Mas: "Zapatero alumbró la criatura del Estatut pero ahora ni la alimenta ni la reconoce"
Olatz Barriuso
En pleno huracán judicial sobre el Estatuto que él personalmente pactó con José Luis Rodríguez Zapatero, Artur Mas visitó ayer Bilbao para participar en un ciclo de conferencias organizado por la Fundación Sabino Arana sobre el «reto del Estado plurinacional» que afrontan Euskadi, Cataluña y Galicia. Antes de comer con Juan María Atutxa, Josu Jon Imaz y Anxo Quintana, el presidente de CiU repasó la actualidad y dejó claro que el jefe del Ejecutivo le ha decepcionado por su «falta de coherencia» con el impulso del autogobierno catalán.
-¿No es paradójico que el Estatut que tanto costó cerrar dependa ahora de la composición de un tribunal?
-Es preocupante, descorazonador, y bastante lamentable. Es casi tercermundista que el autogobierno de un pueblo como Cataluña dependa de si hay un magistrado o no en un tribunal arbitral.
-¿Qué ocurrirá si el Constitucional acepta el recurso del PP?
-Vamos a esperar. No pinta muy bien, pero todavía no hay una sentencia contraria a los intereses de Cataluña. Sigo teniendo algo de esperanza de que el Estatut salga indemne pero los indicios son preocupantes. CiU consideraría que el Estatuto entra en vía muerta tanto si el tribunal declara inconstitucionales artículos básicos como si hace una lectura restrictiva de adecuación a la Constitución.
-¿Complicaría eso hasta lo insoportable las relaciones entre Cataluña y el resto del Estado?
-Entraríamos en una situación de tensión entre Cataluña y el Estado de difícil solución. Porque desde Cataluña se han hecho las cosas de forma impecablemente democrática. A partir de ahí, Cataluña no puede renunciar a más autogobierno. Por lo tanto, se abriría un conflicto de consecuencias imprevisibles, que habrá que saber manejar.
-¿Cómo?
-Sería prematuro decirlo.
-No obstante, se dice que en CiU ya tienen un "plan B" para ese supuesto, por otra parte bastante factible.
-Hemos pensado mucho en lo que puede llegar a ocurrir, y tenemos ideas sobre lo que habría que hacer. Pero todavía no es el momento de exponerlas, porque la crisis aún no se ha producido.
-Han denunciado que se están invadiendo competencias catalanas. ¿Cree que Zapatero está siendo desleal con el Estatut?
-No está siendo consecuente con sus actos. El Estatut fue como el parto de los montes. Fue un parto muy difícil, y, una vez alumbras a la criatura, tienes que alimentarla, porque es tuya. Pero da la sensación de que, una vez pasado el parto, no se reconoce a la criatura. Van por otro camino. Si no creían en este proyecto, ¿por qué lo han impulsado, con las tensiones que ha originado y las heridas que ha dejado? Sólo te puedes jugar el tipo en un proyecto así si crees firmemente que te va a llevar a un modelo de Estado mejor que el anterior. Pero para seguir haciendo más o menos lo mismo
-¿Por qué se embarcó el presidente entonces en ese viaje?
-Una de dos: o lo hacía por impulso personal pero sin un proyecto muy sólido detrás, o teniendo proyecto no tiene un partido que le siga.
-¿Le ha decepcionado personalmente Zapatero?
-(Pausa). Personalmente prefiero no opinar, eso queda en la esfera de la privacidad. Políticamente, me ha gustado su capacidad de asumir riesgos pero me ha decepcionado su poca coherencia.
-¿Le dura todavía el disgusto por cómo perdieron el Govern?
-Hay cosas que se perdonan pero no se olvidan.
-¿Existía realmente un compromiso de Zapatero para que gobernara el partido más votado?
-No existía un pacto escrito, pero entre los responsables políticos tiene que haber "fair play". CiU lo ha practicado con el PSOE y Zapatero y no ha sido correspondida.
-¿Y fue eso lo que le hizo abrir la puerta a entrar en un futuro gobierno de España, incluso si ganase las elecciones el PP?
-No. La posibilidad de que CiU estuviera en un Gobierno español en la próxima legislatura tenía un sentido de país, de Cataluña, para desarrollar a fondo el autogobierno pactado, y también un sentido de Estado, para demostrar nuestra voluntad de implicación. Lo veía muy claro. Si hubiéramos gobernado en Cataluña habría dado ese paso. Pero ahora se han abierto muchos interrogantes.
-Pero si del PP llegó a renegar ante notario.
-Por eso digo que las cosas han cambiado. Con el PP, mientras no cambie, no hay punto de intersección posible. Tenemos las manos libres, pero para poder pactar tiene que haber sintonía de proyecto y confianza política. Con el PP no hay ninguna de las dos, porque su obsesión es que Cataluña no pueda avanzar en su autogobierno. Y con el PSOE, aunque no esté bajo cero, la confianza se ha resquebrajado.
-La judicialización de la política que usted lamenta también la denuncian los nacionalistas vascos. ¿Tiene opinión sobre las causas abiertas a Ibarretxe y Patxi López?
-Es un espectáculo esperpéntico. Que en democracia se pueda imputar al presidente de un gobierno por reunirse con alguien me parece insólito e inapropiado.
-¿Desde Cataluña ven posibilidades de que pueda alcanzarse la paz en Euskadi a corto o medio plazo?
-No lo sé, sinceramente. Y me temo que no lo sabe nadie. Ni siquiera el presidente domina la situación, como se vio a finales de diciembre. Confío en que haya un final feliz.
-En este terreno, ¿Zapatero tiene su apoyo incondicional?
-Le daremos apoyo como siempre hemos hecho. Pero le pedimos coherencia y prudencia.
-¿Piensan que no ha sido prudente?
-Un proceso de tal complejidad hay que asumirlo desde el coraje, para sobreponerse a las dificultades, pero también tocando con los pies en el suelo y no en estado de levitación. Porque si no se hace así se crean expectativas, el globo se va hinchando, y cuando se pincha la frustración es tremenda.
-¿Pecó Zapatero de optimismo?
-Me apunto al optimismo. Pero el optimismo maduro es ver la botella medio llena. Cuando se ve totalmente llena por definición, puede ser un optimismo falto de madurez.
-¿Es posible avanzar hacia el final de ETA sin contar con el PP?
-Es muy difícil. Pero el PP tiene que ser responsable de sus propios actos. Su principal problema es que están tan apresurados por volver a La Moncloa que se les ve demasiado el plumero en demasiadas ocasiones. Tienen que entender que es mejor recuperar el poder en unas circunstancias de Estado más tranquilas y positivas que no en medio de la destrucción masiva.
-¿Cómo tendría que ser a su juicio un nuevo proceso de paz?
-En las mismas condiciones será imposible, porque las dos últimas treguas ETA las ha incumplido. Cualquier otra negociación tiene que ser sobre al premisa indudable del cese definitivo de la violencia.