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Iñigo Urkullu (El Mundo)

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Urtarrila 21 | 2007 |
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Urkullu: "Batasuna no puede participar en las elecciones por su falta de autonomía ante ETA"
ROBERTO L. DE CALLE

Iñigo Urkullu (Alonsotegi, Bizkaia, 1961), interlocutor del PNV en las conversaciones que esta formación mantiene con Batasuna, se muestra tajante al observar movimientos en el seno de la izquierda abertzale, aunque afirma que el proceso —un «continuum» con «altibajos»—, se debe edificar bajo la premisa de un alto el fuego definitivo.

Pregunta.– Desde que se produjo el atentado de Madrid el PNV ha sido tajante al afirmar que no mantendrá negociación política alguna con Batasuna. ¿Supone esto que el proceso de normalización política está parado?


Respuesta.– No. La violencia no puede ocultar el debate necesario sobre un problema político. Pero un diálogo resolutivo, que tenga carácter de negociación, tiene que ser en ausencia absoluta de todo tipo de expresiones de violencia.

P.– Luego sí queda aparcado, al menos hasta que se vislumbre un escenario más estable.

R.– El resolutivo sí, pero el diálogo no está aparcado. Para llegar a una negociación hay que sentar bases, intentar poner sobre la mesa cuestiones que lleguen a hacernos asumir con confianza plena que es posible abordar un proceso de negociación y eso se hace mediante el diálogo. Nosotros seguiremos hablando con quien haya que hablar a pesar de la existencia de la violencia. Pero para llegar a un diálogo resolutivo con la izquierda radical, que ha sido desautorizada por un atentado de ETA y después por un comunicado, tenemos que tener las bases claras de que en ausencia de violencia, sí, pero que mientras exista violencia no se puede negociar.

P.– ¿Y es posible continuar ese proceso sin el concurso de la izquierda abertzale?

R.– No, queremos que estén todas las formaciones políticas. En octubre de 2005 marcamos las dos condiciones para la conformación de una mesa de partidos políticos:uno es que, para que se dé un diálogo resolutivo, debe haber ausencia de cualquier tipo de expresión de violencia, y, segundo, que no haya exclusiones de formaciones políticas salvo que cada uno quiera autoexcluirse.

P.– Tras los últimos acontecimientos vividos, ¿de qué cree usted que se puede hablar ahora con Batasuna?

R.– De todo. Negociar, no, pero se puede hablar de todo.

P.– Si el PSE-EE se excluye de ese diálogo, éste sería estéril...

R.– No creo que hablar sea estéril, y respeto mucho lo que el Partido Socialista decida en su relación con Batasuna. Podemos llegar a conciliar puntos de vista diferentes o no, pero siempre se conoce la forma de pensar, las circunstancias que afectan al otro...

P.– En los últimos días, el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, ha realizado un emplazamiento directo a ETA y ha sugerido una crítica al último comunicado de la banda por la confusión que generaba en su mundo. ¿Se está moviendo algo?

R.– Tengo esa esperanza. Pero creo que más que el propio comunicado, al que ha apelado Arnaldo Otegi como motivo de confusión en sectores abertzales, lo que más confusión ha creado ha sido el atentado. Porque las circunstancias en que se produjo son absolutamente insólitas en lo que respecta a la propia ETA, en un tiempo de alto el fuego que no ha sido suspendido mediante un comunicado previo. Yo sí creo y tengo la esperanza de que se estén moviendo cosas en ese mundo; interpreto que hay mucha gente que hace tiempo que no comparte la práctica de la violencia.

P.– ¿Había percibido estas sensaciones en otras ocasiones?

R.– En cuanto a los mensajes, quisimos dar esta importancia a la declaración que Batasuna hizo pública en noviembre de 2004. Es el propio Arnaldo Otegi quien dice hablar en nombre del conjunto de la izquierda abertzale, y la declaración dice lo que dice. Para nosotros fue muy importante. Pero es evidente que con su actuación el 30 de diciembre, ETAecha por tierra lo que pudo ser, no sólo la declaración de Anoeta, sino el compromiso de Otegi de hablar en nombre de la izquierda radical.

