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La obligada descolonización del Sahara occidental

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Ekaina 22 | 2007 |
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Antes de hacer una reflexión sobre el momento político actual del Sahara Occidental, quiero dejar constancia de que el País Vasco ha sido, es y seguirá siendo, sin duda alguna, un referente de solidaridad y de apoyo político a nuestro pueblo hermano, el pueblo saharaui. Vaya desde el País Vasco el más firme apoyo, ánimo y felicitación al Frente Polisario, porque una vez más ha sabido sentarse en unas negociaciones directas con el propio invasor, Marruecos, tratando de buscar alguna luz, alguna salida al continuo incumplimiento de la legalidad internacional por el reino de Marruecos.
El problema saharaui no es simplemente una cuestión de acuerdos y desacuerdos entre las partes en litigio, es un asunto claramente de descolonización que continúa estando viva en la agenda de la Organización de las Naciones Unidas.

El asunto saharaui es un tema de muy larga y penosa duración. Las propias Naciones Unidas, en 1945, proclamaron "el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos" como uno de sus principios fundamentales.

La libre determinación significa que el pueblo de una colonia o de un territorio dependiente decide sobre el estatus futuro de su patria. El caso del Sahara Occidental es el único y último territorio no autónomo del continente africano aún sin descolonizar. La Carta de las Naciones Unidas define el territorio no autónomo, como "un territorio cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud de gobierno propio". En su momento el dictador Franco y su gobierno no quisieron entender que la carta de las Naciones Unidas se refería también a ellos, y a la que era su colonia, el Sahara Occidental.

En 1976 tuvo que intervenir el Tribunal Internacional de La Haya, quien en su dictamen del 16 de octubre, asumía con total claridad y contundencia la no existencia de vínculo de soberanía territorial alguno entre el Sahara Occidental y el reino de Marruecos. Asimismo, en el mismo dictamen, indicaba que en el caso del Sahara Occidental se debía aplicar la resolución 1.514 del 14 de diciembre de 1960 de la Naciones Unidas, referida taxativamente a la independencia de los países y pueblos coloniales. A partir de aquí surgen un sinfín de traiciones del gobierno franquista y posteriores gobiernos, con la participación directa del entonces príncipe Juan Carlos, quien en la madrugada del 13 de noviembre firma en su condición de Jefe de Estado en funciones, el documento que las Cortes, sumisas al régimen, le habían presentado para legalizar el acuerdo tripartito entre España, Marruecos y Mauritania, cediendo por parte de España su colonia, el Sahara Occidental, a Marruecos y Mauritania.

Ésta es una de las traiciones más vergonzosa y vergonzante, incumpliendo toda la legalidad internacional, con el agravante de que dos días antes, el referido príncipe, había prometido en una visita oficial al Aaiun, ante las fuerzas militares y ante el Pueblo Saharaui, que el Sahara nunca sería abandonado hasta cumplir la demanda de las Naciones Unidas con la celebración del referéndum de autodeterminación e independencia, esto es, la descolonización.

Lamentablemente la invasión de Marruecos, interrumpe el proceso de descolonización, quedando paralizados los pequeños pasos que se habían dado hasta entonces.

Comenzaba la reflexión con un agradecimiento y felicitación al Frente Polisario por sentarse de nuevo con Marruecos en una negociación directa, en un nuevo intento de buscar una salida digna para las dos partes en litigio y que no es otra que la soberanía, la independencia y la integridad territorial de los dos países, Marruecos con las fronteras que heredó en 1956, tras su descolonización de Francia, y el Sahara Occidental con las establecidas en la propia colonia de España.

La gran duda que me embarga es el porqué de la necesidad de un nuevo acuerdo si los habidos hasta el día de hoy no han servido para nada, ya que el reino alauita ha incumplido todo lo acordado. Conviene recordar los referidos acuerdos: el Plan de Arreglo del año 91, antes de la firma del armisticio; los Acuerdos de Houston de 1997; y el Plan de Autodeterminación del Pueblo Saharaui, elaborado por James Baker a petición del Consejo de Seguridad y aprobado por el mismo Consejo en su resolución 1.495 del 31 de julio del 2003.

Como dato anecdótico, pero muy importante, recuerdo el 27 de abril de 1998, vísperas del cumplimento de los acuerdos de Houston. Participé en la visita que el secretario general Kofi Annan realizó a los campamentos de refugiados del Tindouf. Ante una pregunta planteada por un periodista belga en la que solicitaba la opinión del secretario general de lo que sucedería en el supuesto de que una de las partes no cumpliera los acuerdos firmados e impidiera la celebración del referéndum de autodeterminación, la contestación de Annan fue inmediata, clara y rotunda, asegurando que las Naciones Unidas tenían suficientes recursos para hacer cumplir los acuerdos establecidos.

Ante esta situación, ¿a qué está jugando la comunidad internacional? ¿Qué se puede esperar de las Naciones Unidas, cuando no son capaces de hacer cumplir los acuerdos establecidos entre las partes, ni sus propias resoluciones? Pónganse en marcha todos los recursos a los que hacía referencia Kofi Annan, sean presiones políticas, económicas o de cualquier otra índole y cúmplanse lo ya establecido por las Naciones Unidas y lo acordado entre el Frente Polisario y Marruecos.

Es sumamente importante que en estos momentos tan transcendentales, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero modifique drásticamente su ambigua postura de los últimos meses y defienda, sin ninguna cortapisa, la legalidad internacional, esto es, la descolonización de la que todavía sigue siendo, in iure, colonia de España. Es hora de que el Gobierno español hable con claridad y manifieste que está con la autodeterminación en el marco, bien establecido, de las Naciones Unidas.

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