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Josu Jon Imaz (El Correo)

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Urtarrila 21 | 2007 |
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Imaz: "Sería muy triste que un segundo atentado nos pillase con el escenario roto"
OLATZ BARRIUSO 

Con los ecos cercanos de la tamborrada de San Sebastián, Josu Jon Imaz dedica la mañana festiva a la prensa. No elude ninguna pregunta, no se anda con circunloquios ni con paños calientes. Tiene claro que la ruptura de la tregua por parte de ETA hace ineludible elevar el listón para futuras experiencias. En ese hipotético escenario, dice el presidente del PNV, harán falta «garantías añadidas» y tener la seguridad de que la banda no pretende una vez más «tutelar» el proceso.

-Se ha convertido en el político del momento. ¿Tanto elogio le abruma?

-Cuando uno lleva unos cuantos años en esto adquiere una cierta capacidad de relativizar los elogios y también las descalificaciones e insultos. Lo importante es que uno se vaya a dormir satisfecho y tranquilo con su conciencia. Lo que dijo el presidente del Gobierno parecía sincero y lo agradezco como tal.

-¿Ese idilio con José Luis Rodríguez Zapatero tiene visos de durar?

-Más que un idilio es el fruto de unos valores de lealtad que el PNV ha tenido respecto al proceso de paz. Nadie pone en duda que el PNV se ha comprometido evitando tener una posición partidista. Creo que tengo legitimidad para decir que debemos abordar el final del terrorismo desde la búsqueda de espacios compartidos. Y la tengo porque nosotros lo hemos practicado en los últimos meses. Para mí hubiese sido mucho más fácil hacer un discurso diferente. Probablemente me hubiese valido el aplauso de muchos más sectores, pero no creo que hubiese sido lo responsable.

-Cuando habla de sectores, ¿se refiere a los de su propio partido?

-La posición que he mantenido es la del documento sobre paz y normalización que el PNV había aprobado por unanimidad en sus órganos internos. Ha sido una posición de partido y me ha tocado interpretarla. Es más fácil en este tipo de procesos conseguir el aplauso de sectores más cercanos, incluso de los tuyos, que mantener posiciones de responsabilidad.Y el PNV ha estado en este proceso donde le tocaba estar, apoyando las iniciativas para que la paz fuese posible y asumiendo riesgos.

-¿Ha tenido la sensación de que se le entendía mejor en La Moncloa que en su propia casa?

-No, en mi partido me apoyan y, repito, mi posición era la del partido. Pero en este tipo de procesos es importante también buscar complicidades con otras formaciones políticas y otras instituciones, buscar puentes de entendimiento para que la política vasca saliese de la fractura en que ha estado inmersa muchos años. Me gustaría que esas complicidades que se han generado en el último año no se rompiesen, sino que se reforzasen.

-Esa complicidad puede plasmarse ahora en el nuevo consenso antiterrorista que abandera el presidente del Gobierno. ¿Josu Jon Imaz pone condiciones previas al acuerdo?

-Es muy importante encontrar unas bases comunes y le voy a decir por qué. Es curioso. ETA está más débil operativamente que nunca y con más rechazo político y social que nunca. Y sin embargo, debido al clima de fractura social y política en el Estado español, puede tener, y espero que nunca pase, más capacidad de hacer daño y de buscar la confrontación social que nunca en estos treinta años. El tensionamiento entre nacionalistas y no nacionalistas en los años 2000 y 2001 en Euskadi fue provocado por la propia ETA a través de una diabólica campaña de atentados. Podría existir el riego potencial de que la banda buscase lo mismo ahora en la sociedad española. Por eso no son convenientes las confrontaciones brutales, sino la búsqueda de espacios mínimos. En cuanto a las condiciones previas, cada uno tenemos nuestras aportaciones.

Cinco bases

-¿Cuáles son las del PNV?

-Hay cinco bases: condena del terrorismo y articulación de los mecanismos habituales -policiales- del Estado de Derecho para hacer frente a la violencia; apoyo inequívoco y reconocimiento social de las víctimas; deslegitimación social del discurso de la violencia; no a las políticas de excepción, porque son las virtudes democráticas las que refuerzan al Estado en esta lucha; e ir estableciendo redes de diálogo democrático entre partidos que nos permitan, cuando haya condiciones para ello, reproducir una situación de final dialogado de la violencia. Hoy no las hay.

