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Urtarrila 21 | 2008 |
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Innerarity: «Es imposible un acuerdo integrador en Euskadi con viejos conceptos políticos»

ALBERTO SURIO


Daniel Innenarity, profesor de Filosofía de la Universidad de Zaragoza y uno de los pensadores europeos más lúcidos sobre los cambios experimentados en la política y la sociedad, disecciona la crisis vasca desde una mirada preocupada, aunque no exenta de «razonable esperanza». «Es imposible un acuerdo integrador en Euskadi desde los viejos conceptos políticos», cree.

-¿Cuáles son las razones de la desconfianza actual hacia la política?

-Me decía una vez Maragall, y todavía estaba en activo, que la política ha dejado de ser la cosa más interesante del mundo y la gente se ha dado cuenta. Buena parte del malestar se debe a la impresión de ser una actividad poco inteligente, de corto alcance, mera táctica oportunista, repetitiva hasta el aburrimiento, rígida en sus esquemas y que sólo se corrige por cálculo de conveniencia. Esta debilidad contrasta con el dinamismo de otros sistemas sociales. Conviven la innovación en los ámbitos financieros, tecnológicos, científicos y culturales con una política inercial y marginalizada. El repliegue de la política contrasta con el vigor de la economía o el pluralismo del ámbito cultural.

-¿Se tiende a una sociedad abstencionista?

-Estamos en una sociedad cuya ciudadanía actúa de muy diversas maneras, también participando poco o incluso despreciando la política y sus profesionales. No deberíamos interpretar la desafección como desinterés, porque puede ser una opción política tan legítima como otra. Los políticos tienen que estar muy atentos a estas señales porque, aunque los abstencionistas decidan poco un resultado electoral -que deciden más de lo que parece-, crean un estado de opinión que no puede ignorarse.

-¿Cómo influye la crisis de las ideologías en este movimiento?

-No me gustan las connotaciones que ha tenido el discurso acerca de la 'crisis de las ideologías', que ha sido utilizado para achicar el espacio de la política, para renunciar al papel de las ideas en política y justificar que se carece de proyecto. Prefiero hablar de un horizonte postheroico o de una política sin enemigos. Ha desaparecido el recurso fácil de presentarse como bueno sólo porque el adversario es malo.

-¿Se vota con el corazón, con la cabeza o con el bolsillo?

-Por una mezcla de todo. Pese a la trivialización mediática, se detecta una cierta recuperación de la función de las ideas en política, del valor de los proyectos frente a la mera ocupación de espacios.

-A mes y medio de las elecciones, ¿cuál es el balance de Zapatero?

-El fenómeno más destacable de esta legislatura ha sido eso que llaman crispación y que no se debe a que haya grandes diferencias ideológicas sino más bien a lo contrario. Surge cuando no hay mucho antagonismo sino una lucha encarnizada por hacer prácticamente lo mismo, por el poder sin más.

Estilo y liderazgo

-¿Así de simple?


-Hemos contemplado una teatralización de las diferencias cuando todos sabíamos que, por ejemplo, el PP hubiera hecho algo parecido al PSOE en los dos asuntos más polémicos: gobernar con el apoyo de los nacionalistas y explorar el diálogo con ETA. Y en este final de legislatura vamos a ver algo curioso: el PP no va a comprometerse a revisar las iniciativas legislativas de los socialistas y éstos se harán perdonar demostrando que también ellos son gente de orden. Desde el punto de vista de la cultura política veo una gran pobreza ideológica y muy poca visión de futuro. Y en Euskadi la redundancia política ha alcanzado unos niveles superlativos, que explican el aburrimiento generalizado de la ciudadanía.

-¿Faltan líderes políticos sólidos?

-Más que de solidez, hablaría de un estilo de liderazgo que sea más cooperativo, integrador y orientado al futuro. No puede liderarse sin proyecto y convicciones, pero la solidez no puede entenderse de manera autoritaria. Un líder es alguien que escucha, da juego y delibera, que tiene un proyecto pero está dispuesto a corregirlo. Las sociedades maduras han jubilado el liderazgo visionario e impositivo.

-¿Qué echa en falta de la actual élite política vasca?

-Hay una canción de Javier Muguruza titulada 'Berritzea, horixe' que cuenta una historia banal pero de gran fuerza poética. Un hombre decide, tras muchas vacilaciones, hacer lo que tenía que haber hecho mucho antes: comprarse un jersey que sustituya al viejo. Se decide por lo que en el fondo sabía que debía hacer, algo que era tan evidente que no terminaba de percibir. Lo que estaba buscando, la noticia esperada, la novedad deseada, era algo tan sencillo como eso. ¿Cuál es nuestro jersey como sociedad?, ¿aquello que sabemos que debemos hacer y no queremos acometer, enredados en mil disculpas? Un acuerdo amplio e integrador que sustituya las viejas tácticas para conseguir que un día la aritmética parlamentaria nos dé la razón. Hay mil disculpas para no hacer lo que se tiene que hacer: que si unos vetan, que si la persistencia del terrorismo impone una moratoria La sociedad vasca tiene derecho a percibir con claridad quién no quiere el acuerdo. Los electores repartirán premios y castigos.

-¿La hoja de ruta de Ibarretxe acercará la normalización o la alejará?

-Lo más importante es que seamos capaces de lograr un acuerdo y que todos comprendamos que no puede ser otra cosa que un compromiso en el que todos cedan. No será una mera negociación de competencias, pero tampoco un cambio de marco. Se puede articular en torno a una formulación moderna e integradora del derecho a decidir, que suponga un avance en el autogobierno y un punto de encuentro entre nacionalistas y no nacionalistas.

-¿De qué forma?

-Con los viejos conceptos políticos y sus instrumentos jurídicos este acuerdo es imposible. Pero cabe formular este derecho mirando al futuro, con conceptos jurídicos y políticos avanzados, más allá de los esquemas clásicos de la soberanía, con sus jerarquías y dependencias, de manera que la decisión sea planteada como co-decisión. No se trata de discutir un listado de competencias, sino de dotarlas de un contenido decisorio real y de pactar su interpretación bilateral en caso de conflicto y garantizar el cumplimiento de lo pactado. Se trata del reconocimiento de la capacidad de los vascos para hacer valer su voluntad propia y que se respeten los acuerdos alcanzados. Y no hay respeto a la libre decisión sin un sistema bilateral de garantías que permita una estabilidad institucional del marco de relación pactado e impida una restricción unilateral del nivel de autogobierno suscrito. Todo lo que no sea explorar ese espacio de acuerdo posible es caminar hacia el fracaso colectivo.

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