Elkarrizketak
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2007
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Josu Jon Imaz (Deia)

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Apirila 08 | 2007 |
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«ETA obligó a modificar las posiciones de Batasuna y decidió romper el proceso hace meses»
Desde hace 75 años decir Domingo de Resurrección equivale en Euskadi a decir Aberri Eguna. Día de reafirmación, de reivindicación y, este año, para el PNV, también de exigencia firme al conjunto de la izquierda abertzale para que siga la estela de Anoeta y se sirva únicamente de las vías políticas y democráticas. «Sólo así podrá recuperarse el proceso», afirma Imaz.
UN FIN de ciclo. Es lo que evocan las palabras del presidente del EBB del PNV, Josu Jon Imaz (Zumarraga, 1963) en relación con el proceso de paz y normalización política. Con un deje de amargura, aminorado por haber realizado un esfuerzo «reconocido por todos», el líder abertzale asume que la tentativa por construir un nuevo escenario ya no tiene pulso y que está abierta la posibilidad de una marcha atrás a tiempos difíciles.

¿Estamos en vísperas de malas noticias?

Desde luego, desgraciadamente, los hechos indican que el proceso se rompió el 30 de diciembre. A partir de esa fecha, hablar de que el proceso sigue vivo es un ejercicio voluntarista, pero irreal.

Supongo que la desarticulación del "comando Donosti" le ha reafirmado en esa tesis...

Apunta a que estamos en un momento complejo y de expectativas que no son positivas. Y si a todo lo que estamos observando en este preciso momento le añadimos una visión con perspectiva, llegamos a la misma conclusión.

Echando la vista atrás, ¿cuándo comenzó la cuesta abajo del proceso?

A partir del mes de agosto, con el comunicado de ETA el día 17, algunas de las bases sobre las que se asentaba el proceso se rompieron. Aquel día ETA hizo público un comunicado de tutela, de tratar de condicionar el diálogo y el acuerdo político entre los partidos vascos rompiendo el discurso de Anoeta.

Pero se siguió hablando...

A lo largo de septiembre-octubre tratamos, a través de las conversaciones entre partidos, y además con avances significativos, de buscar un acuerdo mínimo para la constitución de las mesas de partidos y de ir hacia un diálogo resolutivo, pero nos encontramos con que, a mediados de noviembre, la posición de nuestro interlocutor Batasuna cambiaba 180 grados de un día para otro, inexplicablemente.

¿En qué sentido?

Pasó de una actitud positiva, de llegar a preacuerdos notables, trabajados, a posiciones incomprensibles, que uno tiende a pensar que se debían a que alguien ajeno impuso su voluntad.

¿ETA?

Sí, pienso que fue la propia ETA la que hizo modificar esas posiciones, la que obligó a ello.

¿Han continuado intentándolo tras el atentado de Barajas?

A lo largo de enero tratamos de que Batasuna reaccionara ante el atentado y se produjo una petición expresa por su parte, respondida por ETA con un comunicado infumable en el que se reservaba la capacidad de seguir actuando. El 15 de enero Otegi pidió a ETA una reflexión, porque el comunicado había generado confusión, pero ETA hizo oídos sordos a la petición de toda la sociedad vasca y, en este caso, también de Batasuna. A partir de ese momento, ante la cerrazón de ETA, desde febrero hemos vivido cosas incomprensibles.

¿Enumeraría las más graves?

Sin duda, la más grave es que se pretende que el acuerdo político sólo avance en función de que le guste a ETA. Desgraciadamente, los hechos de estos días coinciden con las actitudes y el análisis político de lo que hacen ETA y Batasuna desde el mes de agosto. Alguien, y todo apunta a ETA, tomó la decisión de romper el proceso hace varios meses.

¿Ahora buscan aparecer como víctimas para romper formalmente la tregua?

Cuando uno ha vivido la experiencia de 1999-2000 ya nada sorprende. En enero de 2000 se produjo el primer asesinato tras la tregua, pero teníamos la convicción de que estaba rota desde julio. Por eso, en el caso actual, a uno se le agravan los motivos de preocupación. No obstante, vamos a seguir trabajando para que el ansia de paz de la sociedad vasca pueda avanzar incluso en estas circunstancias difíciles.

