Balza: "La decisión de empezar el alto el fuego y la del atentado han sido unánimes en ETA, y ambas se tomaron con dudas"
JOSEBA ARRUTI
LA INCERTIDUMBRE en torno a las posibilidades de paz en Euskadi se encuentra en su punto álgido. Nadie se atreve a adelantar escenarios, ni tan siquiera a corto plazo. El consejero de Interior, Javier Balza (Bilbao, 1957), ve novedades, por primera vez, en las reacciones de la cúpula política de la izquierda abertzale ante un atentado de ETA como el producido en Barajas.
Yendo más allá de las valoraciones políticas, ¿qué función tiene la propuesta autonomista de Batasuna en el proceso?
Con su propuesta, Batasuna pretende mantener la pauta del proceso y su intervención en el mismo. Frente al caos que supuso la ruptura del proceso con el atentado de Barajas, Batasuna busca formalizar su papel político, y mantener su interlocución. Ahora ETA está recibiendo el reflujo de un error evidente que ha cometido y que, en Euskadi, deja a Batasuna sin suelo bajo los pies.
Parece difícil que pueda recuperarlo si no da más pasos...
La izquierda abertzale había recuperado mucha identidad durante el proceso. Volver al esquema tradicional que sitúa a ETA controlando las situaciones políticas, con la violencia como única alternativa, supone la negación total de su papel político. Batasuna pretende agarrarse a la brocha través de su propuesta, salvar su identidad política. Pero a estas alturas, en estas condiciones, nada sirve, presenten lo que presenten. En una situación de no violencia el papel político de la izquierda abertzale es muy influyente, pero con violencia da igual digan lo que digan, porque han perdido su interlocución.
¿Esa presión podría hacer que el proceso renazca con nuevos bríos?
Lo positivo de la situación actual es que las reglas del juego están más claras que nunca. Antes, cada ruptura de proceso generaba siempre marasmo, acusaciones e interpretaciones.
Y, ¿cuál es su lectura de lo que ha sucedido?
Que el atentado de Barajas ha sido, sin duda, una decisión unilateral de ETA. La izquierda aber-tzale estaba haciendo una política clara e iba muchos pasos por delante de ETA. No hay más que oír cosas como las que dice Rafa Díez. Por primera vez coincido en dar importancia a todo esto. Se están diciendo cosas que en ese mundo tienen importancia.
¿Ha cogido por sorpresa esta situación a Batasuna?
La izquierda abertzale no se esperaba esto de ninguna manera. Ahora se aferra a su espacio político y al camino que llevaba recorrido, aunque no va a hacer una crítica abierta a ETA. Afortunadamente, los dos agentes políticos principales restantes, PSOE y PNV, no han entrado en una dinámica de reproches mutuos o de pugnas, y mantienen un mismo criterio. No se envuelven en ninguna bandera, pero sí dejan claras las condiciones: sólo hay camino sin violencia.
Por tanto, le parece que el debate en la izquierda abertzale es real, que no es un intento por salir del atolladero...
Creo que, al menos, la cúpula líder de la izquierda abertzale tiene un camino recorrido mucho más avanzado que el de las posiciones en que está ETA.
¿Toda la izquierda abertzale, salvo ETA, avanza junta?
Lo más preocupante que he visto en ese entorno ha sido el muy distinto planteamiento de prioridades en el colectivo vinculado a los presos, por una parte, y en la cúpula política, por la otra. El discurso de Otegi y el de [Juan Mari] Olano no tienen nada que ver, ni en prioridades, ni en contundencias, ni en flexibilidad. Ahí sí puede haber distintas sensibilidades, pero la cúpula política ha asumido su papel.
¿El atentado de Barajas ha debilitado a aquellos que, de forma bastante paradójica, pretendían mostrar su fortaleza?
El atentado de Barajas no fue un error de ETA. Quisieron cometer el atentado, y lo decidieron de forma unánime, sin fisuras, concibiéndolo como una auténtica demostración de fuerza. No pretendían romper el proceso, aunque desde nuestra lógica pueda ser incomprensible. A día de hoy, ETA debe saber que se ha equivocado, que está quemando sus últimas oportunidades.
¿Ha aprovechado el alto el fuego para rearmarse?