P.– Conociendo la íntima relación entre ETAy Batasuna, parece lógico pensar que si algo se mueve en ésta, también se moverá en aquélla.

R.– Esa ya es una cuestión que corresponde a ese mundo. Entiendo que para ese mundo sea difícil llegar a condenar públicamente y de manera expresa a ETA, pero yo no voy a ser quien asocie a Batasuna con ETA. Quiero que esa sensibilidad ideológica tenga portavoces, representantes con autonomía propia, para que no venga una organización terrorista a pretender erigirse en organización político-militar que marque las pautas políticas de ese mundo.

P.– El atentado, ¿ha constituido un punto de inflexión para la evolución de ese mundo?

R.– Batasuna ha tenido muchos puntos de inflexión ya. Uno fue la ruptura del anterior alto el fuego. No podemos olvidar que alcanzó un acuerdo parlamentario con el PNV y EA, y que el fin de aquel alto el fuego trajo como consecuencia su ruptura. Los resultados electorales de 2001 y la decisión de Aralar de constituirse como formación política propia fue también un punto de inflexión.

P.– Si se ha quebrado la credibilidad de la dirección de Batasuna ante el PNV, ¿acepta a sus actuales interlocutores?

R.– Pierden credibilidad los interlocutores de Batasuna porque ETAno les toma en consideración. Pero cada mundo elige a sus interlocutores.

P.– ¿Cabe alguna posibilidad de retomar el llamado proceso de paz en el punto en que se quedó antes del día 30?

R.– Más allá de las disquisiciones semánticas de si el proceso está roto o muerto, las bases del proceso deben ser otras. El alto el fuego tiene que ser definitivo. No podemos admitir, como decía Otegi horas después del atentado, que se planteen garantías al resto de formaciones, al Gobierno español. Quien tiene que ofrecer garantías es ETA, de que los demás no vamos a vernos sujetos a su examen permanente para que nos vaya poniendo notas a conveniencia de sus pretensiones políticas. ETAno representa a nadie.

P.– Habla de otras bases. ¿Cuáles?

R.– Eso corresponde al ámbito de relación de una organización terrorista con el Gobierno español de turno. Además, es Batasuna la que, en su declaración de Anoeta, marca qué es lo que corresponde a ETA: lo relativo a presos, refugiados, deportados, víctimas incluso, como también lo relativo a la desmilitarización.

P.– ¿Estamos en el punto cero?

R.– No, nunca hay un punto cero. Este proceso es un continuum que tendrá sus parones, sus altibajos, pero lo hecho anteriormente es una base importante para seguir adelante.

P.– Luego no hay ruptura de proceso.

R.– Hay una confusión en la que otros han caído, y quizás nosotros también. Hay un proceso de pacificación y uno de normalización política y no hay un único proceso democrático, como dice Batasuna. Nosotros vemos dos procesos que no hay que mezclar. El de pacificación corresponde, como primer responsable, a ETA, y en pasos sucesivos, al Gobierno español y a otros partidos y formaciones sociales. Ese es un camino que debe recorrerse de una manera, y el otro es el de la normalización política.

P.– ¿Hará esfuerzos para intentar involucrar al PSE-EEde nuevo en ese diálogo multipartito?

R.– Fíjese:si nosotros estamos sosteniendo que el presidente del Gobierno, en relación al diálogo con ETA, mantenga la resolución del Congreso de los Diputados de mayo de 2005 para que siga siendo válida siempre y cuando se den las condiciones necesarias, evidentemente, extrapolando esa reflexión al ámbito de relación entre sensibilidades políticas, vamos a seguir abogando por que el diálogo sea la herramienta que utilicemos todas las formaciones políticas sin exclusión.

P.– ¿Sigue pensando que la izquierda abertzale estará en las próximas elecciones, al margen de su deseo?

