Jose Ramon Beloki
12Martxoa
2008
12 |
Iritzia

Tiempo de reflexión

Jose Ramon Beloki
Martxoa 12 | 2008 |
Iritzia

Jose Ramon Beloki

Iritzia

El Diario Vasco


Los candidatos emplazamos a los electores a reflexionar el día previo a las elecciones. Ellos, en justa correspondencia, nos emplazan a hacerlo el día después.
En ese día, y en ese quehacer, estoy, mientras tengo la fortuna de poder pasear junto a un mar cantábrico, embravecido como en pocas ocasiones. En ese quehacer están también otros muchos amigos y compañeros de partido, según constato al tropezar y comentar con unos y con otros los resultados del domingo.
Tengo claro: tengo cosas, bastantes, que cambiar. Me refiero, para empezar, a mi labor parlamentaria. Tengo la impresión de que lo que hacemos y dejamos de hacer “en Madrid” constituye para muchos de los electores guipuzcoanos a los que pedí el voto el pasado domingo un mundo alejado y desconocido. Me he empeñado, durante el tiempo de campaña, en dar cuenta de lo que había hecho y/o dejado de hacer en los últimos cuatro años. Creo con sinceridad que he llegado con mi mensaje sólo a unos pocos. Peor todavía: si me tengo que atener a las preguntas a las que por los diversos medios de comunicación he tenido que responder y/o debatir durante la campaña, debo concluir que ni siquiera he percibido interés en conocerlo. Se me ha preguntado sobre esto y sobre lo otro, pero muy poco sobre lo que he hecho en los pasados cuatro años y/o voy a hacer y/o dejar de hacer en los próximos cuatro años. Este desinterés, o quizás mejor desenfoque, me preocupa, porque entiendo, sinceramente, que no responde a la realidad de lo que de verdad pesa y va a pesar en la vida diaria de los guipuzcoanos y vascos en general .No quiero responsabilizar de ello a otros, menos que a nadie a los electores y electoras del pasado domingo. Es, si de alguien, responsabilidad mía. Responsabilidad que me ha quedado claro que no se puede cumplir en quince días de campaña. Así lo pienso y así le plantearé a mi grupo y a mi partido, el PNV.
Esta falta de relación y conocimiento mutuo, entre electores y quienes somos “enviados a Madrid”, es lo que me ha movido en campaña a dar mi correo electrónico y hasta mi número de teléfono. Constituía, sobre todo, un gesto de lo que entiendo que constituye la labor principal del político, y que lamentablemente cumplimos mal: la relación permanente con los electores, dándoles cuenta de lo que uno hace, e intentando en todo momento conocer las preocupaciones de los mismos. En eso prometo insistir. No sé muy bien cómo, porque soy conciente de que la conexión político-ciudadano está ahora mismo muy deteriorada. Intentaré acertar y, sobre todo, empeñaré lo mejor de mí mismo en esa dirección.
Y recabaré de mi partido, el PNV, de todos sus militantes y de sus dirigentes, que ellos también se empeñen y me echen una mano en esa labor. Entre otras cosas, porque de los resultados del pasado domingo –y de más cosas- deduzco que tampoco ellos están en el mejor de los momentos por lo que a esta conexión caliente se refiere.
No es solamente a mí, en efecto, a quien, entiendo, han interpelado los resultados del pasado domingo. También a mi partido, tanto dentro de casa, según terminología que solemos usar, como en la vertiente institucional que, por encargo de esos mismos ciudadanos desarrollamos en distintos niveles: Ayuntamientos, Diputación, Gobierno.
No ha sido una interpelación cualquiera. Esa es cuando menos mi impresión, y la de otros muchos, según he percibido en las veinticuatro horas siguientes al cierre de las urnas. El EBB ha abierto una reflexión sobre todo ello, y ahora nos toca a todos los militantes ahondar en la misma, para sacar conclusiones y actuar, con decisión. Asumiendo riesgos, como yo mismo he dicho, a lo largo de la campaña en numerosas ocasiones que estábamos dispuestos a hacerlo.
Lo haremos, estoy seguro. Veo deseos de hacerlo. Y voluntad. No creo que sea necesario que los electores nos den otra sacudida.
Termino. Siento, en todo caso, un enorme agradecimiento a cuantos me han votado el pasado domingo. Siempre excesivos, para los méritos de uno. Agradecimiento que, más allá de las palabras, sólo puede concretarse en un trabajo que desarrollaré dando lo mejor de mi mismo.
Y lo dicho: aquí me tienen para lo que los guipuzcoanos/a, todos, los que me votaron y los que no, deseen. Que nadie dude en llamar a mi puerta, si entiende que puedo echarle una mano en algo. Un consejo: no esperen siquiera, por si acaso, a que yo les llame. Llámenme Uds., si les parece.
Eskerrik asko.

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