En esto hay un poco de leyenda. Hasta que decida bajar la persiana, va a estar rearmándose, reorganizándose y reestructurándose permanentemente. Esa es una constante. Lo hacen por supervivencia, por el mantenimiento de sus estructuras. ETA no baja la guardia por el hecho de que haya un alto el fuego prolongado.
¿También son leyenda los supuestos cambios en la cúpula del aparato militar?
Yo no cuento con que haya cambios. Es cierto que no hay una información muy directa, porque ETA ahora no funciona con una especie de asamblea general, pero creo que los papeles se mantienen. Las personas que pudieron haber estado en la decisión de abrir el proceso se mantienen todavía con autoridad. Esto de que [Josu] ‘Ternera’ ha sido desbancado por los ‘militares’ no me merece credibilidad. La decisión de empezar el alto el fuego y la decisión del atentado son unánimes, y ambas tomadas con dudas en la organización.
¿La confusión en torno a la vigencia del alto el fuego que se refleja en el último comunicado de ETA responde a esas dudas?
Yo hago una valoración más negativa del comunicado incluso que del atentado, con la salvedad de que en este último hubo dos muertos y se produjo un auténtico drama humano. Pero el comunicado es peor, porque el atentado puede acotarse en sí mismo y el comunicado deja abierta una incógnita de futuro que impide cualquier paso. En este momento estamos en la gestión de un comunicado malísimo, el peor de la historia de ETA...
...que sume en la incertidumbre total a las personas amenazadas...
Tanto es así que cuando se produjo el atentado, la misma tarde, nosotros nos pusimos en contacto con personas que habían tenido escolta antes del proceso y todos aplazaron la decisión de volver a ir protegidos. Querían esperar hasta ver qué había pasado. Después del comunicado, todos volvieron a la escolta. Ese texto ha cerrado la posibilidad de cualquier avance y es ETA la que tiene que dar el siguiente paso. O aclara esta situación, volviendo a un escenario que debiera ser mucho más creíble, o ningún Gobierno ni partido podrá meterse en semejante barrizal.
¿La presencia o ausencia de la izquierda abertzale en los comicios de mayo va a ser determinante?
Si la izquierda abertzale está en las elecciones será un punto determinante en sentido positivo. Si no está, no será lo decisivo o lo esencial para cerrar una situación determinada, porque a ETA nunca le ha preocupado demasiado la suerte de la izquierda abertzale. Va a ser ETA en exclusiva, en función de sus propios intereses y de la situación europea y mundial, la que adopte una decisión en torno al futuro de la violencia. Por desgracia para la izquierda abertzale, su influencia en esa decisión será pequeña.
¿Servirán referentes como el del IRA?
Este proceso no nace de que aquí haya variado una determinada componente política que lo posibilite. Nace de que el tiempo de la violencia se ha acabado, lo cual no significa que estemos libres de seguir sufriendo si continúan equivocándose. Pero ese tiempo se ha acabado estructuralmente, intrínsecamente. El halo romántico de ETA se ha perdido completamente y la visión del mundo respecto a una organización terrorista en un Estado asentado democráticamente nunca les dará ningún margen.
En 2007, ¿es posible acabar con ETA sólo por la vía policial, tal como defiende el PP?
Es posible ponérselo muy difícil, pero el Estado español no puede acabar con ETA por vías policiales. Ahora bien, si se dan las condiciones necesarias de implicación francesa y europea, el desgaste que se le puede infligir es muy alto. Tanto como acabar... es difícil. Hay una cierta capacidad de renovación en ETA.
¿A qué lo achaca?
Ahí sí que hay una evolución negativa. Más que el ideal independentista o alguna razón similar, lo que está generando el relevo es el odio. Hay un gran odio instalado en esta parte de sociedad. Ven con odio a la Ertzaintza, al Estado, a lo español, a lo vasco que no sean ellos... Actúan a través del odio.
¿Cuál es la tipología de los que se unen a ETA?
Afortunadamente, son pocos en comparación con los que lo hacían hasta hace unos años, aunque los suficientes para mantener un mínimo de lucha armada. En muchísimas ocasiones es gente cuyo entorno familiar no tiene nada que ver con ese mundo [de la izquierda abertzale], que tiene una posibilidades de vida ordinaria y de trabajo muy buenas, que tiene un origen social amable... El entorno de ETA dirá que les mueve el ideal independentista, pero lo que hay aquí es una apuesta por el odio.