R.– Sin hablar de deseos y pese a todas las dificultades, creo que sí, sabiendo que la pelota está en el tejado de la izquierda radical. En este caso, pese a que nosotros sigamos manifestándonos en contra de la Ley de Partidos, no vale por parte de la izquierda radical caer en el victimismo de que es como consecuencia de la Ley de Partidos. No, no es sólo eso: la izquierda radical no puede participar en las elecciones como consecuencia de una falta de autonomía frente al marcaje al que le somete ETA.La primera decisión está en sus manos. Pero incluso desde ese punto de vista, creo que sí estará en las elecciones, aunque no sé si en todos los ámbitos.

P.– O sea, que hará malabarismos legales más que asumir la Ley de Partidos.

R.– Creo que intentará conjugar ambas cuestiones. Tratará de conciliar la Ley de Partidos con una postura en la que harán ver que no se asume. Las próximas elecciones municipales y forales, y las del Parlamento Navarro, son claves para el mundo de la izquierda radical.

P.– ¿Y se observará la transición democrática y legal de ese mundo?

R.– Creo que sí.

P.– Y sobre Zapatero, ¿mantiene intacta su credibilidad tras haber anunciado un día antes del atentado que las cosas irían a mejor?

R.– Ciertamente, el hecho de que se cometiera el atentado 24 horas después de haber pronunciado esas palabras le resta credibilidad al presidente del Gobierno español. Pero hablando del proceso de pacificación, además de la credibilidad, que podía verse acompañada por hechos que no estaban en su mano, el presidente del Gobierno deberá hacer su análisis de qué fiabilidad tenían los interlocutores con los que hablaba, y también la fiabilidad con la que parece que avalaban los mediadores internacionales. Más allá de eso quiero poner en valor su intención y voluntad de conseguir la paz con mayor insistencia.

P.– Los recursos de los que dispone el Gobierno socialista son los mismos que los que tenía el de Aznar, y su ministro del Interior tardó poco tiempo en hablar de la tregua-trampa.

R.– Sí, pero lo hizo mientras el señor Aznar hablaba en Perú del Movimiento de Liberación Nacional Vasco. También había mensajes contradictorios en aquel primer momento:mientras unos hablaban de tregua-trampa para no abordar otros problemas, había otra voluntad. De hecho, Aznar habilitó el diálogo con ETA, identificó a algunos interlocutores, aunque el ministro quemó a algunos de ellos. Incluso dio pasos en política penitenciaria... Aquí la historia hay que leerla en su conjunto.

P.– Ustedes le achacaron a Zapatero dosis de improvisación. ¿La ha mantenido hasta el final?

R.– No creo que hasta el final, pero cuando lo denunciamos, sí.

P.– Nos encontramos en pleno debate en el Congreso sobre un nuevo pacto antiterrorista. ¿Qué mimbres debe tener para que el PNV se sume a él?

R.– Yo retomaría con el pacto antiterrorista, que no sé si ha muerto, el que suscribieron el PP y el PSOE, que es el Pacto por la Justicia. Un camino hacia la pacificación debería contar con el concurso del mayor número de partidos, pero con elementos concretos. El Pacto por la Justicia ha traído muchas ataduras para el PSOE, donde hay una injerencia de la justicia en el ámbito de la política absolutamente constatable. Ley de Partidos. Cuando el Partido Socialista accedió al Gobierno, tenía que haber puesto el contador a cero en determinados aspectos. La Ley de Partidos no ayuda en nada a la convivencia normalizada en lo político. Pese a que hay un mundo muy complejo, tiene que tener sus cauces de expresión. Política penitenciaria. No se puede conseguir la paz sólo desde una concepción de paz por presos sino que hay que entender que la política penitenciaria debe estar basada en un espíritu como el de la resocialización, de cumplimiento de derechos humanos, y de cumplimiento de la Ley. Más allá de eso... el derecho penal. Qué podemos decir cuando se ha modificado un código penal que perseguía el hecho de que se pudiera actuar contra el lehendakari en el caso de que convocara una consulta. El derecho penal no está ayudando a un proceso de pacificación.

P.– ¿Es partidario de boicotear las propuestas del PP en materia antiterrorista?

