Iritzia
23Urria
2007
23 |
Iritzia

En memoria de Lluis Companys y otros

Iritzia
Urria 23 | 2007 |
Iritzia

Un 15 de un octubre de hace ya 67 años Lluis Companys Presidente de la Generalitat de Catalunya fue fusilado al amanecer en el foso del Castillo de Montjüic, no quiso que le vendaran los ojos y descalzo por querer tocar con la planta de los pies directamente tierra catalana estalló en un ¡Per Catalunya! antes de recibir la descarga mortal. En el mismo sitio, 31 años antes caía también fusilado el profesor y pedagogo Ferrer i Guardia u 13 de octubre de 1909. Companys fue detenido poco antes por la Gestapo de Hitler en la Francia ocupada con la complicidad del gobierno colaboracionista de Vichy y entregado en la frontera a la policía de un Franco victorioso de su golpe de estado contra la II República y caudillo de una guerra civil que asoló a España durante tres sangrientos años. Eran tiempos en los que la II. Guerra Mundial también asolaba todo lo que encontraba por delante. Tiempos de totalitarismos en el poder.
Franco sometió a Companys Presidente de la Generalitat de Catalunya a un trato denigrante, lo encarceló, torturó, lo condujo a una comedia de Consejo de Guerra y lo fusiló. Lo fusiló no por lo que había hecho o dejado de hacer, sino simplemente por lo que era y por lo que representaba. Los fascistas fusilaron a la persona pero pretendieron borrar de Catalunya a la máxima representación que él encarnaba, la legalidad republicana y la Generalitat. La opinión sobre la gestión de Lluis Companys es tan discutible como la de cualquier otro dirigente que hubiera vivido en tiempos, como los vivió él, de duras turbulencias sociales y políticas. Franco venció, y además quiso intentó tener la razón con la fuerza de las armas, y para siempre, por ello continuó fusilando en el castillo de Montjüic hasta el año 1945. Pura historia. Companys hoy reposa en una tumba en el “Fossar de la Pedrera” junto a otras víctimas de la represión franquista. No fue precisamente la primera vez que conoció la cárcel ni la persecución. Lluis Companys i Jover hijo de Josep Companys i Fontanet y de Maria Lluisa de Jover nació en Tarrós, Lleida en 1882 en el seno de una familia de agricultores. Desde muy temprano mostró sus inquietudes favorables a la República militando desde joven en asociaciones y organizaciones republicanas y catalanistas, estudió Derecho en Barcelona.

En Catalunya casi todos lo hacen suyo, algunos por nacionalista, otros por progresista en la defensa de las capas populares, hay quien lo hace suyo por republicano o hasta por independentista. Recién acabada la carrera de Derecho destacó por su incondicional apoyo y defensa de los obreros sindicalistas, Director de la “La lucha” en 1916, un año más tarde fue elegido concejal del Auntamiento de Barcelona por el Partido Republicano Catalá. Sensible a la problemática social a partir de 1919 cuando se iniciaron las grandes movilizaciones obreras presididas por la CNT y cuando apareció el pistolerismo y se incrementó la represión gubernamental, actuó como abogado de los obreros, cuestión por la que fue deportado en Mahón en tiempos de Martínez Anido.

