"El descenso en Araba y Gipuzkoa no es una cuestión ideológica, sino de qué cercanía hay con el ciudadano"
.¿Se han cumplido las expectativas que tenía el PNV?
No han sido los resultados que esperábamos en su globalidad, pero es difícil hacer una lectura única y unívoca de ellos. Cada territorio y municipio marcan la complejidad de los resultados y también lo hace la complejidad de unas elecciones que, siendo municipales y forales, han sido unos comicios de una polarización extrema en el discurso político, con la incidencia que eso ha tenido en la movilización o desmovilización y en quién ha podido ser el perjudicado o el favorecido. A ello hay que añadir las circunstancias de una buena gestión, de una buena explicación o de los defectos que hayamos tenido como partido. Nos queda un sabor agridulce. No hemos conseguido las expectativas que nos habíamos fijado en la globalidad, pero territorio a territorio y municipio a municipio hay que analizar los resultados en base a la realidad de cada ámbito.
¿Qué defectos de su partido han pesado en la ciudadanía?
Donde no hemos tenido los resultados esperados es donde se advierten los problemas de la acción política del partido, bien a nivel institucional o de la propia organización del partido. No hay una regla generalizada, hay que analizarlo lugar a lugar. La ciudadanía, ante la tensión polarizada por otras formaciones políticas, nos exige a nosotros que gobernemos el día a día solucionando los problemas de los ciudadanos y, en la medida en que no perciban que frente a la tensión que aportan otras formaciones políticas el PNV es garante de la confianza, lo hemos sufrido en algún municipio. Pero esta situación no puede empañar una realidad: que el PNV sigue siendo el partido sobre el que gira la acción política del gobierno del día a día y la acción política del futuro de la normalización en la convivencia política.
¿Les ha afectado la abstención?
Como consecuencia de esa tensión y de esa polarización de la vida política, por una parte hemos tenido que entre los partidos que se dicen constitucionalistas -el PP y el PSOE- también aquí se han podido vivir las elecciones como unas primarias a las generales de 2008. Los vaivenes de los flujos entre el PP y el PSE-EE son evidentes. Y, por otra parte, tenemos esa polarización traída aquí a la falta de normalización en la convivencia política: la situación que ha afectado a la izquierda radical durante cuatro años con esa victimización y victimismo, que uno cada vez tiene más sospechas de que obedece a cálculos electorales interesados, que buscan que el PNV se vea castigado. Es, a la postre, al PNV al que la ciudadanía le exige gobernar su día a día y la confianza en que asuma esa responsabilidad ha podido hacer que la gente se relaje a la hora de pensar que el PNV iba a ganar las elecciones, quizá basándose en una radiografía irreal de la composición del mapa institucional tras las elecciones de hace cuatro años. Y hemos sufrido también, comparándonos con 2003, las consecuencias de no haber concurrido en coalición con EA. Pero el punto comparativo del PNV tendría que ser el de 1995 o más atrás, para ver cuál es la sociología en cada municipio y territorio y que, quizá, los últimos ocho años no han dibujado un mapa real.
De los dos miembros de la coalición, el peor parado ha sido EA.
Corresponde a cada uno hacer su propia lectura a nivel de partido, pero es evidente que nosotros en el conjunto de los territorios hemos mantenido nuestra posición e incluso hemos ganado un apoderado en Juntas Generales respecto a los resultados de 2003. EA no puede decir lo mismo.
¿Quizá le ha perjudicado aparecer como quien ha roto la coalición?
La ciudadanía premia el esfuerzo de sumar y castiga al que, legítimamente dentro de sus opciones partidistas y partidarias, puede motivar la resta. Creo que hay una mayoría nacionalista en la sociedad vasca que reivindica una manera de comprometerse sumando esfuerzos y reflejando esa suma de esfuerzos en las instituciones.
¿A qué atribuye la subida del PSE?
Hay un efecto simpatía en la política a nivel estatal entre los partidos constitucionalistas y aquí no es descabellado decir que hay un efecto de vasos comunicantes entre PP y PSOE en función del gobierno del Estado. Es notorio que la pérdida del PP la ha podido capitalizar el PSE. Y la polarización en relación a la falta de normalización en la convivencia política vasca ha sido trabajada unos cuantos años entre el PSE y Batasuna hasta el punto de que el efecto simpatía en dicha polarización ha premiado al PSE en buena parte de los municipios importantes.
¿Cómo analiza los resultados del PNV en Gipuzkoa y Araba?
Es doloroso que en Araba seamos, con similar número de apoderados a las Juntas Generales, la tercera fuerza política, o que lo seamos en Gasteiz. La lectura de eso, más que referida al soporte ideológico que aporta cada partido, tiene que hacerse en la sociedad del siglo XXI en el ámbito de la incidencia como partido a nivel de calle y de los medios de comunicación: qué cercanía tenemos con los ciudadanos, con los colectivos… La ciudadanía cada vez exige más a los partidos en el gobierno de sus problemas y tenemos que hacer una lectura de cómo hacer política en función de la sociología del país pero también de la cercanía, la transparencia y la honestidad que ofrezcamos como partido. En ese sentido, pese a los resultados tengo esperanza.
Gipuzkoa en lo ideológico es un territorio con una tensión de esa polarización, en el que la resta por no ir en coalición es más evidente que en ningún otro y donde también hemos podido sufrir el coste de quizá no la mejor imagen que hayamos podido ofrecer como partido.
En Bizkaia ha habido casos curiosos.
Hemos ganado un apoderado en Juntas Generales con respecto a los que teníamos en estos cuatro años habiendo concurrido en solitario. Donde hemos tenido problemas se derivan de un fallo en la gestión o en la gobernabilidad institucional y de la no correcta explicación. También hay casos donde a nivel de partido quizá hemos estado más relajados o hemos tenido avatares de índole particular o personal.
En Bizkaia, aparte de que la victoria es incuestionable en general, hay una razón para la esperanza. Toda Ezkerraldea, a pesar de los pesares en municipios como Portugalete, Barakaldo o Trapagaran, indica que es un territorio de oportunidad para el PNV. Se ha demostrado en Santurtzi, en Sestao -donde igualamos concejales con el PSE tras cuatro años con gran complejidad en el gobierno municipal-...
¿Y respecto a los pactos? Porque también va a ser complicado.
Lo va a ser. Debemos analizar la realidad de cada ámbito y de otros partidos. No podemos escapar de nuestra vocación de construcción de nación y de compromiso con la normalización de la convivencia política, pero no todo está en nuestra mano. Hay que saber también a qué están dispuestas el resto de formaciones en esa doble cuestión de la gobernabilidad y la aportación en la normalización política. Y habrá que confrontar programas. Nosotros abogamos por defender la fórmula del tripartito en el Gobierno vasco, junto con Aralar, pero habrá que ver si los números dan.