Editorial
Iritzia
Diario de Noticias
LA aparición en el diario The Times de una entrevista al preso vasco Iñaki de Juana ha abierto una caja de los truenos absolutamente indiscriminada cuyas consecuencias van mucho más allá de la caza de brujas contra quienes no evitaron que todo el mundo haya podido ver cómo se las gasta la justicia española. Esta inesperada internacionalización del conflicto la ha aprovechado el PP para pedirle cuentas al Gobierno por no haber impedido foto y entrevista, incapaz esta derecha extrema de superar el insaciable cortoplacismo en su obsesión por desgastar a Zapatero.
Ni siquiera se han parado a pensar los dirigentes populares que quienes en la comunidad internacional hayan leído la entrevista al preso en huelga de hambre habrán podido comprobar hasta qué punto está degradada la justicia española, degradación de la que el PP es principal responsable. Iñaki de Juana, seguramente sin habérselo propuesto, se ha convertido en un problema de Estado, en una patata caliente de la que nadie quiere hacerse cargo. Ayer, mientras se anunciaba el máximo rigor en las comunicaciones del preso y en la búsqueda de los responsables del desaguisado mediático, se conocía que los médicos que le atienden habían solicitado permiso para sedarle y ayuda para inmovilizarle. También ayer, la Fiscalía de la Audiencia Nacional volvía a pedir prisión atenuada para De Juana, solicitud que fue denegada por el insólito plenario de ese tribunal en un auténtico golpe de Estado judicial. Iñaki de Juana inició el 7 de agosto de 2006 una primera huelga de hambre por lo que consideró "cadena perpetua" y duró 63 días. La llevó a cabo por propia iniciativa, en pleno proceso de paz, sin el apoyo oficial ni de Batasuna ni del Colectivo de Presos. Una huelga de hambre, hay que reconocerlo, incómoda para todos. Luego, cuando conoció la sentencia de doce años y siete meses por amenazas supuestamente vertidas en dos artículos de opinión, el 6 de octubre de 2006 repitió la huelga, hasta ahora. La diferencia es que el riesgo de muerte es mucho más elevado, que Iñaki de Juana se ha convertido ya en símbolo y pretexto para el núcleo más duro de la izquierda abertzale, que advierte sobre las consecuencias de su posible muerte y que ya no hay proceso de paz.