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¿Otra España es posible?

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Urtarrila 13 | 2008 |
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“Un proyecto político tiene que encarnar una esperanza, razonable e inteligente, o no pasará de ser más que la inercia necesaria para seguir tirando”. Daniel Innerarity.
He dudado entre varios posibles títulos a elegir, podrían ser “¿Es posible otro modelo de Estado?”, “Modelo de Estado y nacionalismos”, “España y los nacionalistas”, “¿Qué es España?”,”¿ Euskadi versus España? etc. Cualquiera de ellos podría servir tranquilamente. Al fin y al cabo de lo que trato simplemente es de hablar de Euskadi y de España, de la relación entre nación vasca y estado español, de sus relaciones, de sus amores y desamores, de sus sabores y sinsabores. Escribir sobre la Euskadi, nación vasca peninsular, -la de este lado del Bidasoa, es decir de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa- y de España, o del Estado, o de la nación de naciones…

Muy a comienzos del siglo pasado los nacionalismos de Euskadi, Galicia y Cataluña iniciaron sus primeros contactos con la intención de buscar el apoyo mutuo y hacer frente a un Estado español que arrancaba aturdido y centralista, convulso y con la imperiosa necesidad de encontrarse así mismo después de tres sangrientas Carlistadas. Guerras carlistas premonitorias de una abolición brutal del sistema foral en territorios que conocían, y vivían, a su manera un autogobierno basado en el pacto y en el acuerdo con el poder central. La voluntad de seguir siendo y la determinación de no diluirse y desaparecer como pueblos dieron origen, a la traslación política del sentimiento de pertenencia, es decir dieron origen a los nacionalismos de los pueblos sin estado. La Declaración de Barcelona de 1998 es posiblemente el compromiso más explícito por parte de los nacionalismos vasco, gallego y catalán mayoritarios en comprometerse en la construcción de un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüe. Compromiso de colaboración conjunta para construir un Estado que reconozca y respete nuestro ámbito de decisión y a conseguir el reconocimiento pleno de nuestros hechos nacionales desde el respeto democrático a las decisiones ciudadanas. Otro modelo de Estado es posible.

Es cada vez más complicado tratar las diferentes realidades nacionales como si solo fueran espacios de descentralización administrativa o de distribución de competencias porque en los Estados plurinacionales, la igualdad de derechos entre los ciudadanos no implica una simétrica distribución territorial de las competencias y atribuciones. Somos un pueblo pequeño y en nuestra defensa hemos necesitado utilizar la inteligencia y la sabiduría, la estrategia del pacto, la de la negociación y la de la cooperación…virtudes ellas necesarias para los pueblos que, como el nuestro, ha sabido permanecer en el tiempo. Así pues el pacto interno en la sociedad vasca y el pacto externo con el Estado, junto con la cooperación con nuestros aliados estratégicos de Galicia, Cataluña y con los aquellos sectores aperturistas y democráticos de la sociedad española se traducen como elementos claves a futuro. El pacto, en el seno de la sociedad vasca y con el Estado, es un procedimiento que conecta con nuestra tradición foral y sobre la que hemos construido nuestras dos experiencias estatutarias. Esta formulación compartida del derecho a decidir está en continuidad con la cultura política de la foralidad que postulaba la política desde el derecho propio y la bilateralidad de la relación. Implica garantías y condiciones de lealtad, respeto a nuestra idiosincrasia y a nuestra identidad. Obliga al acuerdo y a la cooperación, supone reconocimiento mutuo y una interdependencia en espacios de actuación compartidos.

En la misma Constitución existirian, con la suficiente voluntad democrática para verlos, instrumentos capaces de facilitar ese nuevo pacto de convivencia, como la distinción entre nacionalidades y regiones, la Disposición Adicional primera y la Disposición Derogatoria Segunda. En virtud de la Disposición Adicional del Estatuto de Gernika nuestro autogobierno contiene una expresa reserva de los derechos históricos y una apelación a su posible actualización futura, a través de la disposición adicional. Nuestro objetivo es un Estado plurinacional que respete la relación pactada con el mismo que nos permita desarrollar el autogobierno, que conlleve acuerdos políticos amplios y que nos permita centrar el debate político en materias que son vitales para el futuro de la siguiente generación de vascos. Un acuerdo que desde el respeto a los marcos institucionales actuales, permita el uso de sus potencialidades reales de modificación siempre y cuando existan mayorías sociales y políticas para ello. Un autogobierno para la nueva Europa que se va conformando, que determine para las instituciones vascas el ámbito competencial pleno necesario para desarrollar la identidad en el mundo abierto que se va conformando y que contemple garantías jurídicas plenas y sistemas de arbitraje bilaterales sobre el cumplimiento de este pacto. Un autogobierno labrado con la convicción necesaria para ganar los acuerdos y mayorías necesarias en la Comunidad Autónoma Vasca, en Nafarroa y en Iparralde. En rentaría, en Olite y en Maule. Y convicción también para buscar acuerdos de cooperación con otras formaciones políticas y sectores de la sociedad española que vean en la pluralidad del estado un factor de estabilidad y de regeneración democrática. Y para ello es necesario un intenso trabajo de pedagogía, de información y de sensibilización de la sociedad española y con sus prescriptores de la sociedad española. Se trata de convencer de que nuestro proyecto busca compartir con el resto de pueblos, culturas e identidades del estado un espacio plural, desde el respeto mutuo, desde la libre adhesión a ese proyecto. Y que esa pluralidad, nuestra inclusión en el mismo desde el respeto y la libre voluntad es la mayor garantía para la estabilidad del mismo.

Nos deberíamos marcar el objetivo de ganar voluntades y buscar aliados en el seno de la sociedad española, amén de la gallega y catalana con convicción, persuasión, afectividad, respeto y aceptación mutua. Es la propia sociedad española quien necesita dar salida al debate de qué es España, un debate que corre peligro de agotar sus propias energías. No deberíamos ser ajenos a esta reflexión compleja, difícil pero apasionante y que exigirá paciencia, constancia y determinación. Uno tiene la convicción de que el reconocimiento jurídico político de un Estado plurinacional es el mejor aval para la consolidación y la profundización de la democracia. La historia del Estado español al menos nos enseña que los avances en el reconocimiento de la diversidad de las naciones que lo componen y la mayor calidad de la democracia han sido siempre procesos parejos. Estoy convencido de que las mayorías políticas y sociales claras en la sociedad vasca, y la cooperación para conseguir un pacto con el Estado desde el reconocimiento de su pluralidad son las únicas vías para alcanzar el objetivo irrenunciable para el nacionalismo como es el de la construcción nacional de Euskadi y su autogobierno en una Europa que nos conozca y reconozca. Desde aquel “Euskadi es la patria de los vascos”, -también hoy personal e íntimamente asumido, renovado y proyectado al futuro- hasta la Europa de 2008 abierta como foto dinámica de potencial futuro, el “quid de la cuestión” nos es precisamente, tal como lo hicieron nuestros mayores, acertar de nuevo en la línea de Daniel Innerarity cuando afirma que un proyecto político tiene que encarnar una esperanza, razonable e inteligente, o no pasará de ser más que la inercia necesaria para seguir tirando. Y por si hiciera falta reiterarlo: en esta quizás voluntariosa, y por supuesto opinable, reflexión cívica, en estas historias de estrictas voluntades ciudadanas, ETA es una vergüenza para esta sociedad, una pesadilla y una rémora traidora. Es el mayor obstáculo para el progreso de Euskadi y para su derecho a decidir. ETA es quintacolumnista. Las cosas claras.

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