El referéndum de autodeterminación celebrado en Montenegro, avalado por la Unión Europea, y la probable independencia de Kosovo, en un proceso dirigido por la ONU, han suscitado la convocatoria de consultas populares en el este europeo.
En septiembre, la región de Transnistria (700.000 hab.), unida a Moldavia desde la II posguerra mundial y separada de ésta desde 1990, celebró un referéndum, no reconocido internacionalmente, que arrojó un resultado favorable a la independencia. Es una especie de Kaliningrado, incrustada entre dos Estados, Ucrania y Moldavia, sin frontera con Rusia. Transnistria, de mayoría pro-rusa, se alejó de Moldavia ante la creencia de que, tras la caída del imperio soviético, ésta se reunificaría con sus hermanos rumanos.
A diferencia de sus ex compatriotas de Moldavia -que sueñan con la entrada en la UE y han incorporado la grafía latina a su lengua-, en Transnistria -que aspiran a formar parte del "nuevo imperio ruso"-, se habla ruso y moldavo, idioma éste muy similar al rumano, pero preservando los caracteres cirílicos de la época soviética.
En octubre, se celebró en Serbia un referéndum para aprobar la Constitución que proclamaba a Kosovo como "parte inalienable de la nación serbia". Fue un intento desesperado, por la fraudulenta utilización de una población empujada a las urnas, para frenar e influenciar en las negociaciones que conducen inevitablemente a la independencia de Kosovo, que jurídicamente tiene status de provincia serbia.
En este caso, a diferencia de Montenegro, serían las Naciones Unidas las que garantizarían la autodeterminación de Kosovo, vulnerando la Constitución serbia, en virtud del propio derecho de autodeterminación de los pueblos dimanado de la doctrina de las Naciones Unidas.
En el caso de la emancipación nacional de Kosovo (2 millones de habitantes), dolorosa y humillante para los serbios por ser considerada el origen y corazón de Serbia, la mayoría albanesa deberá esmerarse de víctima a opresor, siendo escrupulosa con los derechos del 10% de serbios que habitan en su territorio.
Rusia, tradicional aliado de Serbia, proclama que si la independencia de Kosovo es reconocida apoyará los procesos de autodeterminación de Abjazia y el sur de Osetia, de facto separados de Georgia, pero no registrados en el ámbito internacional.
El pasado mes de octubre Abjazia reclamó al Parlamento ruso que legitime la independencia de este territorio, que ya 7 años antes se había pronunciado en consulta popular a favor de la secesión. Abjazia (250.000 habitantes) es un territorio que en 1931 las autoridades soviéticas incorporaron a Georgia y posteriormente los mismos dirigentes, sobre todo en la era de los georgianos Stalin y Beria, promovieron la "georgización" de la región hasta el punto en que ya en 1991, año de la independencia de Georgia, los georgianos doblaban en número a los abjasos.
Dos años más tarde, en 1993, los abjasos apoyados por las tropas rusas expulsaron a todos los georgianos. Georgianos que todavía viven en condiciones miserables, en hoteles inmundos de la capital, Tbilisi, y sus alrededores.
Abjazia tendrá que conciliar su derecho a la autodeterminación con la reparación de la limpieza étnica realizada, repatriando a los georgianos que conservan todas sus propiedades en su territorio.
Este pasado domingo pasado 12 de noviembre, Osetia del Sur (70.000 habitantes de los que apenas un tercio son georgianos) participó en un referéndum, no reconocido internacionalmente, que se inclinó hacia la opción independentista. Los osetios provienen de tribus asiáticas y hablan una lengua remota, relacionada con el farsi, idioma persa hablado en Irán, y aspiran a la reunificación con sus hermanos de la república del norte de Osetia.
El ministro ruso de Asuntos Exteriores de Rusia, ante las protestas de Georgia por la celebración de la consulta, señaló que «el derecho de autodeterminación está incluido en la ley internacional y es mediante la expresión de la voluntad popular que se ejerce este derecho». Añadiendo, cínicamente, «como nosotros respetamos el referéndum en Chechenia». Se refiere a una consulta fraudulenta, conducida por los rusos, en 1993, sin observadores exteriores.
Los procesos de autodeterminación de Abjazia y Osetia del Sur que persiguen la protección de Rusia hay que enmarcarlos en las tensas relaciones entre Georgia y Rusia, y que esta última instrumentaliza para debilitar a Georgia.
Después de tantas décadas de admiración hacia estos caucásicos, la arrogancia rusa no soporta la afrenta que les supone el abrazo de Georgia al área euro-atlántica.
Del análisis de estos diferentes y complejos procesos se extraen tendencias que se consolidarán en el futuro:
1.- Ya no es presentable el uso de la fuerza para reprimir el ejercicio de libre determinación.
2.- En esta nueva configuración mundial de grandes entidades supranacionales la aplicación de la democracia a niveles superpuestos, así como el respeto a las minorías, se revelan como concepciones que destacan ante el principio de integridad territorial.
3.- Actualmente no se requiere ni moneda, ni ejército propio como tampoco aduanas para las naciones pequeñas conscientes de su personalidad, por lo que se favorece la emergencia de éstas como sujetos activos en las nuevas estructuras supranacionales.
4.- En definitiva, la expansión de la democracia en el mundo actual está vinculada a la multiplicación de pequeñas naciones políticas favorecidas por las redes transnacionales de tamaño imperial.