Iritzia
31Urtarrila
2007
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Tropelía jurídica

Iritzia
Urtarrila 31 | 2007 |
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Durante cuarenta años, España durmió un sueño de plomo bajo los efectos de poderosos somníferos. Y el paso a la democracia en 1975 no consiguió terminar del todo con esta realidad comatosa. El sepultamiento de la memoria política durante la transición se tradujo en un primer momento en la banalización de la dictadura y, finalmente, en una naturalización histórica del franquismo. Y así la dictadura llegó a convertirse en un período más en la historia de España, en un sistema ciertamente autoritario pero «necesario» para poner fin al caos de la República. La generalización cada vez más extendida de parecidas tesis es lo que justifica que 32 años después de la muerte del dictador su nombre, los de sus principales generales golpistas y el del mismo fundador de la falange figuren todavía en numerosas plazas y calles de España, amén de pórticos de iglesias, catedrales y conventos varios. El temor al ruido de sables fue la causa fundamental del abandono de la ruptura con la dictadura franquista y su sustitución por una reforma pactada. Así, gracias a la transición política pactada casi la totalidad de la estructura de poder de la dictadura adquirió una nueva legitimidad, la de compartir la paternidad de la democracia franquistas y antifranquistas, verdugos y víctimas juntos escribiendo la nueva página de la democracia. Esta entente funcionó como el mecanismo más apropiado para la confirmación y continuidad de gran parte de la estructura social del franquismo, entre ellos parte del estamento judicial. A los hechos cercanos y menos cercanos me remito.
Pero, hoy y aquí, en Europa y en Democracia, en esta Euskadi autogobernada del año 2007 con Gobierno y Parlamento Vascos, la lealtad con el Estado de Derecho no puede suponer aceptar cualquier tipo de decisión judicial sin ningún derecho a la crítica. Un entendimiento de la democracia real, de una democracia calidad, exige que los vascos demócratas, nacionalistas o no, alcemos la voz precisamente para que el Estado de Derecho recupere las hechuras y los límites que justifican su legitimidad y superioridad moral. Y ello en defensa de todos nosotros, de nuestros derechos y libertades, de nuestra legitimidad, de nuestras Instituciones y de nuestro autogobierno. Las leyes y su interpretación no pueden dar jamás por resultado un escenario de periódico y repetido escándalo con decisiones incomprensibles para una mayoría del cuerpo social vasco y en línea directa de escarnio, tropelía y deslegitimación de sus máximos representantes institucionales, incluido el propio Juan José Ibarretxe, el lehendakari de todos los vascos. Las leyes y su interpretación deben generar seguridad jurídica y claridad de expectativas para el disfrute generalizado de los derechos fundamentales al margen de la ideología y del color político. Jamás el respeto a la ley puede ser la paz del miedo, jamás podrá ser el callar por si acaso. El lehendakari ante este intento de humillación no puede ni debe, estar demostrando día tras día su label democrático. Es el máximo representante político de los vascos. Ha sido el elegido democráticamente por la sociedad vasca. Su acoso es el acaso a cientos de miles de vascos demócratas.

Es muy preocupante, e intolerable, el impacto y la convulsión que algunas decisiones judiciales tienen en la vida política y social de Euskadi. El respeto y acatamiento de las decisiones judiciales no puede ni debe implicar jamás silencio ni cobertura incondicional a un contenido que genera alarma por el efecto de dichas decisiones en el ejercicio de derechos fundamentales. La Ley de Partidos ha propiciado un desbordamiento de los límites tan absurda e insultantemente patente hasta el punto de poner bajo sospecha a la representación parlamentaria máxima de Euskadi y hasta al mismísimo lehendakari. Intolerable. El Estado de Derecho debe de recuperar urgentemente las hechuras y los límites que puedan justificar su ya muy menguada legitimidad ante la sociedad vasca.

Esta tropelía jurídica insultante para una inmensa mayoría de vascos debe de acabar de inmediato. Son viejas y por lo tanto inútiles y vergonzantes recetas.

Lehendakari, intentan darte un escarmiento, pero en la búsqueda de la paz, de la normalización, de la representación máxima de Euskadi y del ejercicio de la política que significa diálogo y acuerdo con todos, ni un paso atrás. Ni uno, lehendakari.

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