Elkarrizketak
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2006
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Juan Jose Ibarretxe (Deia)

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Azaroa 19 | 2006 |
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Ibarretxe: "El momento actual exige la derogación de la Ley de Partidos y el cese de la kale borroka"
A PESAR de las crecientes dificultades del proceso de pacificación y normalización en Euskadi, el lehendakari, Juan José Ibarretxe (Laudio, 1957), mantiene intacta su voluntad de liderar «el movimiento de la esperanza» en el seno de la sociedad vasca, no sólo por obligación sino, ante todo, por convicción. «No hay marcha atrás», asegura.

La sociedad se pregunta cada vez más si el proceso corre un riesgo cierto de ruptura. ¿Podemos llegar a ese punto?

Afortunadamente, tenemos una sociedad tremendamente sensata, que hace un diagnóstico acertado cuando se manifiesta preocupada pero esperanzada. No observa aún señales suficientes para confirmar un estado de ánimo en términos de optimismo, pero confía en que este proceso no tiene retorno y en que del mismo van a derivar acuerdos entre los partidos que la propia sociedad va a poder confirmar mediante una consulta.

Sin embargo, el pesimismo es cada vez más acentuado...

Pero, ¿quién pensaba que no íbamos a tener problemas? Ya dijimos que éste no es un proceso lineal, advertimos de que tiene altibajos. La madurez de los agentes que intervenimos en el proceso no solamente se mide por la capacidad para poner en marcha los acuerdos, sino, fundamentalmente, por tener capacidad para superar las crisis. Por lo tanto, la clave radica en cómo superar los problemas.

Y, ¿cómo se superan?

Avanzando. Pero no se avanza recuperando técnicas violentas de un pasado destructivo, y tampoco con la aplicación de leyes que obedecen al pasado. Ése no es el camino.

¿Hay parálisis?

Tenemos que tener mucho cuidado cuando hablamos de parálisis. Una cosa es que haya problemas y otra que el proceso esté paralizado. Asumo que tenemos problemas que hemos de superar, pero no hay que parar. Siempre cito la metáfora de la bicicleta, porque se asemeja como una gota de agua a la dinámica del proceso: se puede ir más rápido o más despacio pero no se puede dejar de dar pedales, porque, de lo contrario, uno se cae.

¿Está blindado el proceso ante una crisis como la actual?

Las declaraciones de las últimas semanas son tremendas, pero no hemos de olvidar que llevamos tres años y medio sin atentados mortales. A alguien le puede parecer un valor escaso. A mí no me lo parece. Llevamos ocho meses de alto el fuego permanente. Puede parecer poco. Para mí no lo es. Y hoy tenemos una disposición política y una determinación clara de todos los agentes, con excepción del PP, para que de este proceso salga la paz y haya acuerdos políticos. A mi todo eso me transmite esperanza.

¿Es una esperanza voluntarista o con contenidos?

Estoy convencido de que mi papel como lehendakari pasa por liderar la esperanza, por encabezar el movimiento de la esperanza en la sociedad vasca. La clave de bóveda de mi esperanza es la sociedad vasca. Ése es el punto de partida del programa de participación ciudadana que estamos impulsando a través de los ayuntamientos. No contemplo la posibilidad de una vuelta atrás. No participo del temor que a veces se manifiesta, y por eso estoy dispuesto a arriesgar y a afrontar la solución de las crisis cada vez que éstas se presentan.

¿Es real la percepción de que el carril político avanza y son las resoluciones judiciales las que vician el proceso?

Hay que tener en cuenta que las bases jurídicas actuales siguen siendo las mismas que en su momento aprobó el PP con el silencio cómplice y, a veces, incluso con la compañía y el liderazgo del PSOE. En esa época se desa-rrolló una legislación que, clarísimamente, recorta las libertades; y todo esto no ha sido reformado aún. Estamos ante las resoluciones de una parte de la judicatura, no de toda ella, que recogen una inspiración política, pero también es verdad que existe una legalidad que no sirve para construir el futuro.

¿Habla de la Ley de Partidos?

