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2007
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Hacia una democracia participativa real

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Martxoa 07 | 2007 |
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La importancia de la participación de las mujeres en la toma de decisiones políticas ha sido reconocida y considerada imprescindible tanto en ámbitos internacionales, como nacionales o locales y no sólo en el ámbito de las políticas de igualdad sino en la toma de decisiones políticas en general. Así se ha expresado tanto en las cuatro conferencias mundiales sobre la Mujer (desde México a Pekín) como en otras conferencias sobre las mujeres y su participación en el poder (Atenas, Roma, Delhi, París).
La Conferencia Mundial sobre las Mujeres celebrada en Beijing en 1995 concluía que "el empoderamiento y la autonomía de las mujeres y la mejora de su situación social, económica y política son fundamentales para el logro de un gobierno y una administración transparentes y responsables y para el desarrollo sostenible en todas las esferas de la vida. Las relaciones de poder que impiden que las mujeres puedan ejercerlo plenamente funcionan a muchos niveles de la sociedad, desde lo público a lo personal. Conseguir el objetivo de la igualdad de participación de las mujeres y hombres en la toma de decisiones proporcionará un equilibrio que reflejará, de manera más adecuada, la composición de la sociedad y además es necesario para promover el buen funcionamiento de la democracia". Según lo acordado en Beijing, los objetivos de igualdad, desarrollo y paz no se podrán conseguir sin la participación activa de las mujeres y la incorporación de sus puntos de vista a todos los niveles del proceso de toma de decisiones. 

Las mujeres y los hombres tienen experiencias de vida diferentes, se desenvuelven en ámbitos diferentes y se enfrentan a responsabilidades y tareas diferentes. La consideración de las necesidades, aspiraciones, valores, etc. de ambos grupos es imprescindible en las decisiones políticas con el fin de lograr una sociedad democrática y solidaria que responda a los intereses del conjunto de la ciudadanía. 

A pesar de los avances producidos en el ámbito de la participación política de las mujeres desde que se les reconoció el derecho al voto en el Estado español en 1931, aún existe un déficit democrático por lo que respecta a su participación en el diseño y ejecución de las políticas públicas. Ello se debe a que la cultura política actual sigue estando condicionada por los tradicionales patrones socioculturales de conducta en función del sexo que estructuran e influyen en toda la actividad humana. Los valores, los contenidos, las prácticas e, incluso, las formas en la toma de decisiones que afectan a los asuntos públicos responden fundamentalmente a una visión masculina de mundo y, en esa medida, consciente o inconscientemente, se relega a las mujeres a un segundo plano en la vida política, tanto en cuanto concierne a su propia presencia, como a la de sus necesidades, intereses y aspiraciones. Una mayor presencia e influencia de las mujeres en este ámbito evita una visión parcial y sesgada del mundo y enriquece las propuestas políticas, haciéndolas más eficaces. 

El año 2007, declarado año europeo de la Igualdad, debe suponer un nuevo estímulo para abordar la discriminación eficazmente. Los principales objetivos del Año Europeo son informar a la ciudadanía de su derecho a no ser discriminada y a la igualdad de trato, promover la igualdad de oportunidades y resaltar los beneficios de la diversidad. En este contexto, este 8 de marzo Emakunde quiere dirigirse a la sociedad vasca para recordarle la importancia de la participación de las mujeres en la toma de decisiones políticas. Hemos rememorado para ello la labor realizada por las sufragistas. Ellas reivindicaron el voto para las mujeres y su papel fue fundamental para la historia de la democracia. Pero no nos podemos permitir pensar que la lucha terminó ahí. Mientras exista la reivindicación de un derecho fundamental, debemos seguir enlazando los eslabones de esta cadena. Por eso este 8 de marzo, además de homenajear la labor tan necesaria de las sufragistas, queremos lanzar el mensaje de lo imprescindible del papel de las mujeres de nuestra sociedad actual de cara al diseño de una nueva sociedad en el futuro. Como ellas lo fueron para nosotras, nosotras debemos serlo hoy para las mujeres del presente y del futuro. 

Una democracia representativa se constituye a través del ejercicio del voto y también a través de garantizar la presencia de las mujeres en las candidaturas y, en consecuencia, entre las personas electas. Y otra forma de participación democrática importante, que adquiere cada vez mayor relevancia, es la llevada a cabo a través de la pertenencia a asociaciones y diversos movimientos sociales. La democracia participativa es posible cuando se aplica un modelo político que posibilita a la ciudadanía su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que pueda ejercer una influencia directa en las decisiones públicas y también cuando se le facilita un amplio mecanismo plebiscitario. El proceso de democracia participativa es más activo que reactivo, no reacciona a decisiones ya tomadas, ni a propuestas presentadas, sino que se trata de participar activamente en la elaboración de las propuestas y las decisiones. La sociedad contemporánea se plantea nuevas preguntas ante las que debemos plantearnos nuevas definiciones, reinventar nuevas estrategias. Y entre estas nuevas vías se encuentra la de reforzar en nuestra agenda política las oportunidades de participación, también como una manera de no subestimar asuntos claves de la vida cotidiana, como pueden ser la feminización de la pobreza, la violencia o el cuidado de las personas. La tendencia hacia una sociedad más informada, participativa y responsable es un hecho generalizado e irreversible. 

Es importante que reflexionemos sobre cómo las nuevas medidas que permiten procesos participativos pueden contribuir a la generación de cambios profundos y a motivar la movilización ciudadana. De toda esta reflexión nace la apuesta de Emakunde por la creación del Consejo Vasco de Mujeres para la Igualdad, que abrirá un nuevo cauce de participación para las mujeres y su movimiento asociativo en las decisiones colectivas que les atañen, de modo que puedan hacer sus aportaciones a las normas e instrumentos de planificación que configuran y articulan las diferentes políticas públicas. Se trata de un paso más para promover, tanto en los poderes públicos como en la sociedad civil, una cultura de la participación democrática, reconociendo y potenciando el papel en ella de las asociaciones de mujeres como cauces de ciudadanía activa. Es una forma de impulsar una democracia participativa real, que completa la democracia representativa ejercida a través del voto y de la presencia de las mujeres en las candidaturas. 

No quiero olvidar, finalmente, el carácter reivindicativo del 8 de marzo, así como su valor como día de recuerdo y reconocimiento de la labor realizada por las mujeres que han luchado por sus derechos durante décadas, impulsadas por la fuerza de una visión en su mente: la de una sociedad justa e igualitaria. En este sentido, animamos a toda la sociedad vasca a acompañar a las mujeres y a sus organizaciones en las actividades y concentraciones que con ocasión de este día han organizado.

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