-Cuando habla de políticas de excepción, ¿está exigiendo la derogación de la Ley de Partidos, como ha hecho esta semana el Gobierno vasco?

-El PNV está dispuesto a entablar conversaciones para ver cómo podemos buscar acuerdos en torno a todas estas cuestiones. Hay que trabajar entre todos.

-O sea, no es una exigencia previa.

-Es conocido que rechazamos la Ley de Partidos. Pero, dicho esto, tengo que decir con la misma claridad que Batasuna no puede pretender siempre que la pelota esté en el tejado de los demás. Si alzase su voz y condenase el atentado del 30 de diciembre no tendría ningún problema para estar en las elecciones de mayo.

-Ese acuerdo enfrenta a otro obstáculo, la confrontación total entre el Gobierno central y el PP.

-Viendo el debate en el Congreso, pensaba: "¿Pero quién ha puesto la bomba? ¿ETA? ¿Es que parece que la ha puesto algún otro!". La responsabilidad de la ruptura de la tregua es de ETA. El adversario al que nos enfrentamos es ETA. Sería muy triste que un segundo atentado nos pillase con este escenario roto. Hay que tejer complicidades y jugar con responsabilidad para, por encima del partidismo, tener una perspectiva a largo plazo.

-No obstante, parece imposible que el PP se sume. ¿Es útil un consenso que deja fuera a un partido que representa a diez millones de votantes?

-Por eso es importante que se aproximen. En clave exclusivamente partidista, el PP debería tener mucho cuidado con el discurso que está manteniendo, porque ese exceso puede provocar una reacción por parte de la sociedad española absolutamente contraria a la que esperan. Se les puede volver en contra.

-El Gobierno del PSOE insiste en que «con violencia no hay diálogo». Ibarretxe, en que «sin diálogo no hay esperanza». ¿Y usted?

-Es un debate semántico. La posición del lehendakari es clara y la del Gobierno del Estado, también. Si estamos hablando de si se dan las condiciones que establecía la resolución del Congreso para el diálogo con ETA, es evidente que no. Ya dije que con violencia no cabe hablar con Batasuna de metodologías o calendarios para una mesa de partidos, aunque dije también que si hay que bajar al infierno a hablar con el diablo, se baja. Y parece que lo he hecho.

-O sea, que ha hablado con Batasuna. ¿Y qué impresión ha sacado de ese "descenso a los infiernos"?

-He tenido contactos con ellos y he sido muy claro. También en privado les he exigido una respuesta clara ante el atentado de Barajas. Les he dicho que ante el asesinato de dos seres humanos no caben medias tintas ni discursos alambicados. Han dado un pequeño paso que puede que para ellos sea importante pero que la inmensa mayoría de la sociedad percibe como absolutamente insuficiente. Tienen que alzar la voz porque si algún valor añadido tienen es la capacidad que puedan ejercer para desarmar a ETA. Si la ejercen será una buena noticia para todos; y, si no, ETA va a llevar al abismo el proyecto político de Batasuna. Tienen que ser valientes y audaces.

-Y, oídas las declaraciones de Otegi y Díez Usabiaga, ¿les ve capaces?

-Apunta en esa dirección, pero tendrá valor si no se queda sólo ahí. Lo veremos, ojalá. Ya me gustaría que tuviéramos aquí un Sinn Fein y un Gerry Adams. Si tanto quieren emular el caso irlandés, que tomen nota. Si no, tendré que pensar que no tienen autonomía política.

-¿Hay revuelta interna en ese mundo?

-Creo en la voluntad de sectores de ese mundo de buscar una solución. Pero no se pueden quedar en deseos en privado, hay momentos en la vida en que uno tiene que dar pasos. Las corrientes de fondo que estaban detrás del proceso existían y siguen ahí. Es más, si ETA continúa ma-tando se van a acelerar. La violencia no tiene futuro en este país. Eso no quita que podamos estar en escenarios duros a corto o medio plazo.

