"Los grandes centros comerciales de Euskadi siguen siendo todavía las grandes ciudades"
Un año más, el Gobierno vasco pone en marcha su campaña en favor del pequeño comercio, un sector enfrentado a las grandes superficies. El viceconsejero de Comercio, Rodrigo García, toma partido por el comercio urbano e intenta dotarle de las armas para hacerlo competitivo.
gasteiz.¿Qué novedades plantea esta nueva edición de la campaña del Gobierno vasco en apoyo del pequeño comercio?
Se trata de una nueva edición de la campaña Donde hay comercio hay vida, una iniciativa que desarrollamos desde 1998. Cuando llegamos al Departamento de Comercio quisimos dar un vuelco a otros mensajes que se estaban lanzando con anterioridad, como podía ser Que no te den gato por liebre, que tenía una connotación peyorativa hacia el comercio, y nuestra apuesta fue por el comercio de confianza. Donde hay comercio hay vida es una apuesta por el comercio urbano.
¿Debe el Gobierno vasco tomar partido en la guerra abierta entre pequeños comercios y grandes superficies o hay que fomentar otras medidas?
Más que por la lucha entre grandes y pequeños comerciantes, debemos prestar apoyo al comercio de nuestras ciudades, que en definitiva va a convertirse en el motor de la ciudad. Tiene que existir una cooperación entre los ayuntamientos, que son los que están dignificando los entornos desde el punto de vista del urbanismo comercial, con la peatonalización de las calles, la instalación de mobiliario urbano atractivo, etc. Medidas que fomenten la creación de puntos de encuentro, que la gente pasee, que salgan con la familia y que, después de tomarse un café, puedan comprar sin la necesidad de coger el coche, hecho que incluso desde el punto de vista medioambiental es positivo. También es un factor que contribuye a la cohesión social, porque ofrece un servicio de cercanía a, por ejemplo, las personas mayores con limitaciones de movilidad.
¿Qué ciudades deben servirnos de ejemplo a la hora de impulsar el comercio urbano?
Queremos plasmar el modelo europeo de ciudades con vida y no el estadounidense, con oficinas y bancos en un centro que por la noche se queda desierto. Pero no creo que debamos fijarnos en ninguna ciudad en concreto, ya que nuestro propio modelo es bueno. No existen otras ciudades europeas más avanzadas que nosotros en este sentido, estamos al mismo nivel que cualquiera. Sobre todo por el volumen que tiene nuestro comercio, por ejemplo en Bilbao, que es realmente importante tanto en cantidad como en calidad. Pero lo mismo se puede decir de cualquiera de nuestras ciudades.
¿La presión que ejercen los grandes grupos ahoga al pequeño comerciante vasco?
En el mundo del comercio la competencia es feroz y nuestro deber es mantener y hacer sostenible el comercio urbano. Existe un proceso de concentración de los grandes de la distribución y la tarta se reparte cada vez entre menos. Estas grandes empresas abarcan un amplio espectro de sectores, ya que además de los hipermercados cuentan con establecimientos de reparación de automóviles, ropa para niños, etc... Ante esta situación no queda más remedio que ser competitivo.
¿Qué armas puede emplear el pequeño comercio para afianzar su competitividad?
El comercio de proximidad debe valerse de la cercanía, del trato personalizado, de la calidad y del mejor de los servicios. Para lograr estas metas, nos hemos reunido con los comerciantes y hemos abordado un plan de competitividad que apuesta por la calidad, por la innovación y, sobre todo, por la cooperación.
¿Cooperación?
Por supuesto. El comerciante debe ver al establecimiento de al lado como un aliado y no como un adversario, porque lo que compite es el entorno y queremos que la ciudadanía se quede en el centro de la ciudad. Para ello debemos contar con un entorno agradable, aunque eso será responsabilidad del ayuntamiento, pero también hay que dotar de vida a las calles. Para eso es fundamental el papel que juegan las asociaciones de comerciantes.
¿Por qué resulta tan exitoso el modelo de las grandes superficies?
Las grandes superficies no han hecho más que copiar el modelo de las ciudades. Lo han trasladado a las afueras, le han colocado un techo y han instalado árboles, bancos, bares y restaurantes. Al final, se puede decir que es un pedazo de ciudad situado fuera de ella y cubierta. Pero cuenta con una gran ventaja, y es que existe un director de orquesta. Hay un gerente que organiza actuaciones y eventos, precisamente lo que necesita el comercio urbano. Gerentes que dinamicen, que se preocupen de que la calle esté viva. Además, es muy importante la colaboración con los ayuntamientos porque el suelo sobre el que se asienta el comercio urbano es público.