De cara al futuro, ¿cómo se va a poder retomar algún otro proceso con dos intentos anteriores fracasados? Eso genera una pérdida de confianza casi irrecuperable...

Si la presente situación llevase a unos derroteros negativos, de vuelta a las andadas por parte de ETA, como algunos datos apuntan, vamos a sufrir una crisis de confianza brutal hacia ese mundo, si es que no existe ya. Pero pese a que podamos estar en el preludio de un tiempo complicado, a medio plazo ya se ha iniciado el principio del fin de ETA.

¿Por qué?

ETA puede tener capacidad para matar durante un tiempo, pero ese camino va a suponer el comienzo de su fin. Desde el punto de vista operativo, porque los tiempos han cambiado; y lo que está pasando estas últimas semanas en materia de cooperación internacional lo corrobora, afortunadamente. Por otra parte, el propio mundo de la autodenominada izquierda abertzale o Batasuna va a sufrir una fuerte convulsión social si se produce la vuelta atrás.

¿Cree que se achicará todavía más su apoyo social?

No descarto que si ETA vuelve a las andadas vaya a un proceso de grapización, en el que la base social ya quedaría muy reducida. No hay más que ver las encuestas de estas últimas semanas, en las que se ve que, aún contando con que Batasuna pudiera presentarse, la fuerza mayoritaria de la izquierda abertzale pudiera ser ya Ezker Batua-Aralar en el conjunto de Hegoalde.

¿Se pueden poner plazos a esa fase final?

Si ETA toma el peor de los caminos, ello va a llevar a la minimización política de ese mundo y, posiblemente, a un proceso irreversible que va a suponer el fin de ETA y de la violencia en este país en un plazo de tres o cuatro años como mucho. La sociedad vasca ha ganado ya la batalla a ETA. Podemos estar en una posibilidad de que esto se reconduzca, en la que el fin de la violencia se produzca de forma dialogada y lo menos dolorosa posible para todos; pero, en el supuesto de que rompan el proceso, pueden ser los últimos zarpazos de un tigre que está a punto de morir.

En los encuentros con representantes de Batasuna, ¿han tenido la sensación de que realmente existía una voluntad de emancipación política?

Les queda mucho camino por recorrer. A lo largo de estos meses he percibido en mis interlocutores, quizás con algunas dosis de ingenuidad por mi parte, una voluntad sincera de acabar con esto. Creo que lo buscaban y creían en ello. Lo he podido ver incluso después del atentado de Barajas. Sin dar nombres, evidentemente, en algunos momentos he visto sentimientos humanos rotos, pero no la audacia política suficiente para cortar amarras. Es más, si ETA vuelve a las andadas se producirá un desestimiento, un alejamiento por parte de muchas personas más que una emancipación. A corto plazo, al menos.

Hablando de ingenuidad, ¿no resulta ingenuo pensar que Batasuna vaya a desmarcarse de ETA?

Sí, pero hay distintas fórmulas para escenificarlo. En la medida en que una declaración hipotética de abandono de las armas no se produjese por parte de ETA, habría alguna fórmula, incluso pactada, para que dentro de ese mundo se diese un pronunciamiento nítido.

¿Han propuesto fórmulas de este tipo a Batasuna?

Sí, hemos puesto algunas fórmulas encima de la mesa en determinado momento para hacer posible que hubiese un pronunciamiento nítido en ese mundo, pero, por desgracia, hay quienes no han mostrado voluntad, coraje o fuerza suficiente para llegar a más en su propia casa.

Batasuna reitera estos días su voluntad de acudir a las elecciones. ¿Es una apuesta seria o hay mucha teatralización?

Tiene mucho de teatralización. Sus propios promotores sabían ya que las siglas ASB iban a dar problemas, en función de los criterios de la Ley de Partidos y de la sentencia del Tribunal Constitucional de 2005. Pretenden huir de un debate que es el que realmente deben abordar. Desde la legitimidad que nos da estar contra la Ley de Partidos, creo que toda esta teatralización se enmarca en una estrategia de mareo. Si tuviesen voluntad real de estar en las elecciones, bastaría una declaración, con una cierta nitidez, de alejamiento de la violencia, y estarían sin problemas.

