Moyua: "Las leyes por la igualdad de las mujeres defienden a la mitad de la población que ha estado marginada"
NEKANE LAUZIRIKA. LA BOTELLA se puede ver medio llena o medio vacía y en el caso de Izaskun Moyua, ella prefiere verla siempre medio llena e incluso un poco más. Por sus respuestas queda claro que no confunde realidades con deseos, pero ante las dos posibilidades siempre ve el lado positivo «porque es la única forma de avanzar». Ante el hecho de que el número de mujeres asesinadas ha aumentado y que las denuncias y condenas por maltrato son una losa pesadísima, la directora de Emakunde lo lee en clave de avance. «Cuando esa sumisión era total, los asesinatos y las denuncias de maltratos no salían a flote ni eran denunciados. Por contra, ahora que estamos saliendo de ese túnel de invisibilidad, de falta de respeto, de inferioridad manifiesta, vemos que sí se denuncia, que se protesta y que se pide castigo para los agresores».
¿Las leyes de defensa de la mujer van en contra del hombre?
No. Las leyes a favor de los derechos de las mujeres defienden a la mitad de la humanidad que ha estado marginada. Atienden a la dignidad de las personas, y también están apoyando a los varones, a pesar de que haya acciones positivas para las mujeres. Los hombres no deben ver éstas medidas como algo que va en contra de ellos, sino como actuaciones que van a mejorar las relaciones entre personas.
A pesar de las leyes, las muertes por violencia machista siguen siendo las mismas. ¿En qué se está fallando?
Fallamos al pensar que la violencia contra las mujeres se elimina de un tajo como un árbol seco, de un día para otro porque simplemente existan unas leyes o lo quieran las administraciones. Es ilógico porque estamos hablando de un problema complejo que tiene sus raíces en la cultura, en el modo de pensar, en las formas de relacionarse, de entender la vida, en cómo construimos nuestra propia identidad.
¿Es un momento crítico en ese aspecto?
Sí. Nos encontramos en una situación en la cual las mujeres quieren salir de la violencia a la que han estado sometidas, y son momentos duros porque cuando alguien quiere escaparse de una situación de esclavitud es cuando puede estar más en peligro. Cada vez hay más mujeres que quieren huir del círculo de dominación y probablemente en este momento de la historia haya muchas mujeres que estén soportando más situaciones de violencia precisamente porque quieren dejar de estar sometidas.
El hecho de que se publicite en los medios la violencia machista, ¿es un freno o tal vez incita a ella como algunos argumentan?
No se está peor porque el maltrato se haga visible. Las personas tenemos derecho a conocer y a ser informadas de lo que está ocurriendo. También podríamos pensar entonces que la ignorancia lleva a la felicidad y que cuanto menos conozcas de tu mundo, más feliz podrás ser y menos capacidad de análisis y posibilidades de dolor o sufrimiento en la vida tendrás. Por el contrario, creo que cuanta más información y conocimiento acumulamos, disponemos de mayor capacidad de análisis y más posibilidades de responder a los problemas.
Salvo ser reina, ¿quedan aún resquicios legales que discriminen a la mujer?
En el ordenamiento legal queda el tema de la Corona, que, aunque a veces se frivolice, debe tomarse en serio por la discriminación que supone. El Estado español, aunque con todos los derechos humanos reconocidos en igualdad, tiene esta rémora en la historia: que la mujer todavía no puede ser reina. Pero en el resto, en nuestra legislación existe la plena igualdad ante la ley.
De la legislación a la realidad cotidiana, ¿dónde ve Emakunde la discriminación?
Siempre decimos que la igualdad se ha conseguido a nivel legal pero no a nivel real. Probablemente esto es lo más duro a lo que nos enfrentamos. Muchas personas tienen el pensamiento interiorizado de que ya se han conseguido los derechos y que no existen problemas de discriminación. Y los datos recurrentes siempre son muy sabios y muy claros. Las mujeres siguen soportando los mayores niveles de pobreza. Si no hubiéramos llevado a cabo acciones positivas en política, en el parlamento nos hallaríamos con grandes dificultades para que las mujeres pudieran ocupar lugares de decisión. La desigualdad se ve más en ámbitos privados, por ejemplo, en los Consejos de administración de grandes empresas, donde la presencia de la mujer no alcanza ni el 5%.
¿Las mujeres y los hombres seguimos en sitios distintos?
Realmente, en lo referente a empleo, sabemos que las mujeres estamos en el sector servicios, en los trabajos y plazas donde menos se está cobrando. Se calcula que percibimos un salario un 30% inferior al de los hombres. No quiere decir que a igual trabajo menos sueldo, sino que los lugares donde las mujeres están empleadas son donde menos se cobra. Estamos viendo las discriminación en las opciones de estudios y carreras que luego significa opciones de trabajo. La desigualdad está también en las opciones de vida, ya que las mujeres seguimos estando fundamentalmente cuidando de las personas dependientes con lo que significa de perjuicio para otras profesiones. Hombres y mujeres estamos en sitios diferentes. No pasaría nada si no fuera porque los lugares donde suelen estar la mayoría de las mujeres son los menos reconocidos social y económicamente. Todavía nuestro nivel real de igualdad está lejos de nuestra igualdad legal.
