ETA ha fracasado políticamente y es quintacolumnista. Porque poner un coche bomba contra la VITAL-KUTXA de Gasteiz es fracasar y ser quintacolumnista. Porque poner un coche bomba contra la Comisaria de la ERTZANTZA en Ondarroa es fracasar y ser quintacolumnista. Es una broma y un sarcasmo afirmar que ETA pretende liberar a Euskadi. No. ETA no respeta la voluntad de la sociedad vasca, ETA socava la convivencia con el todo vale, opta por el cuanto peor mejor, lleva a esta sociedad, a este Pueblo Vasco, a esta Euskadi a un callejón oscuro sin aparente salida, espolea la confrontación, el miedo, la desazón y el desánimo, la fractura y la desvertebración de la sociedad, pugna por la imposición de sus ideas.
ETA hoy es fascista y quintacolumnista, transgrede la más mínima moral, decencia y ética, y también quienes la jalean, alientan, amparan, avalan y callan.
Hablemos claro, no son decentes quienes lamentando las muertes no las condenan y quienes haciendo cínica gala de la doble vara de medir exigen la mayor de las exquisiteces en cuanto al respeto de los derechos de los “suyos” y justifican, explican o entienden la transgresión a los “otros” a “contextos” y “a exponentes de la crudeza de la confrontación del contencioso político”. Desaparezca ETA. No haga sufrir más a este Pueblo. Lo suyo no es heroísmo. Es fascismo político puro y duro, es cobardía moral y es traición histórica a la causa del progreso de Euskadi. No tiene justificación política, ni ética, ni moral ninguna. Ninguna, pues prostituye cualquier proyecto político, envilece al nacionalismo vasco, vilipendia a toda una sociedad. Y lo que es peor aún, además de generar sufrimiento humano desgarrador, es inútil, es un craso error político.
Desgraciadamente en las diferentes variantes de “Batasuna” se da un posicionamiento que se repite machaconamente cada vez que sucede un acto de violencia, consistente en la apelación-justificación al “contexto”, al “contencioso” y al “problema de fondo” para no condenar. Y cuando todas las demás fuerzas políticas le exigen un posicionamiento nítido y claro, contundente y sin matices de condena al hecho violento siempre tiran de la misma consigna: “el contexto”, el “problema de fondo” y el “contencioso” Es decir, nos encontramos ante un problema, en esta sociedad, hay un colectivo de este pueblo que se limita a justificar, excusar, comprender, explicar o entender la trasgresión de los Derechos Humanos, asesinato incluído a los “otros”, fundados en “exponentes de la crudeza de la confrontación del contencioso político”. Dicho de otra manera hay un colectivo humano en Euskadi que admite en su esquema mental que hoy en la Euskadi y en la Europa del siglo XXI se le quite la vida a una persona por motivos políticos. Pero ese mismo colectivo, y con la misma machacona insistencia, es capaz de exigir, sin mayores apuros ni vergüenzas, la mayor de las exquisiteces en cuanto al respeto de los Derechos Humanos de los “suyos”. Todo un desatino ético, miseria humana y vergüenza para la sociedad vasca.
Es como no quisieran ninguna salida, como si se empeñasen en cegar cualquier resquicio que dejase ver un poco de humanidad. Como si agotadas todas las expectativas de conseguir réditos políticos, les quedase tan solo la causa del dolor. Parecería como si no pudieran ser capaces de anidar otro discurso ni otra idea. Como si se hubieran resignado a un “sin-futuro” político alguno que justificara la sangre vertida y todos estos años de asco y miseria. Es duro verbalizarlo, pero parecería como que buscaran su propio suicidio político y que han asumido y decidido que pase lo que pase jamás condenarán a ETA!
Es un auténtico escándalo que en un país europeo, en una Euskadi parangonable a cualquier sociedad civilizada y moderna se toleren, comprendan y se pueda convivir con esas maneras de entender la convivencia. Lo cierto es que extraña que dicho colectivo no entienda que no se puede alentar un modelo socio-cultural, unos valores y unas normas de convivencia donde la eliminación de la vida humana tenga el más mínimo espacio de legitimación. Hoy, desde el nacionalismo democrático vasco tenemos dos retos políticos históricos y una prioridad moral y ética. El reto primero donde los haya, es el de conquistar la paz. Y además, el lograr el derecho a decidir y la consecución paulatina de la construcción nacional y social de Euskadi. Pero sobre todo y ante todo, como prioridad ética y moral total, clave y fundamental el ser abanderados en la deslegitimación de ETA, del matonismo político y de su mundo de intolerancia. Sin ningún complejo. Es hora de renunciar a descubrir lo que de racional tiene la actuación de una organización terrorista fanática y fuera de la realidad. ETA es una vergüenza para los vascos, una pesadilla y una rémora para el progreso de Euskadi.
Y como manifesté más de una vez, mi patria no es la de ellos, mi proyecto de sociedad, mi concepto de la convivencia no es la de ellos. Su fin, no es mi fin. Mi Euskadi es la de hombres y mujeres libres. En mi Euskadi nadie mata por pensar diferente. Mi ikurriña nada tiene que ver con el rojo de la sangre vertida por el terrorismo. Porque defender con firmeza el autogobierno para Euskadi, porque defender su reconocimiento y sus derechos como nación y porque hacerlo condenando y repudiando con absoluta radicalidad la violencia, es sencillamente reivindicar solemnemente la transcendencia y el valor de la política, es confiar en la potencialidad de la sociedad vasca, es evocar la inteligencia humana y proclamar la condición ética del ser humano por encima de cualquier ideología o pensamiento político. Yo también creo que hay momentos en la historia que los movimientos políticos tienen que establecer sus prioridades. Desde este punto de vista, hoy, en esta coyuntura histórica, la principal tarea del nacionalismo vasco democrático-institucional es la deslegitimación política y social de ETA y su movimiento totalitario.
Nuestra herencia es la del compromiso de las generaciones que nos precedieron por la libertad. Amar a Euskadi significa hoy extirpar definitivamente de nuestras entrañas el cáncer del terrorismo que anula cualquier iniciativa legítima de avanzar en la construcción de nuestro futuro. Amar Euskadi es estar dispuestos a liderar sin complejos esta tarea. Quiero demasiado a Euskadi para estar mirando a otro lado. El primer Lehendakari de Euskadi, José Antonio Agirre, también suscribiría este compromiso, un inequívoco compromiso de lealtad del nacionalismo democrático vasco hasta vencer al fascismo, tal y como lo hizo solemnemente en el Congreso de Diputados en Madrid en pleno 1.936.
Termino con una cita de Iñigo Urkullu en los Desayunos de Europa Press en Madrid el 24-04-2008: “El PNV asume y manifiesta que la desaparición del terrorismo pasa en primer lugar por el rechazo firme del terrorismo y de la violencia; por la deslegitimación social mediante políticas educativas, culturales y de comunicación; por la acción policial; por la aplicación del Estado de Derecho -eso sí en toda su extensión-; y por vaciar de contenido cualesquiera aporte social que alimente la violencia en la práctica política. Éticamente el PNV va a estar siempre enfrente de ETA y, políticamente, aunque rechazamos otorgarle el status natural en tal sentido, no compartimos ni fines, ni medios con ellos”. Yo pienso igual.