Sí, porque no sirve para afrontar el futuro. Es necesario hacer una reflexión que lleve a una reforma de la misma. Yo abogo por la derogación de la Ley de Partidos, pero al menos hay que reformarla para permitir que Batasuna sea una formación legal como las demás, para que todos podamos hacer política en términos de igualdad y para que, en ningún caso, el hecho de que hablemos con unos o con otros sea considerado delito. Esto es una barbaridad.

¿Entiende el papel contradictorio que está jugando la Fiscalía?

Su posición está siendo un tanto errática. No sabemos si es como consecuencia de las presiones políticas del PP o de las discrepancias que existen en el seno del PSOE. En cualquier caso, se observan contradicciones y eso genera preocupación.

¿Qué pasos de carácter inmediato pueden ayudar a desbloquear el proceso?

El momento actual exige que la Ley de Partidos sea derogada, o al menos reformada, y que cese completamente y para siempre la kale borroka. Hay que dar cobertura legal al diálogo con Batasuna. La Ley de Partidos y la kale borroka son los dos grandes inconvenientes para el proceso de paz, y deben desaparecer. Hacen mucho daño.

Zapatero ha reiterado que no va a tocar la Ley de Partidos...

Ésa es su posición, pero nosotros decimos que la Ley de Partidos es clarísimamente contraria al proceso de paz que tratamos de construir entre todos. Zapatero sabe que si queremos un proceso que no sufra intromisiones basadas en la interpretación de esa norma, la Ley de Partidos debe ser modificada.

¿Por qué cree que el presidente se resiste a dar pasos en esa dirección?

La explicación de por qué Zapatero se expresa en esos términos hay que buscarla en España, no en Euskadi. Se debe a la presión política que el PP ejerce sobre el PSOE. Pero en algún momento determinado Zapatero va a tener que hacer gala de valentía política, a pesar de la crítica que el PP le va a seguir haciendo.
¿Observa una cierta inacción del Gobierno español?

Honestamente, yo no creo que el Gobierno español quiera poner obstáculos al proceso de paz pero es evidente que algunas de las iniciativas que auspicia no permiten avanzar en la buena dirección. Es el caso de la Ley de Partidos, pero también, por ejemplo, el de que la fiscalía haya impulsado en el Supremo una reconsideración de la decisión que en su día adoptó la Audiencia Nacional sobre Segi. Todo eso no apunta en la dirección de querer solventar los problemas.

Tampoco Batasuna parece capaz de superar sus inercias...

Por eso he preguntado a Batasuna si considera que la kale borroka ayuda a desbloquear el proceso, sin entrar en la cuestión de en qué medida está organizada, impulsada o consentida por ellos. Cada vez que el proceso de paz tenga problemas, han de ser solventados con iniciativa política y mirando hacia delante, no hacia atrás.

La kale borroka ha reaparecido con fuerza cuando se acaban de cumplir dos años del pronunciamiento de Anoeta. ¿Qué queda de aquel compromiso?

La decisión que adoptó Batasuna de sacar el conflicto de las calles para llevarlo a una mesa es un planteamiento hecho desde la buena voluntad. No tengo dudas acerca de que una mayoría de Batasuna piensa de esa manera. Es un planteamiento absolutamente sincero.

Pero no parece suficiente...

Lo que ocurre es que la cultura política no cambia de la noche a la mañana. Aún así, deben tener muy claro que la kale borroka no juega ningún papel en un proceso de este tipo, ya que sólo genera tensiones y frustraciones y traslada a la ciudadanía la duda de si se está volviendo a las andadas. Los dirigentes de Batasuna tienen que ser conscientes de todo esto.

¿Qué les pide?

Que vean con claridad que tenemos que transitar de una cultura política del enfrentamiento, en el que hemos vivido en las trincheras, a una cultura política del entendimiento. Esto no se consigue manteniéndose en las trincheras y aferrándose a los instrumentos del pasado. No se hace con violencia, ni con leyes que recortan las libertades, ni con una interpretación de la política penitenciaria que no tiene en cuenta los derechos humanos.

Estamos a finales de noviembre. ¿Sigue pensando que Batasuna o su sucesora estará en las elecciones de mayo?

Sí, no tengo ninguna duda. Más allá de la valoración política que me merece la posibilidad de que Batasuna pudiera no estar en las elecciones, su ausencia nos trasladaría el síntoma de una enfermedad de fondo.

