Mas: "Una España no plurinacional es una España inventada e impuesta"
Joseba Arruti
EL FUTURO del Estatut refrendado el 18 de junio pende de un hilo y Convergència i Unió no oculta su preocupación ante una situación que puede llevar a un callejón sin salida. Su líder, Artur Mas (Barcelona, 1956) estuvo ayer en Bilbao, impartiendo una conferencia invitado por la Fundación Sabino Arana, y habló sobre el Estado plurinacional.
El lunes el Comité Federal del PSOE aprobará un manifiesto autonómico en el que se califica de «enorme» el avance que se ha producido en esta materia durante la presente legislatura. Ustedes, que dieron su apoyo al nuevo Estatut, ¿están de acuerdo?
No cabe ninguna duda de que el avance podría haber sido enorme, pero todo quedó condicionado. En parte, porque el PSOE no aceptó el Estatut tal y como salió del Parlament de Catalunya, en contra del compromiso del propio presidente Zapatero. Y, en segundo lugar, este alcance potencial ha ido mermando por la propia actitud del Partido Socialista y del Gobierno, de invasión sistemática del autogobierno catalán y de contradicción absoluta con el Estatut que ellos mismos impulsaron.
¿En qué se concreta esta merma?
En que se están haciendo leyes y decretos contra ese Estatut justo tras haber sido aprobado. La actual podría haber sido una legislatura de muy largo alcance en lo que se refiere al desarrollo de la estructura del Estado, pero, al final nos hemos quedado a medias y, ahora, tanto el Gobierno como el PSOE se están cuestionando el avance logrado. Por eso, el manifiesto autonómico del PSOE, en algunas de sus partes, tiene un tufo a "Loapilla".
A la vista de los acontecimientos, ¿sigue dando por bueno el acuerdo que logró con Zapatero?
Creo que era bueno en la medida en que fue el mejor posible y será bueno siempre que se respete al 100%. Si resulta que ese acuerdo, que dio luz verde al Estatut como ley orgánica, acaba siendo diezmado y combatido por el Gobierno, que no lo respeta, y por una sentencia del Tribunal Constitucional, que podría atacar el conjunto de puntos neurálgicos del documento, aquel acuerdo de la Moncloa, que podía ser muy bueno, acabará siendo casi nada.
¿Vamos en esa dirección?
Ya se verá, aunque, desde luego, en lo que se refiere al Gobierno español vamos en esa dirección clarísimamente. Por citar un sólo un ejemplo, acaban de aprobar en las Cortes españolas una ley como la de Dependencia, que invade de forma sistemática el autogobierno de Catalunya y el Estatut. En otras muchas iniciativas que se están adoptando, con un especial énfasis en ámbitos como el educativo, lingüístico y medioambiental, también se está invadiendo el Estatut.
¿A qué juega el Gobierno, entonces?
Parece que un Gobierno que acaba de impulsar una cuestión tan compleja como la de la reforma del Estatut catalán y luego actúa contra el mismo, no se acaba de creer su propio proyecto en cuestiones fundamentales de Estado. El Gobierno está jugando a una merma del acuerdo alcanzado y del pacto aprobado en su día.
¿El hecho de que Pablo Pérez Tremps siga en el TC les hace temer lo peor?
Sí, pero, en todo caso, lo que resulta absolutamente lamentable e inaceptable por nuestra parte, es que después de la pulcritud del proceso que seguímos, ahora estemos pendientes de la voluntad de una persona. Es increíble, por malo, que estemos en esta tesitura después de haber aprobado un Estatut con el 90% de apoyo en el Parlament de Catalunya, de haber negociado en las Cortes españolas, de aceptar una serie de concesiones para que pudiera salir adelante con el apoyo del PSOE, de haber obtenido mayoría absoluta en el Congreso y en el Senado y de haber refrendado el Estatut con el 74% de síes del pueblo de Catalunya. Y, además, esa voluntad es la de un tribunal arbitral... Todo esto es lamentable y descorazonador. No invita a creer en el sistema.
¿Qué ocurrirá si el TC rebaja más el Estatut?
Lo que voy a decir no es una amenaza, ya que si el Constitucional es libre para dictar una sentencia, nosotros somos libres para valorarla. Si la sentencia consistiera en declarar inconstitucionales artículos neurálgicos del Estatut o en interpretar a la baja esos artículos, el texto se quedaría como un cuerpo sin vida. Sería como un cuerpo sin cerebro, como una estatua de museo.
¿Eso anularía su compromiso con Zapatero?
