Baztarrika: "El euskera no necesita salvadores, sino hablantes"
Cuentan que una tarde en la que Ortega y Gasset compartía tertulia con un compañero en el Retiro de Madrid, pasaron de largo, sin reparar en ellos, dos chicas jóvenes. «Don José, ni nos han mirado», le espetó el amigo a Ortega y Gasset. A lo que éste contestó: «No, ni nos ven». La anécdota le sirve al viceconsejero de Política Lingüística, Patxi Baztarrika (Ataun, 1958), para ilustrar la postura de una parte del mundo erdaldun en relación al mundo del euskera. «Viven como si no existiera. Que una parte de la sociedad esté de espaldas a otra es un déficit grave que afecta a la convivencia», sostiene.
Es precisamente ese déficit que menciona el que ha motivado la última campaña que ha impulsado su Consejería.
La campaña se puede resumir en una idea: el virus Ukan favorece la convivencia e inmuniza contra la intransigencia. Lo que queremos afirmar y reivindicar es el valor de la diversidad lingüística. En nuestra sociedad, trabajar por el bilingüismo significa, necesariamente, trabajar por la normalización del euskera, porque es éste el que está, en el plano social, en una situación de inferioridad respecto al castellano. El mundo erdaldun debe ser consciente de que aquí el que tiene dificultades para vivir en la lengua de su elección es el vascohablante; es ridículo pensar que hay dificultades para vivir en castellano y resulta hasta hiriente escuchar que está discriminado.
¿Le sigue preocupando el distanciamiento entre castellanohablantes y vascohablantes?
Sí, mucho. Es necesario tender puentes para que los mundos del erdera conozcan lo que se crea en los mundos del euskera, que es mucho y muy enriquecedor. Y se lo están perdiendo; ignoran algo que forma parte de su propia sociedad.
¿Quién debe cruzar ese puente?
El que más esfuerzo de aproximación tiene que hacer es, desde luego, el mundo erdaldun, porque el euskaldun ya conoce lo que en esta sociedad se crea, se expresa y se produce en castellano. Creo que tenemos que hacer llegar con todo el respeto, con toda la prudencia necesaria, al mundo erdaldun que sería positivo para todos, también para ellos, un movimiento de incorporación del euskera, no como algo simbólico, sino como un elemento real de sus vidas.
¿Se ha impuesto usted un plazo para conseguir equiparar socialmente ambas lenguas?
Los cambios requieren su tiempo. Para llegar a una situación real en la que efectivamente nadie tenga dificultades para vivir en la lengua de su elección va a hacer falta tiempo, años. Es un camino que tiene que hacerse sin excesos, pero que es imposible que esté exento de incomodidades.
¿Se refiere a que alguien tiene que perder algo?
Con la extensión social del euskera no pierde nadie, porque en la medida que seamos una sociedad bilingüe todos vamos a poder elegir. El monolingüe no tiene elección, el bilingüe sí. El monolingüe limita, cercena, el derecho de elección lingüística de la persona bilingüe. Por eso, el bilingüismo aporta más a la convivencia del conjunto de la sociedad que el monolingüismo.
¿Cree que la Ley del Euskera es un freno para cumplir ese objetivo que se ha marcado?
El problema del euskera no es el marco legal como algunos dicen. El problema, en todo caso, sería que no somos capaces de cumplir las especificaciones de la normativa ni de desarrollar todas las potencialidades que ésta contempla.
Pero hay quien reclama un marco totalmente renovado.
Creo que no hay motivos para hacer discursos angustiosos en torno al euskera. Hace veinte años una de cada cinco personas sabía euskera y hoy ya es una de cada tres. Podemos decir que tenemos 200.000 personas más que conocen el euskera. El cambio viene avalado por los datos y no alcanzo a entender por qué tenemos que cerrar los ojos ante lo que se ha logrado en lugar de valorarlo y reconocerlo.
Hace ahora un año, cuando se hizo cargo de la Viceconsejería de Política Lingüística, hablaba usted de la necesidad de renovar el consenso sobre el euskera al que se llegó en 1982. ¿Ha avanzado en ello?
El consenso social, político y cultural es el oxígeno necesario que tiene el euskera para que su recuperación sea un factor que contribuya a la mejora de la convivencia en Euskadi. Es cierto que durante todos estos años no hemos conseguido renovar ese consenso alcanzado en 1982, pero este año ha habido dos hitos muy importantes que nos permiten decir que un paso ya hemos dado en su ampliación: por un lado, el acuerdo de los cuatro sindicatos más representativos del país para impulsar la normalización del uso del euskera en el ámbito laboral y, por otro, el convenio suscrito con las principales asociaciones patronales.
¿Y en el marco político?
No ha habido hitos de la naturaleza de los dos anteriores, pero tampoco hemos retrocedido y estamos a las puertas de impulsar un debate social amplio en el que queremos que participen todos los sectores de la sociedad para reflexionar y compartir perspectivas de futuro en relación al proceso de normalización del euskera en el que estamos inmersos.
¿Cree que no hay motivos para mirar con pesimismo al futuro?
No, porque la sociedad vasca ha demostrado que tiene resortes y capacidad suficiente para ir recuperando el euskera con normalidad a la vida social. Creo que quien incurre en los discursos agonizantes demuestra poca confianza en la sociedad vasca o utiliza el euskera con otros fines. En la CAV es incontestable que se está avanzando de forma importante.
Rezuma usted optimismo.
Haríamos muy mal si la constatación de los enormes avances que se están produciendo la utilizáramos para caer en la autocomplacencia. Ninguna lengua tiene garantizada por sí misma su futuro.
El conocimiento del euskera avanza. ¿Por qué su uso continúa estancado?
Es imposible que el uso se incremente al mismo nivel que el conocimiento. Por eso mismo tampoco caben discursos agonizantes en ese sentido. El euskera no está falto de palabras de cariño en la sociedad vasca, pero no necesita salvadores, precisa hablantes.
¿Contempla la Viceconsejería alguna iniciativa concreta para impulsar el euskera durante 2007?
Queremos consolidar y profundizar en los acuerdos alcanzados este año con el mundo laboral. En la Administración, hemos puesto en marcha planes del uso del euskera para que ésta no sólo sea lengua de servicio sino también de trabajo. Esos planes van a tener su desarrollo en 2007 y para 2008 hay que elaborar el nuevo Plan del Uso del Euskera en las Administraciones Públicas, por lo que tenemos que hacer una valoración de los últimos cinco años para detectar las dificultades y sentar las bases del nuevo proyecto.
¿Y Elebide?
Se va a afianzar durante el próximo año y, de hecho, ha tenido una acogida sorprendentemente satisfactoria. Creo que los que critican esta iniciativa deberían valorar el hecho de que una administración, que reconoce que tiene dificultades para hacer cumplir la ley en materia lingüística, esté dispuesta a mirarse en el espejo y hacer frente al problema.