LA MESA de partidos políticos aparece cada vez con más claridad como el instrumento básico capaz de insuflar nuevos bríos al renqueante proceso de paz y normalización. El diálogo entre las formaciones se mantiene y debe empezar a dar sus frutos en breve plazo.

¿En qué punto se encuentran las conversaciones de los partidos?

Estamos trabajando los unos con los otros de una manera honesta y leal. Sé que hasta ahora no hemos podido trasladar frutos de ese trabajo, entre otras cosas porque los resultados de un trabajo callado y discreto aparecen una vez que el trabajo previo se ha desarrollado. La sociedad vasca debe saber que estamos trabajando, que nos estamos empleando con mucha energía para dar pasos y para ir trasladando los frutos que poco a poco vayan madurando la esperanza.

¿Hay bases para un preacuerdo?

Responder a esta pregunta supone entrar en detalles que no deseo dar a conocer. Quiero mantener la necesaria discreción. En el contexto actual, tan importante como saber lo que se puede decir es tener claro lo que no se debe decir. Sé que la sociedad vasca entiende la necesidad de la discreción, pero también necesitamos una alianza estratégica con los medios de comunicación en ese sentido.

En la creciente espiral de desconfianza entre quienes al principio parecían dispuestos a monopolizar el proceso, cobra fuerza el papel del lehendakari y del PNV. ¿Se ha modificado el guión inicial?

Siempre hemos dejado claro que no vamos a disputar nunca los protagonismos. Cada cual tiene su papel en este proceso y nosotros siempre vamos a ser un agente activo para la consecución de la paz y de los compromisos políticos. Vamos a aportar todo lo que tenemos en nuestras manos para que eso sea posible, sin contrapartidas y sin ahorrar esfuerzos.

¿Las dudas derivadas de la cada vez mayor desconfianza socialista hacia Batasuna hacen más débil al Gobierno español frente a la estrategia del PP?

Se trata de dos planos distintos, aunque aparezcan a la vez ante la sociedad. En la medida en que el PSOE traslada elementos de desconfianza hacia el mundo de Batasuna, el PP atiza más el fuego. Pero, con todo, a veces a mi me preocupan menos las críticas burdas y desaforadas del PP que las declaraciones de socialistas como Bono o Ibarra. Lo que me preocupa realmente es que en el seno del PSOE haya miembros muy significados con esas posiciones.

¿Teme un cambio de rumbo en el PSOE?

Desde luego, al PP le conocemos todos y está realizando una política coherente. Podrá gustar o no, pero son claros en sus planteamientos y, sin duda, en el seno del PSOE hacen más mella las declaraciones de Bono o de Rodríguez Ibarra que las de Aznar o Acebes. Es lo que me preocupa.

El TSJPV le ha encausado por su compromiso favorable a dialogar con todas las partes. ¿Es un intento de neutralizar al lehendakari?

Que se acuse al presidente de un país por hablar para intentar lograr la paz sólo puede entenderse como un paso con impulso político. Es un disparate y no tiene ninguna lectura en clave jurídica. En cualquier caso, yo soy el menos indicado para hablar de esta cuestión. Mi esperanza en relación al proceso de paz pasa por la reacción de la sociedad, y lo mismo puedo decir en torno a esta cuestión.

¿Cómo reaccionó al enterarse?

Al principio con una cierta incredulidad. «¡Qué hacen éstos!», pensé en un primer momento. Esa incredulidad ha dado paso no a la preocupación, sino a una sensación de cierto cabreo. Me pregunto cómo se puede acusar penalmente al lehendakari por hablar con Batasuna para tratar de buscar soluciones. ¿Pero no es eso lo que deseamos todos? Frente a lo ocurrido, me quedo con la reacción de mucha gente que me ha hecho llegar su solidaridad y su apoyo.

¿En qué medida puede distorsionar el desarrollo del proceso la situación de De Juana Chaos?

Es otro elemento más, al margen de que De Juana haya sido un hombre sentenciado y condenado por terribles delitos. Más allá de eso, la Justicia debe actuar siempre con proporcionalidad y, en el caso concreto que nos ocupa, haciendo abstracción de quién es la persona, no sé en España, pero, desde luego, en la sociedad vasca existe un sentimiento generalizado de que hay una desproporción absoluta entre la sentencia y el hecho de haber escrito dos artículos.

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