la pasada semana, en la presentación de la valoración del Gobierno Vasco sobre el cumplimiento de la Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias en el Estado español con relación al euskera, mostré el deseo del Gobierno Vasco de "proponer la creación y puesta en marcha de un Órgano Común y Permanente entre el Gobierno de Navarra y el Gobierno Vasco para la promoción del uso del euskera, un órgano que posibilite coordinar las políticas lingüísticas respectivas, con base al más absoluto respeto institucional y a las respectivas estructuras jurídico-administrativas" (extracto literal de la información de prensa). Añadí que esta propuesta sería trasladada de manera oficial al Gobierno de Navarra inmediatamente después de que procedieran al nombramiento del director o directora del Euskararen Nafar Institutua/Instituto Navarro del Vascuence, institución pública de reciente creación que asume las competencias relacionadas con el fomento y difusión del euskera en la Comunidad Foral.
No esperaba reacciones tan crispadas, ni esperaba que una propuesta de colaboración fuera a ser tachada de provocación y condenada al fuego eterno mediante una amplia colección de descalificaciones dirigidas a mi persona, petición de cese incluido (¡ay la injerencia!). Una verdadera pena, máxime si tenemos en cuenta que la propuesta del Gobierno Vasco responde no sólo a la legítima convicción tantas veces manifestada a favor de la colaboración en materia de fomento del euskera, sino también a los preceptos de la propia Carta Europea y a la evaluación y/o recomendación efectuada de manera expresa por el Consejo de Europa en el Informe de Seguimiento del año 2005. Conviene tener presente que en el informe definitivo de 2005, asumido por el Consejo de Europa, el Comité de Expertos se manifestó en los siguiente términos en el párrafo 100: "El hecho de que el vascuence esté dividido entre dos entidades administrativas diferentes, es decir, las dos Comunidades Autónomas en cuestión, conlleva la necesidad de establecer una estrecha coordinación entre estas diferentes entidades administrativas"; y en el párrafo 134 bis, el Comité de Expertos "alienta a todas las autoridades competentes a hallar modos de reforzar la cooperación entre el País Vasco y Navarra en los ámbitos previstos en la Carta". Nadie, ni siquiera el Gobierno de Navarra, que yo sepa, ha considerado tal valoración del Consejo de Europa como injerencia: resultaría un sinsentido poner en entredicho compromisos ratificados con anterioridad por el Estado español. Tampoco creo que pueda ser tachado de injerencia lo que en el borrador del último informe presentado por el Gobierno de España se señala: "Según el Gobierno Vasco, fuera de la Comunidad Autónoma del País Vasco, destaca también el bajo porcentaje de bilingües en la zona costera del País Vasco Norte y en el Sur de Navarra" y "las divisiones administrativas existentes en el territorio del euskera, y la existencia de diferentes modos u opciones de entender la política lingüística a seguir en relación a la lengua común dificultan la acción positiva y coordinada entre la Comunidad Autónoma Vasca y la Comunidad Foral de Navarra. El Gobierno Vasco estima que sería deseable la existencia de un órgano de colaboración y coordinación estable en el ámbito de la promoción y el uso del euskera entre estas dos instituciones públicas (…) El Gobierno Vasco reitera su voluntad favorable a hacer posible la colaboración entre el Gobierno Vasco y el Gobierno de Navarra a favor de la normalización del euskera, desde el máximo respeto institucional, tal y como se viene realizando entre el Gobierno Vasco y las autoridades públicas del País Vasco francés. El Gobierno de Navarra, sin embargo, y según el Gobierno Vasco, ha declinado la propuesta de colaboración". ¿Acaso es explicable que dos Comunidades que comparten límites geográficos y un acervo lingüístico y cultural, se den la espalda en todo lo relativo al fomento del conocimiento y uso del euskera? ¿Acaso es explicable que el Gobierno Vasco pueda formalizar acuerdos de colaboración estable con todas las instituciones públicas en Iparralde -incluida la Prefectura del Gobierno de París- o con los gobiernos de Chile y Colombia, que tengamos solicitudes de colaboración de otros países extranjeros, al tiempo que mantenemos marcos estables de colaboración con la Generalitat de Catalunya y la Xunta de Galicia y sin embargo no sea posible algo similar con el Gobierno de Navarra? ¿Acaso es explicable que no haya sido posible colaborar ni siquiera en la elaboración de la IV Encuesta Sociolingüística del euskera en Navarra, mientras sí lo ha sido con las instituciones públicas en Iparralde? Me rebelo ante el hecho de que sea posible hablar sobre carreteras o ferrocarriles, pero hablar y cooperar sobre el euskera sea un tema tabú.
Pasemos página. Nos interesa mirar al futuro. La ideología del euskera debe consistir en no entender de ideologías. Reclamo que nadie caiga en la tentación de instrumentalizar de manera partidista el euskera, porque si de verdad el euskera es patrimonio de todos, todos sin excepción, por encima de los legítimos colores políticos y de los legítimos ámbitos jurídico-administrativos, tenemos la obligación de colaborar y sumar esfuerzos en beneficio del bien común, que es la lengua. Por supuesto, sobre la base del máximo respeto institucional y del cumplimiento del ordenamiento jurídico, y sobre la base de que a cada gobierno le corresponde decidir la política lingüística en su ámbito territorial. Trabajar en común a favor del euskera sólo puede traer beneficios para la convivencia y entendimiento respetuoso de los ciudadanos de Nafarroa y Euskadi. El euskera es demasiado débil para que le neguemos suma de esfuerzos, recursos y voluntades. Ésta es mi respuesta a las descalificaciones e insultos, y éstas son las razones de la propuesta del Gobierno Vasco. Se me ha pedido que rectifique. Yo no pido rectificaciones ni siquiera de los insultos pero si el problema reside en la denominación "Órgano Común y Permanente para la promoción del euskera" la rectifico, queda hecha esa rectificación, y manifiesto que podría ser válida cualquier otra denominación. Lo que de verdad quiero, y a eso no renuncio, es colaborar. Incluso no tendría inconveniente en aceptar una colaboración sin expresa denominación, como tampoco tendría inconveniente en aceptar distintos grados de colaboración según la voluntad del Gobierno de Navarra. Lo importante es caminar y todo el camino que oteamos en el horizonte, todo él, sólo es camino de mejora. Recorrámoslo, hagamos caso al Consejo de Europa, reforcemos la cooperación para la promoción del euskera, porque en todo caso será beneficioso para la ciudadanía de Nafarroa y Euskadi.