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2007
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100 años de utopía

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Otsaila 03 | 2007 |
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Dicen que las utopías son ideas prematuras; proyectos, ideales y visiones que surgen antes de su propio tiempo, que aparecen como no realizables en el momento en el que se gestan. Utopías, sueños realizables, o posible futuro. Valgan estas imágenes para comenzar un viaje hacia el pasado.
Tal día como hoy, hace ahora un siglo, comenzó su actividad la Caja Municipal de Bilbao, de cuya fusión con la Caja de Ahorros Vizcaína nació en 1990 BBK. Son ya cien años en la vida de Bizkaia. Una utopía que el tiempo y el esfuerzo colectivo de la sociedad ha convertido en un presente esperanzador. 

Una idea utópica en su tiempo: crear un establecimiento de crédito sin usura, abierto a cualquier persona. Reproducir el "círculo vicioso" del ahorro y la inversión: captar capital que será convertido en préstamo, y hacerlo con y para quienes, hasta entonces, nunca antes habían flanqueado las puertas de una entidad financiera. Crear una estructura empresarial para hacer frente a las necesidades sociales, a través del ahorro. Un modelo de gestión en el que las entidades fundadoras, los municipios y la propia plantilla compartan las decisiones. Una entidad privada para contribuir al bienestar público. Una locura, una "rareza del sistema", como se ha dicho en muchas ocasiones. Una idea feliz. Una utopía. 

Con la mirada de este siglo XXI, resulta difícil entender la verdadera dimensión de la usura financiera, sus consecuencias a corto, medio y largo plazo. Es muy probable que ni tan siquiera quienes propusieron la creación de la Caja, con el entonces alcalde de Bilbao, Gregorio Balparda, a la cabeza, entendieran la trascendencia de aquella iniciativa. Conocían, claro está, la situación de miles de personas que, tal y como rezan los informes de la época, "se veían obligadas a encontrar en el sigilo de un préstamo usurario los medios de dar frente a situaciones angustiosas, en las cuales forman estrecho consorcio la miseria y el rubor de descubrirla". Arrancar de la usura a la mayoría silenciosa fue el objetivo de aquella idea utópica de la que hoy celebramos un siglo. Hace ahora cien años, existían en Bilbao 14 establecimientos que realizaban préstamos sobre efectos y alhajas, por un valor aproximado de 230.000 pesetas, que reportaban en concepto de intereses algo más de 172.500; es decir, el 75% del importe prestado.
Hoy en día, avances como disponer universalmente de una tarjeta de crédito, de una cuenta corriente, incluso de una cuenta de ahorro para vivienda, forman parte de nuestra vida. Pues bien, no disponer de todo esto, no tener acceso a estas herramientas supone el total ostracismo social. Supone no disponer de los medios básicos para la vida diaria, para planificar el futuro, para poder hacerle frente con una mínima seguridad. Supone, en definitiva, el más absoluto desamparo ante los avatares de la vida. Y es así cómo vivía la inmensa mayoría de la población hace 100 años. 

Tal día como hoy, hace 100 años nació la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, en una oficina que hoy es, sin duda, una de las más emblemáticas. Junto al puente de San Antón, en el corazón de un Bilbao que hoy no reconoceríamos. Nacimos para que cualquier persona tuviese el derecho a cruzar las puertas de una entidad financiera. Ni más ni menos. No es ésta una cuestión menor. Las grandes bancas, ocupadas de las grandes fortunas, no contemplaban las economías domésticas en sus planes. 

Hablar de ahorro hoy en día, en esta cultura nuestra de lo efímero, de lo futuro e intangible, puede parecerles un tanto trasnochado, pero estoy plenamente convencido de que el futuro de nuestras sociedades, y por ende, de nuestra Caja, pasa por retomar la mirada hacia los objetivos del pasado, y reivindicar el valor del ahorro, de la previsión, de la responsabilidad en el uso de los bienes, en definitiva, de la sostenibilidad como motor de cambio y de futuro. Volver a los fines originales del dinero y del ahorro: el bienestar, personal y colectivo. 

