Iritzia
05Iraila
2008
05 |
Iritzia

El Estatuto, una Ley Orgánica trampeada

Iritzia
Iraila 05 | 2008 |
Iritzia

Aparecen periódicamente en los discursos políticos del PSOE y del PP, tanto a nivel estatal como local-vasco, algunas calculadas afirmaciones, en función de la coyuntura del momento, muy efusivas y contundentes ellas, por cuando afirman con indisimulada vehemencia y loas las infinitas bondades del Estatuto de Autonomía de Gernika. Aderezando dichas pláticas con la ladina coletilla de que dicho Estatuto está “globalmente” desarrollado, cumplido y completado, y que por lo tanto, en consecuencia, en el fondo, básicamente, a estas alturas, a lo que el Gobierno Vasco tiene que dedicarse es fundamentalmente a “llorar menos y a gobernar más”… y punto! Bueno, siempre quedará la eterna e insoluble discusión de la botella medio llena y medio vacía. Incluso si la botella es de regalo o no. O si el regalo era de conveniencia táctica u cesión obligada por las circunstancias derivadas de la transición política post-dictadura. Pero en fin, percepciones aparte estimo interesante, hacer una serie de comentarios y rebajar en algo el tono orondo ciertamente satisfecho del “Estatuto ya está cumplido” de los partidos antes mencionados. Pero no es oro todo lo que reluce, no. Y hay algunos deberes sin hacer: la oronda satisfacción de PP y PSOE esconde “truco”.
Primera reflexión. El desarrollo del Estatuto fue voluntariamente mermado y rebajado por una calculada estrategia de regresión autonómica, y creo sinceramente que es realmente difícil defender lo contrario. Estrategia política de regresión autonómica inspirada en el llamado “Espíritu de la LOAPA” que vio luz a raíz del fracasado golpe de estado del 23 de febrero de 1981, y cuya patética cara visible fue la irrupción en el Congreso de Diputados del Teniente Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero pistola en mano al sugerente grito de “todos al suelo”. Negar que el ruido de sables de entonces y la LOAPA tuvieron relación de causa-efecto no se sostiene.

Segunda reflexión. Los mentores políticos, porque los sables hubieron, del incumplimiento y de la merma del Estatuto, los autores del bloqueo y de la desnaturalización, los sujetos políticos de la regresión autonómica vasca tienen nombre propio y apellido político: los gobiernos del PP y del PSOE. (Pero también hay que decirlo, alto y claro, el desarrollo estatutario ha estado también permanentemente ensombrecido y torpedeado de forma inmisericorde, cruel y asesina por el salvaje terrorismo quintacolumnista de ETA cual reflejo de su delirio y de su fracaso político).

Refresquemos la memoria. Hasta 1.982 se produjeron 43 transferencias de materias fundamentales. Hasta 1.986 se completaron otros trasferencias importantes, pero comenzaron las dificultades con Madrid en cuanto al ritmo y contenido de las restantes. Once años más tarde, el “Informe Zubía” aprobado por el Parlamento Vasco el 1 de Julio de 1.993 sirvió de base reivindicativa para la exigencia de la culminación del Estatuto, reclamándose 54 transferencias. Dos años más tarde, el 20 de Octubre de 1.995 una propuesta del Consejo de Gobierno fue aprobada en el Parlamento exigiendo del Estado 38 transferencias pendientes. Pero los gobiernos del PSOE y del PP basándose en informes de la Secretaría de Estado de Organización Territorial, manifestaron la imposibilidad de concretar las transferencias pendientes de más calado, como eran las relacionadas con Trabajo y Seguridad Social “por ponerse en peligro el principio de igualdad de todos los españoles, la unidad del sistema de la Seguridad Social y el principio de caja única”. Desde 1.996 el agotamiento de las trasferencias y desarrollo estatutario, salvo excepciones, ha sido evidente. Y no creo faltar a la verdad.
Tercera reflexión. Parecería como si el Estado ya hubiese “cedido” demasiado, como si en el momento de negociar el Estatuto el Estado se hubiese “adelgazado” demasiado, como si fuera necesario “recuperar” terreno “otorgado” a los nacionalistas. Me reafirmo. La actuación política de los distintos Gobiernos del PP y del PSOE ha sido homogeneizar los procesos autonómicos. Y como consecuencia de ello el Estatuto contempla competencias que no pueden ser ejercidas (que paradoja!), bien porque el Estado no las transfiere, o bien porque se produce (si no quieres taza, pues taza y media!) un progresivo quebranto competencial fruto de Leyes básicas y recursos. El “café para todos” que implica esta homogeneización debilita las potencialidades del Estatuto, rompe con la concepción de pacto bilateral, no considera la distinción que el propio marco constitucional vigente establece entre nacionalidades y regiones, y soslaya las especificidades propias de nuestro Estatuto. En definitiva, tenemos un Estatuto marcado por la coyuntura política del momento. Y casualidad (¡!), este Estatuto, el no cumplido, es la actual apuesta, la perla donde las haya, del PP y del PSOE.