¿Hay cabida para más comercio periférico dentro de la CAV?
Creo que en nuestra comunidad estamos suficientemente dotados en este sentido. Hay una docena de grandes superficies importantes que ocupan cerca del 35% de la superficie comercial de la CAV . Creo que existe un equilibrio. La oferta es variada, pero todavía el gran centro comercial de Euskadi son las ciudades.
¿El pequeño comercio atraviesa por un buen momento?
El pequeño comercio de Euskadi se ha portado. En los últimos ocho años hemos pasado de 38.000 comercios a 40.000. Además, es importante destacar que las nuevas incorporaciones al sector ocupan a más personas, de manera que el número de empleos ha crecido desde los 90.000 a los 120.000 trabajadores, con lo que el sector comercial representa el 12% del PIB del país y es un sector consolidado.
¿Se comporta de igual manera el sector dentro de los tres territorios?
Los tres presentan comportamientos similares. Quizás el territorio más diferente sea Araba por la macrocefalia que presenta la capital con respecto al resto. Bizkaia y Gipuzkoa están distribuidos, tanto desde el punto de vista comercial como de equipamiento y población, de una forma más equilibrada, sobre todo Gipuzkoa. Por lo tanto, tenemos una gran metrópoli, el Gran Bilbao, dos capitales de tamaño importante, que son Gasteiz y Donostia, junto con su entorno, y cabeceras comarcales que queremos propiciar a través de los programas merkagune.
¿Cómo funcionarán los merkagunes?
Dinamizarán el comercio dentro de esas cabeceras comarcales y harán posible que los ciudadanos puedan comprar sin la necesidad de salir fuera de su propio entorno, sin tener que desplazarse hasta las capitales o a las grandes superficies periféricas. Hablamos de municipios de entre 15.000 y 50.000 habitantes. Para ello, desde el punto de vista territorial hemos limitado la presencia de esos grandes cajones comerciales periféricos. Lo deseable es que la gran empresa se ubique en las tramas urbanas y ello lo vamos a propiciar a través de una modificación de la ley, ya que tenemos una directiva de servicios que nos limita la capacidad para otorgar licencias de implantación.
¿Cómo afectará esa directiva al pequeño comercio?
La directiva afectará tanto al comercio como a todos los servicios en el sentido más amplio, ya que se trata de una directiva de amplio espectro. Lo que más nos preocupa es la limitación que establece a la concesión de licencias comerciales para gran empresa, que es lo que nosotros veníamos haciendo. La directiva prohibe que digamos si un establecimiento puede instalarse en una comarca.
¿Qué criterio seguían para tomar estas decisiones?
Lo hacíamos a través de un análisis de la oferta y la demanda. Si la demanda estaba cubierta provocábamos que la oferta no creciese. La directiva, como tiene un espíritu más liberalizador, dicta que si un empresario quiere implantarse es su problema y su riesgo económico, y que la Administración no es quien para limitar su presencia. Respetamos esa decisión y entendemos que no nos ocasiona especial extorsión pero hasta que se pueda, que será a finales de 2009, continuaremos con nuestra política. A partir de esa fecha, hemos realizado cambios en la ley para que sean los ayuntamientos, a través de herramientas de planeamiento urbano, los que direccionen esa inversión de la gran empresa a la trama urbana consolidada.
Suenan voces críticas que hablan de recesión y crisis. ¿Deben los consumidores y los comerciantes vascos preocuparse?
La economía, como ciencia, presenta una componente muy importante de confianza y si la ciudadanía y los empresarios no tienen esa confianza es cierto que la economía se resiente, se invierte menos y el consumidor no gasta con la misma alegría. También es evidente que los tipos de interés han crecido y eso hace que debamos destinar, porque todos tenemos alguna hipoteca por ahí, una parte mayor de nuestro salario a pagarla y nos veamos obligados a ajustarnos el bolsillo. Nuestros gustos van cambiando y si antes dedicábamos más dinero a la alimentación, ahora gastamos más en ocio. Si antes regalábamos joyas, ahora puede regalarse un viaje. Todos estos factores pueden afectar a los ciclos económicos y, si llega uno más negativo sabremos comportarnos.