Imaz: "La fractura política generada por el PP agranda la capacidad de dañar de ETA"
JOSEBA ARRUTI
La desolación ha cundido entre quienes, desde el ámbito de sus responsabilidades políticas, más habían puesto la carne en el asador para que el proceso de paz llegara a buen puerto. La bomba colocada por ETA en Barajas el 30 de diciembre supone un punto y aparte pero, según Josu Jon Imaz, no es, en ningún caso, el punto final de las nuevas dinámicas establecidas.
PARA QUIEN resida en Donostia, como es el caso del presidente del EBB, Josu Jon Imaz (Zumarraga, 1963), el día de San Sebastián está lleno de costumbres casi litúrgicas que deben guardarse con celo. Sin embargo, la agitada actividad política del líder abertzale le llevó lejos de la capital guipuzcoana durante la jornada del viernes y a un hotel el sábado por la mañana, a conceder esta entrevista.
Se decía que éste era un proceso de paz bien estructurado y sólido. ¿Cómo se puede explicar a la sociedad este nuevo fracaso?
No tiene explicación desde un punto de vista objetivo. En el mundo de la izquierda radical ha existido, en un momento determinado, una voluntad de tutelar el proceso político por parte de ETA, a la que, al parecer, no le satisfacía cómo se estaba desarrollando. También ha habido un cierto miedo a hacer política con normalidad. Esa tensión es la que ha llevado a ETA a romper el proceso.
Desde la izquierda abertzale se menciona la ruptura de la tregua del IRA en 1996 con el atentado de la City en Londres, como si aquél fuera un espejo que permita reactivar el proceso.
No quiero establecer equiparaciones, pero habría que recordar que aquel atentado supuso que el proceso se rompiese y que no se retomase en 17 meses. Además se rompió con el Gobierno de John Major y lo que retomó Tony Blair fue otro proceso. Cuando uno pone 300, 500, 700 kilos, o los que sean, de explosivos en una terminal como la T4, en Navidad, con miles de personas de paso y con una hora para evacuar, estadísticamente lo más improbable es que no se produzcan víctimas. Si ETA pretendía acelerar un proceso de negociación, ha fallado de pleno en su análisis de la situación y de los márgenes negociadores de cada uno.
¿Se esperaba otra reacción por parte de Batasuna?
Uno siempre tiene esperanzas, pero ya hemos visto en demasiadas ocasiones que no alzan la voz tras un asesinato. Me he sentido decepcionado con la izquierda abertzale y con más colectivos. Estoy desengañado porque esperaba más.
¿A qué otros colectivos se refiere cuando dice haberse sentido desengañado tras el atentado?
Por ejemplo, a Ahotsak. Ante el asesinato de dos seres humanos no caben los ejercicios semánticos y de lenguaje. A veces, las ambigüedades calculadas son necesarias en política para tejer complicidades, pero, cuando se ha puesto una bomba y se ha asesinado a dos personas, no sirve una respuesta en términos de ‘‘unos creemos que sí y otros creemos que no’’. Si no es capaz de dar una respuesta clara ante dos asesinatos, ¿para qué vale Ahotsak?
¿Es un colectivo cuya dinámica aparentemente novedosa se ha magnificado?
Todo lo que contribuya a establecer espacios de diálogo es bueno. Yo he visto con buenos ojos esa iniciativa, pero hay momentos en los que uno tiene que pronunciarse. Los propios principios fundacionales de Ahotsak aluden a una defensa profunda de los derechos humanos. Ante la agresión contra el derecho a la vida por parte de cualquiera, hay que responder. Si no se está dispuesto a ello, mal vamos.
Mirando hacia atrás, ¿cree que la propuesta de Anoeta respondió a una convicción profunda o fue una forma de vestir el proceso?
A lo largo de este proceso, y también ahora, he estado convencido de que por parte de muchos sectores y dirigentes del entorno político de la izquierda radical ha habido una voluntad real de acabar con la violencia. El proceso tenía bases y corrientes de fondo sólidas, y no han desaparecido, sino todo lo contrario.
¿A qué bases se refiere?
Me refiero al sinsentido de una organización terrorista como ETA, cada vez con más dificultades operativas. Más importante aún: hablo de la transformación del mundo que ha dado soporte sociológico a ETA, que cada vez rechaza más la violencia. ETA es un anacronismo que está ahí, pero que caerá como el Muro de Berlín. Es muy posible que una tragedia como la del día 30 amplifique esas corrientes de fondo.
¿Cómo se puede avanzar ahora?
Como dice la resolución del Parlamento vasco de este viernes, tenemos que profundizar en la unidad de los partidos y en el diálogo democrático para trabajar juntos e ir construyendo de nuevo condiciones que nos hagan llegar a un punto en el que el final dialogado de la violencia sea posible.