-¿Entra en sus cálculos que la situación empeore?

-Es una hipótesis.

-¿Y en qué la basa?

-Voy a ser honesto: no lo sé. Nadie sabe si estamos en el comienzo de una campaña de atentados -hay indicios, como las bombas lapa, que apuntan en esta dirección- o en un escenario en el que ETA, consciente de su trágico error, busque regresar a 2004. No estoy en condiciones de decir en cuál de los dos escenarios estamos. Incluso si fuese el peor, eso aceleraría el debate en el mundo de la izquierda radical y los tiempos se acortarían. Ese mundo o reacciona y cierra la persiana o cae como el muro de Berlín.

Un sarcasmo

-Apuesta usted por abrir, cuando se pueda, un nuevo proceso. ¿En qué condiciones?

-En ese hipotético escenario necesitaremos garantías añadidas. El alto el fuego permanente como concepto ha perdido valor. Como bien decía Patxi Zabaleta, harán falta indicios claros de apostar por un final definitivo de la violencia, garantías y confianzas añadidas que a día de hoy no existen. Ojalá avancemos cuanto antes hacia ese escenario, pero todavía estamos demasiado cerca de lo que ha pasado, en una fase de conmoción y turbación. Es momento para la serenidad y para huir de voluntarismos.

-¿Qué garantías añadidas son ésas?

-No es fácil saberlo, pero tendrá que ser algo que aleje definitivamente el fantasma de que ETA va a tutelar el alto el fuego. Eso es inadmisible en democracia.

-Visto lo visto, ¿le queda a ETA alguna credibilidad?

-No en los términos en los que se ha llevado esto hasta ahora. Por eso digo que tendrá que ser algo diferente con garantías añadidas y con vocación de ser definitivo. No sé cómo se mide eso, habrá que valorarlo cuando llegue el momento. Pero, hoy en día, lo del alto el fuego permanente es ya un sarcasmo.

-¿Ve necesaria esa derrota previa, la rendición de la que hablan algunos?

-Es otro ejercicio de lenguaje. La acción policial y el final dialogado del terrorismo son absolutamente compatibles. No son políticas contrapuestas, insisto.

-¿Tardaremos años en recomponer lo que se ha roto?

-No, años no. Esto estructuralmente no puede durar porque la sociedad vasca no puede aguantar esta situación. Como hipótesis, podemos pasar escenarios muy duros y difíciles en el camino. A veces los últimos zarpazos del tigre suelen ser los peores. Ojalá no, pero no podemos engañar a la gente. Hay que decir las cosas como las pensamos y con las incógnitas que tenemos.

-El fallo del Supremo sobre Jarrai, Haika y Segi, ¿complicará las cosas?

-Jurídicamente no es consistente. Mi percepción al respecto puede estar más cerca de lo que dictó la Audiencia Nacional o lo que han defendido dos de los jueces que han dictado el fallo. Pero el 30 de diciembre no existía la sentencia de Jarrai y ETA mató a dos personas. Para poner una bomba de 500 kilos, la banda no necesita sentencias.

-Criticó muy duramente a los sectores judiciales «ultraconservadores» por la citación a declarar del lehendakari. ¿Presupone eso que hay jueces buenos y malos?

-No es eso. Los pilares básicos de un sistema democrático de garantías hay que defenderlos siempre. Que un juez llame a declarar como procesado a la máxima autoridad de Euskadi por una reunión me parece un auténtico despropósito, un ataque a los pilares de la democracia. ¿Cómo se le explica al ciudadano que el Gobierno puede hablar con ETA y el lehendakari no puede hablar con Otegi porque le procesan?

-¿Tiene esperanzas de atraer al PSE a algún tipo de iniciativa de arrope a Ibarretxe?

-Aquí no cabe no alzar la voz. Estamos hablando de convicciones básicas en una democracia, y por eso soy muy crítico con la posición del PSE en este asunto. No vale callarse. El tema se está canalizando a través de los grupos parlamentarios y José Antonio Rubalkaba está en ello.

-¿Le decepcionaría que no estuvieran?

-Soy muy crítico. Ante valores del sistema democrático no caben ambigüedades.

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