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“Las Nacionalidades”, Pi y Margall

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Abendua 04 | 2007 |
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(A Josu Jon Imaz, amigo, compañero de ilusiones y expresidente del PNV)
Este mes de noviembre hace 106 años (29-XI-1901) que Pi y Margall falleció en Madrid a la edad de 78 años y 131 años ( 14-XI-1876) que prologó su obra cumbre “Las Nacionalidades”. El que fue segundo presidente, de un total de cuatro, de la I. República nació en Barcelona un 29 de abril de 1824. A los veintitrés se doctoró en Derecho en Madrid. A los veintisiete publicó una “Historia de la Pintura”, a la que siguió “La reacción y la revolución” que fue el primero de sus libros defensores del federalismo y en el que anunciaba la revolución política y social que, según él, urgían en España. Se incorporó a la política a los veinticinco, pero antes de dedicarse a la abogacía colaboró en periódicos como “La Razón”, “El Museo Universal”, “La América” y “La Discusión”. A la edad de cuarenta y dos años, en los tres años que conoció el exilio político en París, volvió a sus tareas literarias y completó sus estudios filosóficos sin dejar en ningún caso de ejercer la abogacía, tradujo al castellano “El Principio federativo” de Proudhon, así como algunos libros sobre economía. Regresó en 1869 a Cataluña y logró en las Cortes Constituyentes de 1869 un escaño de diputado por Barcelona de la mano del Partido Republicano Federal, al que no apoyó en su levantamiento insurreccional y del que posteriormente fue presidente. Tres años más tarde advino la República soñada por Pi y Margall y sus correligionarios políticos, una República que duró poco, que fue inestable y que conoció cuatro presidentes. Pi y Margall fue ministro de gobernación en el primer gobierno republicano y jefe del ejecutivo en el segundo sustituyendo a Estanislao Figueras. Su mandato fue muy breve, algo más de un mes, y convulso, con intrigas, turbulencias, levantamientos, crímenes y con otra guerra carlista por medio. El Proyecto de Constitución Federal de la República, firmada entre otros por Castelar y Canalejas, y con artículos tan audaces como el 1 y el 39, así como el Título XIII (artículos 92-105) que de ver luz hubieran supuesto un auténtico revolcón en la estructura territorial de España, en línea de un Estado realmente plurinacional y profundamente respetuoso con la diversidad nacional, que quizás nos hubieran deparado un presente, “nacional-estatal”, radicalmente diferente al actual. A raíz del verano de 1873, -demasiado para un hombre como Pi y Margall, filósofo, literato, jurisconsulto, íntegro, leal y trabajador ejemplar- decidió apartase de la política directa y se reintegró a sus tareas estudiosas, a su ejercicio forense, su investigación histórica y a su interrumpida actividad literaria. Empezó por estas fechas la preparación de “Las Nacionalidades”. Fue objeto de atentado el 3 de mayo de 1874 en su propio domicilio, Pi y Margall salió ileso y el atacante se suicidó. La finalización de la breve primera República, que apenas duró un año, diez meses y dieciocho días, trajo pareja la desintegración de los partidos republicano y federal y el paso consiguiente de sus promotores y seguidores a una posición opositora con respecto a la Monarquía ya restaurada.


