continuidad del esfuerzo del PNV para situar Euskadi en el pelotón de cabeza del desarrollo y bienestar, un compromiso con la sociedad vasca. Think Gaur Euskadi 2020 nos permitirá establecer los cimientos de nuestro país desde los ámbitos de sostenibilidad, cohesión social, innnovación, cultura y desde el ámbito horizonte institucional vasco. Es un lugar de encuentro para la reflexión abierta para situar a Euskadi en el liderazgo de la calidad de vida. Es la semilla de proyectos, de propuestas concretas y ambiciosas para construir la mejor Euskadi posible. Es el Pensar, es el Saber y es el Hacer Hoy. Y para alcanzar esta Euskadi 2020, Think Gaur plantea 5 desafíos, 20 líneas estratégicas de actuación, 5 ejes transversales y más de 100 medidas concretas. Este planteamiento ha permitido recoger las principales experiencias internacionales de desarrollo económico y social que inspiran las propuestas para Euskadi y donde se recoge el nuevo contrato social del PNV con la sociedad vasca de cara a la Euskadi 2020.
Esta propuesta aporta la fórmula del Concierto político como un nuevo pacto de garantía de una bilateralidad real en las relaciones con el Estado, respetando la singularidad de Euskadi y las decisiones que la sociedad vasca adopte libre y democráticamente. "Ni tú sobre mí, ni yo sobre ti" era el fundamento político de los defensores de los Fueros, donde decisión y pacto eran la clave de la convivencia mutuamente acordada. Es el "no imponer y el no impedir"