EN la ponencia política de EAJ/PNV aprobada en la última Asamblea General celebrada el pasado mes de diciembre se afirmaba textualmente que el futuro de Navarra, común con el resto de los vascos o diferenciado, es algo que debe estar siempre en manos de su ciudadanía y que, aunque como nacionalistas vascos lucharemos por articular políticamente los territorios vascos, siempre defenderemos que son los ciudadanos navarros quienes constituyen el sujeto de decisión que deberán determinar el futuro político.
De forma similar, en la propuesta que EAJ/PNV presentó de reforma de la Lorafna se decía que el ejercicio del derecho de Navarra a decidir su propio futuro se materializa desde el respeto por parte del Estado español al derecho que tienen los ciudadanos navarros a ser consultados para decidir su propio futuro, y desde el respeto, por parte de todas las instancias, a la decisión adoptada, tanto si esta decisión se concreta en mantener el estatus-quo vigente como si se concreta en conformar cualquier otro tipo de unidad territorial con el resto del pueblo vasco o en conformar, por sí sola, una entidad con estatuto específico.
De cualquier forma, estos principios de fidelidad a la voluntad de la ciudadanía navarra, compatibilizados con la búsqueda del mayor autogobierno para Navarra, no son ninguna novedad en los cien años de actividad que EAJ/PNV lleva desarrollando en suelo navarro. Ya en las primeras décadas del siglo pasado, EAJ/PNV fue el partido que más consecuentemente defendió posturas treintaynueveunistas . Los nacionalistas navarros desde el napartarrismo o nabarrismo preconizaban esquemas confederales con el resto de Euskal Herria y con el Estado bajo la bandera de la reintegración foral plena. La bandera de Navarra, diseñada por Oloriz, Campión y Altadill en 1910, fue asumida exclusivamente por los nacionalistas navarros hasta 1931 y fue vista como un símbolo separatista y su exhibición pública castigada. Quienes defendieron la derogación de 1839 en la Asamblea de 30 de diciembre de 1918 fueron dos nacionalistas, Cunchillos y Aranzadi. Fueron, asimismo, los nacionalistas de EAJ/PNV los principales impulsores del programa de la Alianza Foral de 1921, en el que, desde un prisma radicalmente fuerista puesto al día, se reivindicaba a Navarra como sujeto político autónomo que podía relacionarse con el resto de Hegoalde, incluyéndose, además, importantísimos contenidos de políticas económicas y sociales claramente modernos.
Durante la Segunda República EAJ/PNV fue el principal dinamizador del proyecto de estatuto de Estella de 1931 y del proyecto de Estatuto finalmente debatido en 1932. Ambos proyectos planteaban un sustancial incremento del autogobierno de Navarra en un marco unitario de tintes confederales con los demás territorios de Hegoalde y eran exquisitamente respetuosos con las instituciones forales navarras. El rechazo de los apoderados municipales navarros al proyecto de estatuto vasconavarro en junio de 1932 conllevó, tal y como entonces vaticinó nuestro partido, que el marco derivado de la añeja ley de 1841 por el que Navarra perdió sus instituciones privativas, pasando a ser una provincia más del Estado dotada de una limitada autonomía administrativa y fiscal, no experimentase ninguna modificación, ya que quienes se opositaron a aquel estatuto no se esforzaron en absoluto por un marco estatutario exclusivamente navarro.
Ya en la Transición, debemos recordar que la Lorafna fue posible gracias a una iniciativa de EAJ/PNV: los Derechos Históricos vasconavarros fueron reconocidos en la Disposición Adicional Primera y en la Disposición Derogatoria Segunda de la Constitución de 1978, gracias a una enmienda, presentada inicialmente por nuestro partido y que, modificada posteriormente tras la pertinente negociación, se incorporó al texto constitucional. Aquellas disposiciones permitieron un acceso peculiar de Navarra a la autonomía, al margen de los procedimientos previstos constitucionalmente para acceder normalmente a ella, de cuya negociación ulterior se nos marginó, al igual que a todo el nacionalismo vasco.
En los momentos actuales, como instrumento para avanzar, EAJ-PNV ha realizado una apuesta estratégica a favor de Nafarroa Bai, coalición de partidos abertzales y progresistas que, sin perder cada uno su personalidad, apuesta por un trabajo conjunto a favor de la Navarra vasquista, estrechando los lazos de cooperación con el resto de los territorios vascos desde cauces absolutamente democráticos. Desde la defensa de los derechos humanos y la denuncia de su vulneración, apuesta por Navarra como sujeto político, y defiende la participación ciudadana y la pluralidad cultural y social de Navarra como un valor a preservar y a cuidar desde la actuación política democrática.