Iritzia
13Ekaina
2007
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¿De verdad algo ha cambiado?

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Ekaina 13 | 2007 |
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Unas semanas, escasamente, han transcurrido desde que los ciudadanos expresaron su opinión en las urnas.
No ha habido tiempo material para que las ejecutivas de los distintos partidos políticos -inmersos en las negociaciones de cara a la configuración de los distintos gobiernos municipales o forales- hayan realizado una seria reflexión acerca de la cada vez mayor distancia que separa a la clase política del ciudadano, que se ha visto reflejada en el altísimo porcentaje de abstención que, en el caso de Gipuzkoa, ha llegado a alcanzar el 40%.

Pero todos, o casi todos, han sacado pecho. Como siempre, todos, o casi todos, han ganado. Menos votos, mayor representación, que es lo que, a la fin y a la postre, vale.

La cuestión es cuándo, o en qué condiciones.

Algunos hacen la comparación con lo que los sondeos les pronosticaban. Otros, con los resultados de las últimas elecciones normales (¿ha habido alguna? Entre escisiones, no reedición de coaliciones o creación de otras nuevas, ilegalizaciones, nuevas denominaciones...). Los de más allá comparan el porcentaje de voto españolista o nacionalista, en el que adquiere un peso considerable quién gobierne en Madrid.

Pero la realidad es terca. Cuatro de los partidos políticos que se presentaron en el 1983 -y han seguido haciéndolo hasta hoy- han dado paso a los siete (salvedad hecha de las agrupaciones y plataformas) que se han presentado y obtenido representación en Gipuzkoa en las del 27-M.

Y si bien es cierto que la tarta del reparto institucional se mantiene, no es menos cierto que la representatividad de la misma con respecto a la ciudadanía es cada vez menor. Cuatro de cada diez guipuzcoanos con derecho a voto o bien pasan de los políticos, o muestran su decepción dejando de acudir a votar. Una mayoría técnicamente absoluta del 50% del total de los votos válidos, en esta situación, no pasa de representar al 30% de la población.

En las recientemente celebradas elecciones, si tomamos como referencia las elecciones de 2003, los dos partidos de corte estatal bajan, tanto por separado como en la suma de los votos obtenidos. Los otros dos (en 1983, PNV y la Izquierda Abertzale, que han sido origen de Eusko Alkartasuna y Aralar, respectivamente, y/o del hipotético Gipuzkoa Bai del que habla Iñaki Lizarza, miembro de la Asamblea Nacional de Eusko Alkartasuna) han repartido su suerte de forma desigual: baja considerablemente la coalición PNV-EA, yendo por separado, y sube la Izquierda Abertzale si sumamos los votos válidos y los nulos. Es una de las consecuencias de la ya famosa Ley de Partidos. La coalición Ezker Batua-Aralar es harina de otro costal, y no suman como tal los votos obtenidos por separado en 2003.

Hemos entrado en una dinámica diabólica en la que las campañas electorales se han convertido en una absoluta negación de lo que deberían ser.

En lugar de presentar su programa, si realmente lo han tenido, algunos de los partidos que están en la oposición, olvidándose de tiempos no tan lejanos (Urralburus, Roldanes y demás), tratando de aparecer como abanderados de la moralidad política, han basado su campaña en relacionar presuntos delincuentes individuales con partidos políticos gobernantes. Moderna y sibilina la forma de tratar de alentar y atraer a la ciudadanía, alejándola de disputas identitarias y tratando de solucionar sus problemas reales, que recuerda un poco al programa electoral de antaño cuyo lema podría perfectamente haber sido Váyase señor González, váyase.

Hoy, unas semanas después, los supuestos chorizos de la Hacienda de Irun, joya de la corona de la campaña electoral, siguen encarcelados, alguno, imputados otros. La situación no ha variado, pero tras un tiempo en el que conocíamos hasta cuál era el menú carcelario y lo bien o mal que había dormido el preso -tal ha sido la atención que han prestado los medios de comunicación al tema- ¡¡han desaparecido!! Han dejado de existir, al menos a nivel mediático. Justo el día después de la cita electoral.

Y los abertzales, como casi siempre, tirándonos los trastos a la cabeza ante el regocijo indisimulado de quienes siguen defendiendo que las decisiones sobre los temas de aquí, que sólo deberían atañernos a nosotros, se tomen a 500 kilómetros de distancia.

Al final, utilizando terminología belicista, el fuego amigo ha sido bastante más demoledor que los ataques del enemigo.

Y ahora, otra magistral lección de memoria.

Quienes apoyaron a sus actuales enemigos más acérrimos, en España, para desalojar de las instituciones alavesas al nacionalismo democrático, reclaman en Gipuzkoa, con una diferencia de votos bastante más corta que la que obtuvo dicho nacionalismo a su favor en Álava respecto del segundo partido, la presidencia de las instituciones como aspecto innegociable. O pretenden gobernar Nafarroa siendo la tercera fuerza.

Sería digno de una tesis doctoral un estudio analítico de los municipios y territorios en los que han sido aceptadas las listas de la izquierda abertzale para conocer con exactitud a quién ha beneficiado su no presencia legal.

A sabiendas de que la presencia a medias de dichas listas le ha resultado rentable en Euskadi al socialismo pero que le va a ser nefasta en las elecciones generales que se vislumbran en el horizonte, el PSE debería haber sido más audaz. Como los embarazos, estás o no estás.

Y la utilización que los partidos españoles hacen de los representantes de la Izquierda Abertzale, al menos hasta ahora, ha sido para sumar en el no, en la oposición fundamentalmente al Gobierno vasco. Se la han quitado de encima en sus feudos socialistas tradicionales.

Una semana después de las elecciones municipales y forales, ¿casualidad?, nos ha sorprendido (a algunos quizá no) el comunicado de ETA anunciando la ruptura del alto el fuego permanente.

Quienes, según todas sus declaraciones, han sacado pecho y provecho en todo el proceso desde la declaración de la misma, tienen mucho que contar porque, a sabiendas, lo han callado.

El nacionalismo democrático debe volver a ser el referente. Hay muchas conclusiones que sacar. Mucha ilusión que devolver.

Demasiado para procesar.

PARTEKATU