Fue uno de los cofundadores de ERC y el 14 de abril de 1931 proclamó la República desde el balcón del Ayuntamiento de Barcelona. Llegó a ser diputado en las Cortes de la República, pero también en el Parlamento de Catalunya que presidió, gobernador civil de Barcelona y brevemente ministro de Marina en tiempos de Azaña. En 1934 sucedió al fallecido Francesc Maciá como Presidente de la Generalitat. Fue, por lo tanto abogado, periodista y político. El 6 de octubre de 1.934 y como respuesta a la entrada de ministros antirrepublicanos de la CEDA en el gobierno de Lerroux, proclamó el Estado Federal Catalán, y ello además, en plena huelga general y en una insurrección minera en Asturias sofocada a sangre y fuego por Franco. Lluis Companys fue detenido, juzgado y condenado a 30 años. Recuperó la presidencia de la Generalitat después de la amnistía y salida de todos los presos políticos consecuencia de las elecciones de febrero de 1936 con la victoria del Frente Popular.
Estallada la guerra civil preservó las instituciones catalanas y consiguió integrar en el Gobierno de la Generalitat incluso a la CNT y otras organizaciones obreras que consiguieron hacer abortar en Catalunya la sublevación militar fascista. A partir de 1937 abundaron sus enfrentamientos con el gobierno republicano de Negrín y ya en 1939 con los fascistas entrando en Catalunya y pisándole de cerca los talones, huyó a francia, cruzando su frontera a pie y acompañado del Lehendakari del Gobierno Vasco José Antonio Agirre Lekube. Una año más tarde fue apresado por los nazis. El Lehendakari José Antonio Agirre pudo escaparse por los pelos, tuvo más suerte. El nacionalismo vasco referenciado sobre todo en el Partido Nacionalista Vasco apoyó la República legalmente constituida, apoyó la legalidad democrática y constitucional, se opuso con los medios de que disponía a los golpistas, sus gudaris voluntarios murieron en el frentes y ante los paredones, sufrió durante 40 largos años el zarpazo del fascismo, resistió en la clandestinidad a la dictadura, guardó el testigo de la libertad y del autogobierno y escribió así con letras de oro en el libro de la historia su carácter profundamente democrático. Letras perfiladas con grafía frontalmente antifascista, en palabras del poeta fusilado el 25 de junio de 1937 en Vitoria “Lauaxeta” “dena eman behar zaio maite den askatasunari”. Otro poeta amigo suyo, Federico García Lorca, ya había caído también bajo las balas de fusiles facciosos un año antes en Granada. Eran los tiempos de José Antonio Aguirre, Leizaola, Landáburu, Irujo, Galíndez, Rezola, Ajuriaguerra y otros que sufrieron, resistieron y pagaron muy cara su coherencia democrática y su lealtad con la libertad como el Consejero de Sanidad del Gobierno Vasco Alfredo Espinosa fusilado por los facciosos, un día antes de “Lauaxeta” también en Vitoria. Antes ya habían caído “Aitzol”, Martín Lekuona y otros sacerdotes y alcaldes vascos como Fortunato Agirre de Estella.

Desde los valores de la democracia, los derechos humanos y la paz, es de estricta justicia reivindicar la memoria de todas las persona que perdieron la vida por la guerra civil defendiendo la democracia y la libertad, los ideales de la justicia y contra el fascismo. Hora del reconocimiento de las personas que sufrieron persecución, exilio, deportación o cárcel por su compromiso político a favor de la democracia y del autogobierno de los pueblos. Ojala el tiempo ponga a todos en el sitio que les corresponde, porque hay que dejarlo meridianamente claro: mientras unos fueron leales a la República y al Gobierno legalmente constituido, otros, cometieron traición a la legalidad, a la República, a la libertad y a la democracia. La guerra civil fue un fracaso colectivo, sí, un fracaso de la política y de la capacidad de diálogo del ser humano, sí, pero algunos fueron muchísimo más culpables y responsables que otros. Ojala que no lleguen a cortarse los hilos de la historia. En ese sentido, transcurridos ya, cerca de dos años de la entrada en vigor de la Ley de Devolución de Documentos incautados en la guerra civil, y “custodiados” en el Archivo General de Salamanca el Gobierno de España no ha procedido aún a desarrollar la disposición adicional primera, en la que se contemplaba la restitución de documentos, es por ello que el Grupo Vasco en el Congreso pretenda reclamar al Gobierno a aprobar y publicar el procedimiento señalado en la Disposición Adicional Primera de la Ley 21/2005, a fin de proceder a la restitución de documentos y efectos de las personas naturales o jurídicas de carácter privado.

Y respecto a la Ley de Memoria Histórica, no soy jurista y no puedo contrastar con un mínimo de rigor la viabilidad jurídica o no de declarar ilegítimos, nulos, injustos etc. los juicios llevados a cabo durante la dictadura tanto en los Consejos de Guerra, como en los juicios sumarísimos del TOP (Tribunal de Orden Público) siempre por jueces o militares fascistas, pero uno tiene claro que miles de personas, como Companys y Puig Antich entre otros, se merecen reconsideración, restitución, rehabilitación, o como se quiera o pueda, y en sus nombres no creo que sea mucho pedir, que desaparezca de una vez toda simbología franquista en iglesias, vías y edificios públicos. A finales de septiembre de hace 32 años, Europa se estremeció ante unos juicios sumarísimos, sentencias y fusilamientos, entre otros, los de “Txiki” y Otaegi -doce años antes caía fusilado en Madrid el dirigente comunista Julián Grimau-. Eran los estertores de un régimen que durante cuarenta años reprimió demócratas, oprimió naciones y pretendió acabar con la dignidad de muchas personas. Va mi particular homenaje, a todas ellas, a todos esos, otros y otras, anónimos y anónimas de la libertad caídas en tierras castigadas por el faccioso, aquí y allá. No los olvidemos.

PARTEKATU