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Soliloquios sobre Euskadi

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Abuztua 31 | 2008 |
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Para algunos Euskadi es actualización y reconocimiento constitucional de los derechos históricos del Pueblo Vasco. Para otros Euskadi es realidad simplemente como consecuencia de cambios políticos en España, bien de la mano del primer Estatuto en la segunda república, bien de la llegada de la democracia después de finiquitados cuarenta años de régimen autoritario. Para quien esto subscribe Euskadi es la suma de todo lo anterior más algo más: es proyecto nacional y social de los vascos de las siete provincias vascas divididas en dos estados y tres administraciones. Proyecto basado en la voluntad de la ciudadanía vasca, suma del pasado, de su reconocimiento actual, del régimen democrático que posibilita su visualización política y de querer seguir siéndolo, conscientes siempre de dónde venimos, dónde estamos y adónde y cómo vamos. Confío en la sagacidad histórica del nacionalismo democrático vasco en traducir el “Euskadi es la patria de los vascos” de Sabino Arana, en el que me siento cómodo y en el que creo, a la ciudadanía vasca de la Euskadi de 2008. Sagacidad que combine lo máximo posible el hecho identitario con el esfuerzo para hacer de Euskadi un proyecto más justo, compartido y solidario Y confío también en un futuro político de convivencia sin cartas marcadas de antemano por el nacionalismo español.
Creo que Euskadi es identidad personalizada histórica de vascos y vascas, es concreción de la voluntad de querer afrontar con éxito la solución de los problemas que nos atañen, es esperanza y posibilidad de crear el cuadro de condiciones congruentes con la paz, el progreso y la libertad. Creo que quizás hoy importe en esa Euskadi en la que creo, y a quien quiero, deshacer el encanto de algunas palabras mágicas que alimentan falsamente la esperanza del futuro y que adormecen la presteza de una búsqueda real de las soluciones. Creo que quizás sea importante en esta época de esta Euskadi de nuestros amores y sinsabores comprometerse en iluminar con la razón las posiciones contrarias y poner en debate los supuestos de unos y otros. Y quizá hoy sea importante en esta Euskadi, sedienta de paz, resistirse a la tentación de opciones imposibles y encaminarse a hacia posiciones de síntesis. Sin vetos ni imposiciones, ni aquí, ni allá. Es más, creo que quizás lo más importante en esta Euskadi, a construir entre todos y todas, sea devolver a los hombres y mujeres de este País, y enfrentados entre sí por ideologías contrarias, la fe en el diálogo, y restablecer junto al derecho a la crítica el respeto mutuo a la opinión ajena. Creo en el no imponer y en el no impedir. Ni aquí, ni allí.

Creo que ha llegado el momento de comprender que la honestidad cívica consiste en tener ideas, creer en ellas y hacerlas el centro y el objeto de sí mismo. Un futuro de Euskadi, nación de vascos y vascas, que no lo va a determinar sus peculiaridades étnicas, geográficas o lingüísticas sino la voluntad de acertar en la selección de los objetivos que configurarán en el futuro las próximas etapas. Un futuro vasco que busca no recuperar el pasado sino distanciarse de él. Así mismo creo que el devenir de Euskadi no está implícito en su pasado ni se deduce de él, sino que su devenir es lo que no ha sido todavía, lo que quiere ser y no tanto lo que fue, porque su historia no es tan sólo la historia de un “yo” que se ha explicitado en el tiempo, sino también la de un fenómeno evolutivo que ha recibido, que recibe y que recibirá la mayor parte de su impulso, contenido y orientación de su interrelación con otros pueblos del mundo, vecinos y no tan vecinos.

Quiero creer, por eso mismo, en un futuro vasco-europeo integrador y armonioso de la diversidad, solidario con las diferentes culturas y lenguas entendidas como instrumentos de convivencia, como lo entendía Koldo Mitxelena cuando afirmaba que el euskera y la cultura vasca no son islas y que si perviven, lo harán en Europa.

Y estoy convencido de que el tren de la reivindicación del derecho a dibujar nuestro presente y futuro no se va a detener por mucho que se mire a otro lado. Hoy, estoy convencido de que se trata de buscar un nuevo punto de encuentro político para la convivencia entre vascos y el resto del Estado, un nuevo punto que actualice y renueve el actual pacto estatutario incumplido, desnaturalizado y mermado por una estrategia de regresión. Estoy convencido de que la identidad nacional, la que sea, no se puede imponer por decreto, y que a nadie se le puede obligar a aceptar patrias impuestas.

Y afirmo, también convencido, y a estas alturas de la historia harto, que ETA asesina, aterroriza e intimida, sobra y estorba, nos avergüenza y nos ensucia. Y que más pronto que tarde sucumbirá a la voluntad democrática, inapelable y soberana, de la sociedad vasca. Y que hace tiempo que llegó el momento de clamar que no puede ser moral ni decente quien es indiferente ante el matonismo político.

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