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2007
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Resistir es sólo resistir

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Urtarrila 23 | 2007 |
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Editorial

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Noticias de Gipuzkoa


NADIE pone en duda que la izquierda abertzale oficial llegó al proceso de paz y normalización en una situación de absoluta e injusta inferioridad, tras ocho intensos años de arremetidas legales y policiales propiciadas por el PP. En un ejercicio de sensatez, la dirección de Batasuna proclamó la necesidad de "sacar el conflicto de las calles" y abrir un proceso de diálogo y negociación.
Quien está enfrente es el poder del Estado y del otro lado está una parte de la razón, una parte limitada por su representación electoral si pudiera ejercerla, y que es la que es. Aquel razonable intento de sacar el conflicto de las calles quedó mediatizado por las limitaciones que los poderes del Estado pusieron al proceso y desmantelado por la brutal intervención de ETA. Batasuna y las organizaciones de su entorno han resultado tan perjudicadas por el fracaso del proceso, que precisan tejer todo un andamiaje de gestos para que se recuperen los márgenes de confianza que propicien una nueva oportunidad. Por el contrario, la única iniciativa que parece haberse adoptado es volver a las barricadas, al ejercicio de una violencia callejera que cada vez está recibiendo el rechazo de más ciudadanos. 

La dispersión de presos, la tortura, el apartheid político, la doctrina Parot , la identificación penal de las organizaciones juveniles con el terrorismo, la negación de derechos fundamentales como los de reunión, manifestación o expresión, son las armas con las que el Estado dice protegerse del terrorismo. Ni la quema de cajeros, ni los ataques a las sedes políticas, ni las barricadas, ni los contenedores incendiados, ni los sabotajes callejeros son argumentos suficientes para que el Estado renuncie a su política supuestamente represiva. Toda esta explosión pública de indignación pretende dar una cierta imagen de resistencia, que no va más allá del desahogo. Ni resuelve, ni intimida. No basta con resistir. Hay que resolver, y resolver negociando, "sacando el conflicto de las calles", derrochando el realismo que falta a los chavales del pasamontañas y apelando al coraje necesario para hacerles ver que por ahí no van a ninguna parte. De nada vale mantener que el proceso sigue vivo, mientras las correrías pretendidamente épicas de la kale borroka lo están matando.

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