De todos son conocidos el cariño profesado y el esfuerzo dedicado por Teresa Cormenzana a nuestra ciudad. En esa clave interpreto yo la carta que publicó este diario el pasado 23 de mayo. Permítaseme, no obstante, discrepar con el contenido de la misma.
Se equivoca Teresa Cormenzana al interpretar la oposición de nuestro grupo a la construcción de un paseo marítimo de acero y madera hasta la punta del Mompás. Sé que no hace sino repetir una idea convertida casi en dogma de fé, en verdad incuestionable del tipo “el cielo es azul” y “el sol es amarillo”; a saber: “los políticos sólo se preocupan de lo suyo, no son capaces de aceptar las buenas ideas de otro”. Sin embargo, eso no es verdad. Como muestra dos botones: en los casi tres años que llevo en el Ayuntamiento de Donostia, más del 80% de las iniciativas presentadas han sido aprobadas por nuestro grupo. Otro botón de muestra es nuestra propuesta de recuperar la plaza de la Bretxa para disfrute público. Mostrarnos en desacuerdo con la construcción en dicha plaza de un edificio que albergara la sede de la Sociedad de Turismo nos costó una larga serie de descalificaciones, entre ellas, la de oponernos al progreso de la ciudad. Hoy, en cambio, es una idea cercana a hacerse realidad y aceptada por la mayoría de la Corporación.
Sabido es que la conciencia medioambiental es algo relativamente nuevo en nuestro entorno. Afortunadamente, ha calado hondo y hoy en día es impensable acometer actuaciones que no hace tanto tiempo se consideraban normales, como verter la basura en cualquier lugar o construir al borde del mar. Esta sensibilidad se recoge en normativas que nos obligan por igual a todos y no es de recibo poner al mismo nivel la construcción de un paseo del tipo que sea y la del puerto exterior o la incineradora. Estos proyectos sí son de interés general, no así la construcción de una plataforma para poder levitar contemplando puestas de sol. Puestas de sol que –además de desde otros puntos de la ciudad- se podrían admirar perfectamente desde el sendero existente, una vez acondicionado éste. Ganaríamos para Donostia un tipo de paseo del que no andamos sobrados y conseguiríamos acercar Ulía a la ciudad. Eso también es riqueza.; como riqueza es poder discrepar y tener opiniones diversas.