No tendría sentido mantener un Estatut que se ha aprobado para ir hacia adelante si no nos permite avanzar. Esto es clarísimo. La apuesta del Estatut no se hizo para quedar bien, sino para reformar la relación entre Catalunya y España, para ponerla al día, para darle perspectiva de un cierto plazo de tiempo, para reforzar la convivencia entre Catalunya y el resto de España. Dicho de otra forma, para que Catalunya tenga más autogobierno como signo distintivo de bienestar, de progreso y de libertad. Se hizo por cuestiones de fondo, no por capricho...
Pero sabían que pendía la espada de Damocles del TC...
Nosotros hemos hecho los deberes de forma democrática, legal y pacífica. Hemos pasado todos los filtros que teníamos que pasar. A partir de ahí, si haciéndolo así no es posible ir hacia adelante, ¿cómo tenemos que hacerlo? Que nos lo digan.
Si esa vía no es posible con el PSOE, proclive a reformar el modelo territorial, y el PP rechaza de plano cualquier tipo de movimiento, ¿qué se puede hacer?
La solución no es nada fácil, ciertamente. CiU identificó al PSOE y, más en concreto, al presidente Zapatero como aliado de largo alcance para poder desarrollar a fondo el autogobierno. Pero, éso, que empezó a funcionar en la línea buena, positiva y correcta, se ha ido truncando con el paso del tiempo, hasta el punto de que nos preguntamos si Zapatero tenía un proyecto de fondo detrás, si creía en ello y si su partido estaba dispuesto a seguirlo.
Y, ¿qué se responden?
Tenemos la sensación de que ni había proyecto sólido, ni se estaba dispuesto a sacrificarse para seguir hasta el final, ni había un partido detrás que apoyara este recorrido. Dicho esto, es evidente que hay diferencias entre PP y PSOE. El PP siempre actúa en tromba contra cualquier avance del autogobierno tal como lo hemos planteado, y el PSOE abre la puerta. Lo que ocurre es que la abre de una forma tan tímida y tan poco coherente y consecuente que, al final sólo la entreabre. Eso no es suficiente.
¿Se sienten desengañados?
Nos vamos desengañando a medida que pasa el tiempo. En CiU creíamos que arriesgando tanto como hicimos, también por parte del Gobierno y de su presidente, la apuesta era de largo alcance para el conjunto del Estado español. Sin embargo, ahora tenemos la sensación de que era más una apuesta para hacer que fuera pasando el tiempo.
¿Están cada vez más incómodos en el Estado?
Los indicios que tenemos, desde luego, no son positivos. En este momento tenemos un gran oleaje de superficie, muy embravecido, pero la corriente de fondo, la del Estado plurinacional, va a ser la que se irá imponiendo con el tiempo.
Convendrá en que mucho tendrán que cambiar las cosas...
Sinceramente, no creo que España tenga futuro si no es en base a su plurinacionalidad. Una España que no sea plurinacional es, en el fondo, una España inventada e impuesta y las cosas inventada e impuestas duran lo que duran. No tienen recorrido para siempre. En cambio, una España más identificada con su propia estructura de verdad sería mucho más aceptable interiormente y mucho más duradera.
¿Qué enseñanzas se podrían derivar para el caso vasco de la experiencia catalana?
No me atrevo a sacar conclusiones. Los vascos tienen que echar cuentas y hacer su propia reflexión a la luz de los acontecimientos. Cuando se negoció el Estatut el tema vasco no era prioritario, pero, en cualquier caso, no quedó al margen de la negociación. Tanto el presidente del Gobierno como nosotros éramos conscientes de que si el tema catalán salía bien éso le confería una mayor credibilidad de cara a un proceso aún más complejo como el vasco. Lo que ocurre es que ahora hay indicios que no invitan al optimismo.
¿El Govern de la Generalitat está defendiendo el Estatut?
Ya estábamos acostumbrados a que desde la política estatal se intentara poner dificultades, trabas y escollos al proceso de autogobierno de Catalunya. A lo que no estábamos acostumbrados es a tener un Govern en Catalunya que no defiende el autogobierno y que sacrifica la construcción nacional para conformarse con una política clásica de izquierdas y derechas como si fuéramos un país normalizado. Somos un país que aspira a un mayor autogobierno y, por tanto, no nos sirve la división entre izquierdas y derechas. Esto es completamente contraproducente.
¿Piensa que ERC llevará esa apuesta hasta el final?
Lo que más duele es que un partido que se llama a sí mismo independentista, como ERC, caiga en esta trampa, la promueva, se sienta cómodo y renuncie a una profundización del autogobierno simplemente para estar instalado en el poder al lado de un PSC que depende en casi todo del PSOE.