R.– No soy partidario de boicotear nada que pueda ser motivo de debate. Cada uno es muy libre de presentar las iniciativas que tenga que presentar. Y será el debate el que dé el resultado definitivo.

P.– Cómo valora la sentencia del Supremo en el caso Jarrai-Haika-Segi?

R.– Me causa preocupación porque podía caber la interpretación, cuando el Supremo decidió posponer su resolución, antes del atentado, de que podría ratificarse en los criterios de la Audiencia Nacional para considerarlas como asociaciones ilícitas. Lo veo con preocupación por la jurisprudencia que pueda crear y con desconcierto por los criterios que guían la Justicia: la Audiencia Nacional, que trata los delitos de terrorismo, las consideró asociaciones ilícitas, y el Supremo dicta una sentencia calificándolas como terroristas.

P.– ¿Supone una marcha atrás en la actual coyuntura?

R.– No lo sé, pero no va a favorecer a ese mundo. En todo caso, sigo insistiendo que es el momento de la audacia y la valentía en el mundo de ETA para apostar por un proceso de pacificación que no puede estar sustentado en la violencia.

P.– ¿Percibe criterios políticos en el fallo?

R.– No tengo criterio. Se me hizo muy extraño que se pospusiera un mes la sentencia, que hace dos días se dijera en el Supremo que había complejidad jurídica y que nos encontremos ahora de nuevo informaciones a los medios de comunciación.

«El PSE no tiene altura de miras sobre el papel del lehendakari en el ‘proces

P.– ¿Han perfilado ya las iniciativas contra el proceso penal al lehendakari?

R.– Seguimos trabajándolas internamente. Y como hemos dicho antes, hablando de la máxima representación institucional, debemos pensar que todas las formaciones políticas deberían verse afectadas. Porque el lehendakari, guste más o guste menos, es la máxima representación institucional. Ypara aquellos partidos que se dicen constitucionalistas, es la máxima representación del Estado en la comunidad autónoma vasca. Queremos que las iniciativas cuenten con el concurso de las formaciones políticas.

P.– El PSE-EE ya ha anunciado que no se sumará a actos en contra de la Justicia.

R.– No sé por qué piensa que se trata de iniciativas en contra de la Justicia. En todo caso, es un error mayúsculo del Partido Socialista, porque parece que boicotea cualquier iniciativa que promovamos en favor de la figura institucional del lehendakari, hoy llamado Juan José Ibarretxe, pero el máximo representante institucional.

P.– ¿Percibe una fijación del PSE hacia el lehendakari?

R.– Hace un año y dos meses denuncié el papel que jugaban algunos portavoces del PSE. Si lo hacen, se entiende que es una estrategia del Partido Socialista.Pero algunos han tenido una fijación contra el lehendakari que no podemos pasar por alto. Sí nos preocupa que el PSE no haya tenido la altura de miras suficiente en relación al papel que el lehendakari y el Gobierno vasco juegan en un proceso de pacificación. Nadie es suficiente y todos necesarios. Yhablando de un problema que afecta a la sociedad vasca, evidentemente el lehendakari y el Gobierno vasco tienen que jugar algún papel. Y no hemos visto altura de miras suficiente en el PSE. Tampoco la hemos visto en Batasuna.

P.– ¿Cómo interpreta la reunión entre Zapatero e Ibarretxe?

R.– Es positiva, y se produce dentro de la necesidad de hacer un diagnóstico riguroso de la situación. El presidente del Gobierno español tiene un ámbito de actuación, pero en un proceso de negociación, el protagonismo también debe estar en el el Gobierno vasco y el lehendakari. Aportar reflexiones y confluir intereses y objetivos también es positivo.

P.– Con este encuentro, ¿Zapatero pone en valor al lehendakari por encima de lo que lo hacen los socialistas vascos?

R.– No quiero entrar en esa disquisición. Me quedo con que el lehendakari fue la primera persona a la que llamó Rodríguez Zapatero cuando ETA anunció el alto el fuego. Me parece que hay un respeto y una lealtad institucional que es necesario preservar entre ambos.

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