Somos un pueblo pequeño y en nuestra defensa a lo largo de la historia hemos solido necesitar y utilizar la inteligencia y la sabiduría, que es como decir que la estrategia del Pacto nos ha resultado globalmente positiva. Un Pacto que ha requerido, y requiere, de negociación y de acuerdo, virtudes ellas necesarias para los pueblos pequeños que, como el nuestro, han sabido, querido y conseguido permanecer en el tiempo.
Hoy, otro tanto. Así pues el Pacto interno en la sociedad vasca y el Pacto externo con el Estado, junto con la cooperación con nuestros aliados estratégicos de Galicia, Cataluña se traducen como elementos claves a futuro. El Pacto, tanto en el seno de la sociedad vasca como con el Estado, es además un procedimiento que conecta, por cierto, con nuestra mejor tradición foral y sobre la que hemos construido, las hasta ahora, nuestras dos experiencias estatutarias válidas.
Esta formulación pues -necesariamente obligada y compartida hay que reconocerlo- del Derecho a Decidir de los vascos está en continuidad con la cultura política de la foralidad, de una foralidad que postulaba la unión política pero siempre desde el derecho propio y la bilateralidad de la relación. Es decir, un Pacto con el Estado con un sistema recíproco de garantías y cuya interpretación y cumplimiento no queda al arbitrio de una de las partes. Un Pacto que implica pues bilateralidad efectiva, condiciones de lealtad y por supuesto respeto a nuestra idiosincrasia e identidad. Un Pacto que obliga al acuerdo, que supone reconocimiento mutuo y que articula una interdependencia, por difícil que sea, en espacios de actuación compartidos.
Y entiendo que sí hay instrumentos para ello.
Entiendo que sí existen potencialidades no exploradas por falta de voluntad política del Estado. Incluso se podría entender que en la misma Constitución sí existen, si se quiere, instrumentos capaces de facilitar ese nuevo pacto de convivencia, como la distinción entre nacionalidades y regiones, incluso la Disposición Adicional Primera y la Disposición Derogatoria Segunda. Su desarrollo, el de la Constitución, no ha sido precisamente el más progresivo ni la interpretación que ha terminado por imponerse puede considerarse como la más respetuosa e integradora de los hechos nacionales. Todo lo contrario. La involución comenzó con la LOAPA.
Y qué decir del Estatuto de Autonomía de Gernika! (de su flagrante incumplimiento por parte del Estado ya hemos hablado entre muchas y demasiadas veces).
Hay que recordar en ese sentido que en virtud de su Disposición Adicional nuestro Autogobierno contiene una expresa reserva de los Derechos Históricos y una apelación a su posible actualización futura a través de dicha Disposición Adicional. Está claro que no se ha querido, no ha habido en el Estado la más mínima voluntad de utilizar las posibilidades que ella misma ofrece para articular la pluralidad política del Estado y el desarrollo del Autogobierno vasco.
No estaría del todo mal un Estado español plurinacional que respetara la relación pactada con el mismo. No estaría del todo mal un Estado español plurinacional que nos permitiera desarrollar el Autogobierno, que conllevara acuerdos políticos amplios y que nos permitiera centrar el debate político en materias que son vitales para el futuro de las siguientes generaciones de vascos. Un “Nuevo Modelo de Estado” que desde el respeto a los marcos institucionales actuales, permitiera, y asumiera, el uso de sus potencialidades de modificación.
Es decir, me estoy refiriendo a un Autogobierno para la nueva Europa que se va conformando. Un Autogobierno que determinara para las instituciones vascas el ámbito competencial pleno necesario para desarrollar la identidad vasca en el mundo abierto que se va conformando y que contemplara garantías jurídicas plenas y sistemas de arbitraje bilaterales sobre el cumplimiento de este pacto. Un Autogobierno pues labrado con la convicción necesaria para ganar los acuerdos y mayorías necesarias en el conjunto de Euskadi, es decir tanto en la Comunidad Autónoma Vasca, como en Nafarroa y como en Iparralde. Cada “espacio”, obviamente, a su ritmo.
Uno tiene la convicción de que el reconocimiento jurídico político de un Estado español plurinacional real y consecuente es el mejor aval para la consolidación y la profundización de la Democracia. La historia del Estado español al menos, nos enseña que los avances en el reconocimiento de la diversidad de las naciones que lo componen y la mayor calidad de la democracia han sido siempre procesos parejos.
Soy de los que pienso sinceramente que las mayorías políticas y sociales claras en la sociedad vasca, y la cooperación para conseguir un Pacto con el Estado, siempre desde el reconocimiento real y efectivo de su pluralidad es decir, de la existencia de naciones en su seno, son las únicas vías para alcanzar el objetivo realmente irrenunciable para el nacionalismo democrático vasco como es la construcción nacional de Euskadi, es decir el objetivo de la construcción de nuestra nación vasca. Dicho de otra manera, la Burujabetza y Aberrigintza en el Zazpiak Bat. Pues eso.