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Todos somos responsables ante el ataque machista

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Ekaina 21 | 2008 |
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Parece incomprensible que en pleno siglo XXI, siglo de la globalización, en el que la innovación, la información, la tecnología y el desarrollo cultural son expresión máxima de la evolución del ser humano, sean todavía de extraordinaria actualidad los delitos que tienen como causa la Violencia de Género. Tenemos que ser conscientes que la Violencia de Género es una de las más importantes lacras de nuestro siglo, sesga la vida de mujeres, viola la dignidad humana y su origen es de carácter educacional. Es aquí donde creo necesitamos hacer una pequeña reflexión. No es simplemente una percepción propia o personal. Expertos en la materia afirman que este tipo de Violencia está motivada por una convicción. Una convicción por la que el agresor maltrata para mantener el comportamiento de la mujer dentro de unos parámetros que responden, exclusivamente, a su voluntad. De esta manera, el agresor está convencido de su legitimación para utilizar la violencia. En la medida en que la mujer opina, razona, decide, ejerce o siente, desviándose del patrón de personalidad que el agresor considera debe ser adecuado para "su mujer", el hombre utiliza la violencia. Podríamos denominarle como el tirano que se cree legitimado para someter a la mujer. Pero lo más preocupante, es que el agresor se siente con legitimidad desde el momento en el que, nosotros, la sociedad, la familia, el vecindario o el compañero/a de trabajo lo acepta o, simplemente, lo silencia. Debemos admitir que la sociedad que hemos construido está sustentada en códigos de dominación masculina sobre la subordinación femenina. Esos códigos sociales continúan transmitiéndose de generación a generación aún hoy, continúan heredándose. El modelo actual de sociedad, de momento y aunque más debilitado, continúa siendo el masculino, sustentado en la estructura de valores de la familia patriarcal. Creo sinceramente que debiéramos hacer un gran trabajo en este sentido ya desde muy temprana edad en la familia, allí donde se practica la primera y más fuerte socialización. Y es que la condena y socialización de esta lacra es primordial para dejar sin argumentos y legitimación al agresor en potencia. Porque no olvidemos que el maltrato mata más que el terrorismo pero no destaca como alarma social en ningún ranking de encuestas. El dato es más que constatable. En Euskadi han sido dos las mujeres asesinadas el pasado año por sus parejas o ex parejas sentimentales, dos las que han tenido tan triste desenlace, pero, son muchas más, hasta alcanzar el número de 3.869 las que en 2007 presentaron denuncia por tal causa.

Partiendo de la base de que sin la socialización del problema no habrá modo alguno de erradicación, es donde las Instituciones debemos asumir nuestra responsabilidad. En la lucha contra la violencia sexista estamos sumidos todos y cada uno de los Entes Vascos y, con ellos, los Partidos Políticos. Porque todos nosotros somos conscientes de que vivimos todavía en una sociedad marcada por las desigualdades entre hombres y mujeres, una sociedad basada en un sistema patriarcal de desarrollo y en la que las diferencias por razón de sexo tienen presencia en ámbitos como el laboral, y, por supuesto, en el personal. Al objeto de erradicar este tipo de delitos se firmó en 2001 un Acuerdo Interinstitucional, impulsado por Emakunde y asumido por las Instituciones Vascas para su mejor coordinación. Asimismo, el Parlamento Vasco aprobó en 2005 la Ley para la Igualdad efectiva de Hombres y Mujeres y, más recientemente, en el mes de marzo del presente año, la Resolución sobre la Atención a las Mujeres Víctimas de Violencia de Género.

Sin embargo, cualquier medida que se tome al respecto resulta de excepcional ayuda. Por ello, el Departamento de Interior de Gobierno Vasco impulsó la redacción de una Instrucción para la Protección a la Víctima de malos tratos, instrucción en la que han participado en su confección un equipo de expertos de la UPV-EHU, así como una notoria colaboración del Instituto Vasco de Criminología, dirigidos todos ellos por un prestigioso Catedrático de Psicología. Este protocolo, aprobado por la Cámara Vasca, lo recoge y menciona el último Informa del Ararteko como medida pionera en todo el Estado español. Se trata de un sistema impecable, de rigurosa profesionalidad en su redacción y de extremada sensibilidad en su aplicación.
El objeto del presente Protocolo es conseguir maximizar la protección de la mujer que es víctima del maltrato, así como perseguir la erradicación del delito. Resulta necesario conocer y valorar la situación de riesgo en la que se encuentra la mujer, identificando el nivel de riesgo y asignando medidas policiales de protección según cada caso y circunstancia. Medidas adecuadas a las circunstancias personales de la víctima para prevenir nuevas agresiones y protegerla adecuadamente. Esta instrucción refleja tres niveles de riesgo; básico, alto y especial, agrupados en torno a los cuales se ofrecen diversas medidas policiales de protección (vigilancia permanente, actividades preventivas, formación en autoprotección, teléfono de seguridad,...) que dependiendo del nivel de riesgo en el que la mujer víctima se encuentre, serán de obligada u optativa aplicación. El hecho de que exista este Protocolo es de innegable efectividad, no sólo por su repercusión en el número de delitos, sino también por el avance en las medidas de protección. Este sistema avala un procedimiento objetivo en su contenido, pero subjetivo en su aplicación, en el que se desglosa un cuestionario con 20 indicadores que definen el nivel de riesgo a observar. Se tiene en cuenta la información facilitada, no sólo por la víctima, sino por su agresor, por los recursos policiales intervinientes, así como por las bases de datos disponibles, pudiendo, de este modo, articular los medios de protección personal adecuados a casa caso.

Las Instituciones Vascas estamos obligadas a ofrecer las garantías para la protección de estas mujeres y en este sentido trabajamos, y así debemos seguir haciéndolo, fuera de todo criterio partidista. El problema de la Violencia de Género tiene que ser atacado desde todos los ámbitos, partiendo del ámbito social hasta el político e institucional. Todos somos responsables a la hora de responder frente al ataque machista.

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