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"Nire izenean Bai"

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Urtarrila 22 | 2007 |
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Así rezaba la pegatina que en la manifestación del pasado sábado, día trece, portaban muchos de quienes participaron en ella para clamar "Por la Paz y el Diálogo", lema al que posteriormente se le añadió lo de "Exigimos a ETA el fin de la violencia"; pues bien, de acuerdo con todo ello, aunque esto último considerábamos que ya iba implícito en el "Por la Paz" antes mencionado. Ahora bien, si el clamor por el diálogo fue un hecho, diálogo significa hablar y se entiende, que si existe un problema tendrán que hablar todos aquellos que puedan aportar algo a la solución del mismo y entre ellos, qué duda cabe, están los dirigentes de Batasuna. Por ello, cuando el lehendakari ha hablado con personas representativas de ese ámbito, no ha estado haciendo nada más que algo que debía de hacer, algo inherente a su cargo, algo que si no lo hubiera hecho una parte importante de quienes le han votado se lo reprocharían.
Ahora bien, a lo que parece, el lehendakari por hacer lo antedicho, es decir, por dialogar, ha incurrido en algún delito o al menos hay indicios en ese sentido, que hacen que el próximo día 31 del presente mes de enero se vea obligado a tener que comparecer ante un juez que, obviamente, no ha sido elegido por votación popular, ni tiene que someter su cargo a ratificaciones democráticas posteriores, como sí tiene que hacerlo el lehendakari. Ahí se vería, en su caso, lo que este pueblo opina con respecto a esta y otras de sus actuaciones votando en consecuencia. 

Qué poco pensaba Montesquieu, allá en el siglo XVIII, cuando escribió su "Del Espíritu de las Leyes" obra en la que tras describir la división de poderes del Estado en legislativo, ejecutivo y judicial, invoca su mutua independencia poniendo las bases del llamado Estado de Derecho, el que en su desarrollo se pudiera llegar a situaciones absurdas como la que aquí nos ocupa. Así, mientras representantes del Estado hablan con la mismísima ETA y no son inculpados por ello (y bien está) o Patxi López habla con representantes de Batasuna y no pasa nada (como no tiene que pasar), si lo hace el máximo representante institucional del país, representante que, no está de más recordarlo, ha sido elegido democráticamente, entonces la Justicia entra en acción. Pero, no digamos la Justicia, con mayúscula, sino alguien que teóricamente en su nombre actúa. 

A este respecto, si los miembros del Ejecutivo están sometidos al control parlamentario y los miembros del Parlamento deben periódicamente someterse a unas elecciones, son los del poder judicial los que en la interpretación de las leyes actúan "ante Dios y ante la Historia", como solía decir alguien a quien conocimos. Y no olvidemos que los jueces, por muy jueces que sean, son personas que tienen su bagaje personal, sus orígenes sociales, su historia y sus opiniones políticas. Y, además, como recordaba recientemente el máximo representante de un partido político, es este estamento jurídico el que tras la transición no ha conocido la democratización de sus estructuras. De ahí que algunos podamos pensar que esta actuación desde el poder Judicial con el máximo representante de otro de los poderes básicos de un Estado de Derecho, como es el Ejecutivo, es decir con el lehendakari, obedezca más a aspectos políticos que de otra índole. Algo similar se puede predicar del presidente y de la mesa del Parlamento vasco. Todo ello configura un ámbito de imputaciones al ejecutivo y al legislativo sin parangón en la Europa democrática. 

Ahora bien, esta injerencia absurda entre poderes, está sustentada por una legislación absurda como es la Ley de Partidos, ley mediante la cual se pretende dejar fuera del juego político a una parte importante de ciudadanos. Los autores de este artículo ya en otro foro suscribíamos que "el Gobierno de Rodríguez Zapatero sabe que tiene mayoría suficiente en el Parlamento de Madrid para derogar la Ley de Partidos. Gran parte de la parafernalia boicoteadora desarrollada desde las instancias del poder judicial se apoya en el argumento de que su labor no es sino hacer cumplir la Ley de Partidos. ¡Pues bien, deróguese o anúnciese su derogación para que el proceso se despeje!". Y así evitaremos situaciones esperpénticas como la presente. 

Por todo ello, le pedimos al lehendakari que en la búsqueda de la paz y la convivencia política que todos deseamos dialogue con quien crea conveniente para la más pronta consecución de su logro. Por ello, cada uno de nosotros le decimos en este proceso: "Nire izenean Bai".

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