Fue elegido diputado en las legislaturas de 1886 y 1891. Entre ambas legislaturas, en 1878, fue detenido por presunta conspiración y propaganda de su credo federalista aunque fue puesto en libertad sin poder probar nada contra él. Así lo describía el Conde Romanones: “...le escuchamos en el Congreso varias veces; viva está aún en nuestra retina la imagen de su rostro; en nuestro oído, el recuerdo de su voz. En lo físico, tan corto de talla como su apellido, serio el cráneo, enjuto el rostro; los ojos claros y pequeños, la mirada profunda, velada de continuo por los cristales de los lentes. Para él, la risa y la sonrisa eran desconocidas; sin duda, la rigidez facial de sus músculos se lo impedían. Completaba la austeridad de su figura el indumento: vestía siempre negra levita, negra era también su corbata y no usaba para salir a la calle otro tocado que el sombrero de copa... De pasiones concentradas, dueño de su voluntad aun en los momentos de mayor ardimiento de la lucha, ni por un solo instante dejaba de obtener la victoria más difícil para el hombre: la victoria sobre sí mismo...” En 1887 publicó su obra principal “Las Nacionalidades” y posteriormente, en 1894, su “Programa Federal”. Desde entonces, prácticamente apartado de la política activa, pronunció conferencias en muchos sitios y escribió profusamente. Político sincero, leal con sus ideas y consigo mismo: “...busco hace tiempo en la federación el organismo interior y exterior de las naciones, y no abandono una empresa que considero todos los días más grande y fecunda...digo lo que pienso y creo justo, sin modificar ni velarlo por mi propia conveniencia ni la de mi partido; y pues trato de convencer, no de seducir, lo digo en el lenguaje sencillo y claro que a la verdad corresponde. Nadie busque aquí, por lo tanto, ni párrafos estudiados ni artificiosas teorías...en vez de partir de hipótesis más o menos admitidas, he observado atentamente los hechos, y por el examen de las leyes a que obedecen he llegado a las doctrinas que sostengo...tengo la esperanza de que se realice mi idea...” encabezó con estas líneas el libro donde mejor expresa sus ideas políticas, “Las Nacionalidades”.


Obra vital que divide en tres pequeños pero muy interesantes libros. Así en el primero trata y lo titula como “Criterios para la reorganización de las naciones” y trata profusamente sobre los grandes y pequeños pueblos, sobre criterios históricos -o no- e ideas para la formación de grandes naciones, sobre cómo reconstituir las naciones, y si ¿son preferibles las grandes o las pequeñas? Menciona y trata sobre Italia, Alemania, Holanda, Bélgica, España, Francia, Inglaterra, Escandinavia, Rusia, Austria, Turquía, Polonia, etc. En el segundo libro que lleva de encabezamiento “La Federación” trata sobre la idea y el fundamento de la Federación, sobre las atribuciones del poder federal. Sobre las cuestiones entre pueblos confederados, la libertad y el orden. Sobre la igualdad de derechos y deberes de los pueblos, sobre los medios que se han de conceder al poder federal para el ejercicio de sus atribuciones. El segundo libro finaliza con unas reflexiones que versan sobre los poderes federales, cuántos, cuáles, relaciones etc. El tercer libro es una aproximación a como indica el título “La Nación Española” y refleja sus ideas cuando habla de cómo se fueron reuniendo los diversos reinos de España, los conflictos que dio lugar la unidad y cómo se habrían podido evitar. Habla de la derogación de los Fueros de Aragón, Cataluña y Valencia y de cómo sin embargo se mantuvieron en las provincias el espíritu de independencia junto con el sentimiento nacional. Comenta las consecuencias de haberse adoptado el principio unitario contra la tendencia de nuestros pueblos. Denuncia la ineficacia del principio unitario para dar a España la unidad que se buscaba. No podían faltar con un tratamiento generoso las cuatro Provincias Vascas y su Legislación Foral, así como en Cataluña, Mallorca y en las provincias de Castilla. Habla de la diversidad de lenguas, de costumbres, de pesas y medidas. Reflexiona sobre en qué se ha establecido hasta ahora la unidad y los efectos de la unidad política y administrativa. Finaliza el tercer libro y con él la obra en su conjunto con reflexiones sobre en qué se debe y en que no se debe respetar la unidad establecida, sobre la federación española y el procedimiento para organizarla. La atribución y la organización del Poder Federal son el colofón de unas ideas que ojalá hubieran cuajado hace ciento treinta años. Otro gallo cantaría hoy en España y en Euskadi.


Eutsi eta animo Josu Jon Imaz, abertzale eta lagun zintzoa. No tardes, sabes que muchos y muchas te esperaremos siempre. Ez adiorik, geroarte baizik. ¡Hasta pronto¡

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