Cuarta reflexión. Recordar a los partidos “políticamente satisfechos” en cuanto al cumplimiento y desarrollo del Estatuto, algo que considero conveniente tenerlo presente. Ciertamente el Estatuto Vasco, pacto de convivencia política, sirvió en 1.979 a un triple objetivo, sirvió al reconocimiento político del autogobierno del Pueblo Vasco, dibujó la relación con el Estado y supuso el reestablecimiento de poderes y competencias a las instituciones vasca. El Estatuto Vasco fue el punto de encuentro que reunió a la pluralidad política vasca en su empeño común de organizar nuestra convivencia democrática y significó, con la recuperación de las instituciones de autogobierno, un avance muy sustancial a recocer en noble lid. El Estatuto era imprescindible, urgían instrumentos básicos que permitieran apuntalar una muy maltrecha situación en muchos sectores. Suponía un buen motivo de esperanza. Y así, congruentemente, el Parlamento Vasco aprobó el 15 de febrero de 1.990 un texto en el que en el punto 3, entre otras cuestiones, afirmaba solemnemente (fiel reflejo de la importancia estratégica que se le concedía al Estatuto): “Que el Estatuto de Autonomía, resultado de un pacto refrendado libremente por la ciudadanía vasca, constituye un punto de encuentro de su voluntad mayoritaria y el marco jurídico del que la sociedad vasca se dota para acceder al autogobierno y regular la convivencia pacífica, representando la expresión legítima de la voluntad del Pueblo Vasco. En tal sentido, la estrategia estatutaria y la profundización en el autogobierno a través del pleno y leal desarrollo de todos y cada uno de los contenidos del Estatuto representan el marco válido para la resolución progresiva de los problemas de la sociedad vasca, así como para avanzar en la construcción nacional.”

Quinta reflexión. Y no nos confundamos, la exigencia del cumplimiento de dicho Estatuto no se trata de más o menos nacionalismo, no. No se trata de una cuestión de talantes, ni de portarse del todo bien, o no. No es una cuestión de chalaneo en el mercadillo político. No se trata de apostar ahora por el Estatuto incumplido como barrera definitiva a mayores cotas de autogobierno. No se trata de alabar el Estatuto, como mal menor, para evitar seguir avanzando en el autogobierno. Se trata sencillamente de cumplir con los compromisos adquiridos y con el ordenamiento constitucional vigente. Se trata de cumplir una Ley Orgánica. Y como en los embarazos, se está o no se está, porque el a medias, un poco, sí pero no, hoy sí y mañana quizás si te lo cambio por esto otro, es trampear. Y es una equivocación. La misma equivocación (sexta, y última, reflexión) que cometió quien un 25 de octubre de 1839 y un 21 de julio de 1876 creyó que “lo” vasco se diluiría agónico en la ruleta de la historia. Y es que ya lo dijo Einstein: “Es más fácil desmantelar todo un átomo que un simple prejuicio”.

PARTEKATU