Bizkaia no sería lo que es hoy sin BBK. Ni BBK sería la Caja más solvente del sistema sin la confianza de los y las clientes. Hemos crecido de la mano, y confiamos en poder seguir haciéndolo. Somos el producto del esfuerzo que colectivamente ha realizado la sociedad. Nos hemos dotado de un sistema institucional que, con sus sombras y sus luces, como no podría ser de otra manera, funciona, y lo hace bien. Contamos con grupos empresariales potentes, capaces de colocar nuestra capacidad de producción, de innovación y de atracción de proyectos al nivel de cualquier país de nuestro entorno, y muy por encima en algunas magnitudes. El tan denostado estado del bienestar, también con lagunas y con mucho recorrido de mejora, ciertamente, nos permite disfrutar del esfuerzo de nuestro trabajo en condiciones de dignidad. Pues bien, nuestra contribución como entidad a estos resultados debe hacernos sentir el orgullo del trabajo hecho, a la par que también debe hacernos bien conscientes de nuestra responsabilidad. Poder ejercerla es, además, una oportunidad para devolver a la sociedad todo lo que ha hecho por nuestro futuro. Es una motivación importante, lo es al menos para mí. Un buen motivo para sentir el orgullo de pertenecer a BBK.
Ésta es nuestra apuesta de futuro. Somos una Caja de Ahorros y llevamos un siglo a la vanguardia de lo que ahora, con un ropaje moderno y herramientas acordes al conocimiento actual, se llama responsabilidad social empresarial. 

Ya éramos responsables cuando, hace 100 años, creamos un sistema de financiación para las necesidades de quienes no tenían acceso a los recursos financieros. Cuando apostamos por crear una tupida red de oficinas y puntos de atención en todo el territorio. 

Ya éramos responsables cuando financiamos la vivienda de forma masiva a quienes llegaron a Bizkaia cargados de ilusiones. Viviendas de Bizkaia, las cooperativas de las conocidas "Casas Baratas", etc. Entre 1940 y 1970 la población de Bizkaia se multiplicó por dos, pasando de medio millón a más de un millón de habitantes. Más de la mitad del crecimiento registrado en ese periodo se debió a la inmigración, un fenómeno que fue progresivamente en aumento, al ritmo del crecimiento económico de la provincia y de la demanda creciente de mano de obra. El intenso crecimiento demográfico, muy localizado además en Bilbao y los municipios del entorno de la ría, disparó a su vez la demanda de viviendas y de otras infraestructuras, que no pudo ser satisfecha ni por la iniciativa privada ni por la pública, y dio lugar a problemas de chabolismo y hacinamiento que no sólo deterioraban las condiciones de vida de la población, sino que también acababan dando lugar a graves problemas de salud pública. 

Lo éramos cuando en 1924 inauguramos el primer Montepío para la Mujer Trabajadora, cuando en 1930 abrió sus puertas la primera escuela infantil, muy cerca, por cierto, de la primera oficina. 

Ya éramos una entidad socialmente responsable cuando apostamos por financiar una nueva autopista, una Feria de Muestras, un nuevo Puerto de Bilbao, o San Mamés. Hemos sido parte activa de los grandes proyectos, y seguimos participando con recursos y apoyos en empresas y sectores estratégicos para nuestra sociedad. 

Fuimos la vanguardia de la responsabilidad social, porque apostamos por ir más allá de lo que legalmente es obligatorio. Y lo somos hoy en día por el mismo motivo. 

En los últimos tiempos, de forma recurrente, suelen darse ataques, más o menos velados, contra la autonomía de nuestras entidades. Se habla de la necesidad de privatizar las Cajas, de garantizar la independencia frente a los poderes políticos. No deja de ser paradójico que alguien abogue por privatizar una entidad que es, de hecho, una entidad privada. O que se hable de independencia en lugar de control empresarial, cuando nuestros órganos de gobierno son los más desarrollados y representativos, en el sentido más democrático del término. Cuando nuestro modelo organizativo garantiza la participación colegiada de todos los grupos de interés en las decisiones estratégicas de la entidad. 

También en esta concepción del modelo de gestión hemos sido una vanguardia, capaz de adelantarse a las lógicas expectativas de una sociedad que no se conforma con compartir los beneficios, y pide participar en la toma de decisiones que impactan directamente en sus condiciones de vida, en su bienestar en definitiva.
Recientemente hemos logrado la certificación SGE 21, y se reconoce a BBK como la primera entidad financiera que acredita su gestión sobre la base de criterios éticos y socialmente responsables. 

No debemos perder de vista que nuestra labor social no consiste sólo en financiar obras sociales. Es el "conjunto armonioso" lo que nos convierte en entidades sociales: las obras netamente sociales, claro está, y también la orientación de nuestra oferta financiera, el compromiso con el desarrollo económico y social, nuestro modelo de gobierno y la gestión equilibrada, sostenible y transparente de todo ello. Sólo a través de esta armonía puede explicarse la manera en la que cumplimos respetuosamente con los objetivos que motivaron la creación de la Caja. 

Han sido varios miles de empleados y empleadas las que a lo largo de estos 100 años han hecho posible que vayamos construyendo la utopía. Hoy es también un día de recuerdo para ellos. 

Queremos seguir caminando, alumbrando utopías que mañana serán proyectos consolidados, como BBK. La utopía está en el horizonte. Uno camina dos pasos y el horizonte se traslada diez pasos más allá. Cabe preguntarse entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para seguir caminando.

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