A un año de las elecciones generales no parece que el presidente Zapatero pueda moverse mucho. ¿A qué situación aboca este contexto? ¿A un impasse de año y medio?
No lo sé. Necesitamos más tiempo, más perspectiva, para saber a dónde nos puede llevar todo esto. Hay dos escenarios posibles. Uno consiste en que ETA entre en una espiral diabólica; es decir, que volvamos al año 2000. Hay indicios que indican que ésto puede ocurrir, como el hecho de que se hayan encontrado bombas-lapa. Si eso fuera así nos esperan unos meses duros. Un segundo escenario sería factible si ETA diera pasos serios en el corto y medio plazo y apostara por el fin definitivo de la violencia con garantías añadidas a las del pasado 22 de marzo. Esto llevará tiempo.
¿En qué dirección van a trabajar desde el PNV?
Hay cinco puntos que son básicos para nosotros. Se trata de la condena firme de la violencia y la articulación de los mecanismos policiales que tiene un Estado democrático para hacer frente a la violencia y al terrorismo; de una política clara por parte de todos en apoyo a las víctimas; de la deslegitimación del discurso de apoyo a la violencia separando los contenciosos políticos de la violencia; de la utilización de los fundamentos del Estado de Derecho sin políticas de excepción; y en último lugar, del diálogo democrático entre partidos para abordar de nuevo un final dialogado de la violencia cuando se den las condiciones necesarias.
¿Esas son las bases para que el PNV se sume a un nuevo Pacto Antiterrorista?
Nosotros estamos dispuestos a hablar sobre ello, pero no en base a los principios del 2000 sino tomando en consideración los cinco puntos que acabo de citar.
Parece realmente difícil lograr un acuerdo al que se sume el PP, por una parte, y partidos como el PNV, por otro.
Sobre todo porque el PP está desbocado en esta materia. La fractura social y política que ha generado el PP agranda la capacidad de ETA para hacer daño. Ahora que todos los puentes están rotos, que hay una confrontación política y social brutal, ¿alguien se imagina cuáles serían las consecuencias sociales a nivel de Estado español de uno o dos atentados de ETA?
¿Comparte la sensación de que el esquema del año 2000, cuando parecía que el Gobierno vasco era responsable de los atentados de ETA, se está reproduciendo en 2007 a escala de toda España?
Efectivamente. Y no olvidemos la lección: ETA utilizó aquella fractura social y política del año 2000 para iniciar una campaña brutal que, además de provocar una tragedia humana, buscaba la fractura social. Sería terrible que, a estas alturas, una ETA más débil que nunca desde el punto de vista operativo y con un cuestionamiento más fuerte que nunca en su propio mundo tuviera la mayor capacidad en 25 años de desestabilizar a la sociedad.
Zapatero le llenó de halagos durante el debate del lunes en el Congreso. ¿Eso le perjudica?
Uno ya tiene capacidad para relativizar los halagos y las críticas. Me dejo llevar mucho más por la convicción de que he hecho lo que tenía que hacer. Dicho eso, creo que las palabras de Zapatero eran sinceras y las agradezco. El PNV ha procurado este último año hacer una apuesta sincera por el proceso. Actuamos honestamente en Lizarra y también lo hemos hecho en esta ocasión, con sacrificios.
Sin embargo, desde fuera de su partido, como en el comunicado de ETA, e incluso desde dentro, se agita el fetiche del "PNV de Imaz" como sinónimo de entreguismo al Gobierno.
En este proceso, el PNV ha tenido una actitud marcada por el documento del Euzkadi Buru Batzar de octubre de 2005, aprobado por unanimidad y avalado también por la Asamblea Nacional. Quienes tenemos que interpretar las partituras podemos poner más énfasis en algunas notas, y esto entra dentro de la lógica humana, pero la política del partido ha sido avalada por todos sus órganos y lo del "PNV de Imaz" no es más que un juego diabólico que ETA introduce en su último comunicado.
Hay quien les critica por no haber mantenido un perfil más nítido en términos de partido.
A mí me enorgullece mucho que el PNV pueda ser objeto de determinadas críticas por haber mantenido firmemente y en todo momento sus compromisos éticos y democráticos permanentes. Es lo que ha hecho a lo largo de toda su historia. El PNV de 2006, ése que ETA llama despectivamente el "PNV de Imaz", ha hecho lo que en los años 80 y 90 hacía el PNV de Arzalluz, o el PNV de Ajuriaguerra en 1977 en Txiberta o el PNV de Aguirre, Landaburu e Irujo en 1936.