Iritzia
16Urtarrila
2007
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La sinceridad no merece la pena

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Urtarrila 16 | 2007 |
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Editorial

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Diario de Noticias de Álava


Nadie ha ahorrado epítetos e incriminaciones a ETA por el brutal atentado de Barajas, y en los análisis que se han hecho sobre el traumático final del proceso tampoco se ha librado de la crítica el presidente Rodríguez Zapatero , gestor del proceso por parte del Gobierno español. Es evidente que tras la bomba de ETA tanto la intermediación de Batasuna como el presidente del Gobierno hubieran preferido hacerse invisibles, pero hubo que dar la cara. Ni Otegi ni Zapatero salieron bien parados de aquella primera impresión a bote pronto. Nadie, excepto los suyos, estuvo dispuesto a creer ni apoyar a Otegi. A Zapatero le creyeron y apoyaron todos menos el PP
Comenzó anunciando que el proceso quedaba "suspendido", expresión que debiera haber sido suficiente dada la salvaje interferencia de ETA, pero no tuvo valor para resistir la inexorable presión del PP se vio obligado a admitir que el proceso estaba "roto", único término que admitía la derecha para cerrar ese frente. A partir de esa vacilante travesía hacia terrenos más neutros, Zapatero ha ido haciendo concesiones semánticas para liberarse del azote permanente al que se ha visto sometido por el PP tras el fracaso del proceso, sin que por ello la derecha extrema de la oposición que acaudilla Rajoy haya cedido un milímetro en sus arremetidas. De nada valió cambiar el lema de la manifestación, de nada ha valido reconocer errores y confesar ingenuidades con la mayor sinceridad -virtud, por cierto, poco valorada el política-, de nada vale invocar a la unidad y al consenso frente al terrorismo. El PP sigue y seguirá mordiendo, porque es coherente; y si comenzó valiéndose de la política antiterrorista para captar votos, en ello va a seguir cada vez con más crudeza. Y si Zapatero continúa derrochando talante a base de pretender calmar a la fiera, está equivocado. Zapatero tiene que saber que tender la mano al PP significa que detrás de la mano va a devorarle el brazo y todo lo demás. La política del PP ha llegado a un punto de cinismo, de insensibilidad y de ambición, que obliga al PSOE a situarse en las antípodas. Aún le queda a Zapatero el recurso a ganarse al resto de partidos del arco parlamentario, y que la derecha extrema rampante siga aislándose en su destemplada e intransigente soledad.

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