La situación de la mujer en la empresa no es halagüeña ¿Qué se puede hacer desde los poderes públicos?
Mucho. Las administraciones públicas deben jugar un papel ejemplarizante y mostrar como se pueden hacer las cosas de la mejor manera posible. Creo que el Gobierno vasco ha puesto medidas en marcha para poder conciliar las tareas domésticas y el trabajo fuera del hogar, atender a las personas dependientes con flexibilidades de jornadas. Se van tomando algunas medidas que van muy por delante de las adoptadas por la mayoría de las empresas. Además del papel ejemplarizante, también tienen la obligación de fomentar planes de igualdad en el ámbito empresarial. Emakunde lleva tiempo trabajando en este terreno.
Existen quienes -también mujeres- ven discriminatorio para los hombres las acciones a favor de la mujer.
No hay que adoptar medidas porque sí, sino para que sean efectivas. Una actuación efectiva será una medida positiva. Las acciones positivas (cuotas, etc.) existen de una manera temporal. Es duro que digan que las mujeres que tienen que llegar sean las más capacitadas cuando quienes han llegado no han sido sido las mujeres. ¿Quiere decir que no han estado capacitadas para estar en esos lugares? No. Lo que ocurre es que las mujeres tienen problemas para estar; cuentan con cargas que los hombres no han tenido nunca. De ahí las medidas positivas para ellas, medidas temporales mientras existe la desigualdad.
En el Parlamento vasco nadie se ha rasgado las vestiduras por las cuotas...
Se ha vivido con normalidad. Aunque siempre habrá quien salga a la contra. La acción positiva está absolutamente consensuada en instancias internacionales por todos los organismos y entidades que se ocupan de los derechos de las personas, y mientras exista una situación de desigualdad entre hombres y mujeres estaremos a favor de las cuotas, una manera de garantizar la presencia de las mujeres. Por otro lado, el mismo derecho que tienen los hombres mediocres a estar en los lugares de decisión la tienen también las mujeres mediocres. Lo que estamos posibilitando con las medidas es justicia en la presencia de mujeres y hombres. Otra cosa es que una vez conseguida la paridad, las políticas que tengan que hacer tanto hombres y mujeres sean políticas que vayan dirigidas tanto a unos como a otras. Con las cuotas se garantizan de entrada una presencia justa, porque somos la mitad de la población, por lo tanto deberá estar representada en todos los lugares.
La ley de Violencia de Género, ¿Está calando? ¿O a medio plazo necesitará cambios?
Sólo han pasado dos años desde que la ley viera la luz. No es justo ni realista exigir que la respuesta sea inmediata; que veamos que la violencia machista desa-parezca en el plazo de un año. Sabemos que la violencia es el punto visible del iceberg de la discriminación y la desigualdad. Hasta que no desaparezca la desi-gualdad, no dejará de existir la violencia contra las mujeres. En los últimos seis o siete años las administraciones se han puesto las pilas para aportar recursos. Hay que evaluar lo que hacen para saber si nos equivocamos. Pero debemos tener tranquilidad, porque es un tema que lleva muchos años enconado, que ni siquiera se conocía y ni siquiera estaba en el ámbito público. Era algo que soportaban las mujeres y las familias en el hogar y que en este momento ya no es así; entre todos y todas lo hemos conseguido sacar a la calle, hacerlo público en la plaza. Es un paso importante al que hay que dar una respuesta. A pesar de todo, hay muchas personas en la sociedad que permiten que haya esta violencia o que exista desi-gualdad, que es el inicio de lo que será luego la violencia de género.
En el camino de la igualdad, ¿el equilibrio es lo deseable?
Lo justo es que las personas pudieran decidir sus opciones de vida quitándose la mayoría de los lastres que a nivel cultural nos van colocando a lo largo de nuestra historia. Es difícil porque un niño o niña que tiene que elegir lo que quiere hacer en la vida está muy condicionado por lo que ha visto o ve, en las familias, escuelas, en la televisión y lo está en función de los este-reotipos de género. Los hombres siguen decidiéndose por las ciencias, que por cierto, son los estudios con mejor salida laboral. Es curioso que en las universidades las jóvenes tengan los mejores resultados académicos y sean las que eligen los empleos peor remunerados en la sociedad. Es algo absolutamente extraño si no fuera porque se entiende bien por los mandatos de género que existen para hombres o mujeres. Lo ideal sería que chicos y chicas se pudieran formar sin esos corsés que les marcan -educación, sanidad, administración de justicia para ellas; arquitectura, ingenierías para ellos- adonde tienen que dirigirse y que pudieran encaminarse sólo en función de sus intereses y capacidades y no de los estereotipos sociales.