Decía Otegi que su no participación en las elecciones puede hacer inviable el proceso. Pero, ¿hay proceso?

El problema es que no hay proceso. Se rompió el 30 de diciembre. No tiene ningún sentido que Otegi ponga ahora la pelota del proceso en no se qué tejado, cuando en su día no dijo que la bomba de Barajas rompía el proceso y tampoco dijo, aunque insinuó bastante, que el comunicado de ETA lo hacía inviable. El proceso se relanzaría si hubiese mañana por parte de ETA una declaración nítida de que no va a ejercer la violencia ni va a tutelar el diálogo político entre partidos. Si diera garantías de retirarse de la escena de este país. Por tanto, si a Otegi y a Batasuna les importa el proceso, lo que tienen que hacer es exigir a ETA una declaración nítida en ese sentido.

¿El acto de BEC es un reflejo del estado de cosas en el seno de la izquierda abertzale?

Desde luego. Es un reflejo de impotencia. Cuando ví los contenidos de aquel acto pensé dos cosas: es patético y es un síntoma de impotencia. Batasuna y Otegi pidieron a ETA en enero un pronunciamiento claro ante lo que ellos mismos calificaron de confusión, ETA les respondió con un corte de mangas, esa incapacidad les dejó noqueados durante algunas semanas y, desde mediados de febrero, se están viendo obligados a vender una partitura en la que ni ellos creen. Y, ¿cómo saca Batasuna la presión de esa impotencia ante su propio mundo? Buscando un chivo expiatorio: el PNV. Han perdido la ocasión de dar el salto a la política con cierto grado de dignidad y por eso atacan al PNV.

Y, ¿cómo van a responder ustedes?

En primero lugar, pese a lo complejo y grave de la situación, vamos a responder con serenidad. En segundo lugar, hay una dinámica que pasa por las actuaciones policiales para evitar el delito, por la deslegitimación del discurso de la violencia, y por el respeto y la solidaridad con las víctimas. Pero se tienen que respetar los mecanismos democráticos, sin estados de excepción, de un Estado de Derecho. Hay que hacer frente a la violencia con respeto escrupuloso a los derechos humanos y a los mecanismos de un Estado de Derecho.

¿Servirán las aproximaciones entre partidos del proceso para avanzar, aún cuando Batasuna se descuelgue?

Honestamente, yo creo que sí. Si Batasuna y ETA toman ese camino, el PNV no se quedará quieto políticamente. Si ellos se apuntan al tren de forma pacífica y democrática, haremos todo lo posible por construir este país y este acuerdo con ellos, pero si apuestan por dinamitar el tren vamos a seguir avanzando sin ellos. ETA no va a parar la voluntad de hacer política del PNV. Lo quiero dejar muy claro. Todo lo que se ha avanzado no será en balde.

¿El eje que se visualizó en torno a la resolución del Congreso de mayo de 2005 debe seguir funcionando, adaptado a las circunstancias, en caso de que ETA dé marcha atrás?

Afortunadamente, el pacto Antiterrorista está muerto y es bueno que así sea, porque fue nefasto. Pero respecto a la foto de mayo de 2005, es negativo que el PP esté fuera. Será muy difícil preparar un escenario de futuro si un partido que tiene casi diez millones de votos en el Estado intenta torpedear una salida. Por tanto, el objetivo no tiene que ser romper la foto de 2005, sino ampliarla, para que, en base a un esquema de acuerdos mínimos, podamos preparar juntos un terreno que permita abordar el final de la violencia.
Estamos en un momento complejo y de expectativas que no son positivasSi ETA vuelve a las andadas, no descarto que vaya a un proceso de grapizaciónPusimos sobre la mesa a Batasuna fórmulas para escenificar un alejamiento de la violenciaEn la apuesta de Batasuna por acudir a las elecciones hay mucho de teatralizaciónBatasuna saca la presión de su impotencia poniendo de chivo expiatorio al PNVLo avanzado en las conversaciones políticas de cara al proceso servirá incluso aunque éste fracase



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